Al menos diez personas habrían sido asesinadas en El Gallinato

abril 7 /2015

Dos testigos afirmaron el martes 7 de abril que en 1976 vieron los restos de al menos diez personas en el Abra El Gallinato, sobre la ruta provincial 11, que comunica a la localidad de La Caldera con la ciudad de General Güemes.

Humberto Alancay y el ex senador provincial y actual precandidato a intendente de Vaqueros, Juan Moreira, participaron de un reconocimiento judicial encabezado por el juez Federico Díaz en El Gallinato, en el marco del séptimo juicio por delitos de lesa humanidad que se lleva a cabo en esta ciudad.

Los dos, igual que el médico policial Julio Benito Acosta, debían ubicar el lugar donde en 1976 encontraron los restos del ex policía Carlos César “Topogigio” Martínez, pero, además, ambos prepararon sendos croquis en los que se muestran diez puntos donde vieron restos de otras tantas personas asesinadas por integrantes de grupos de tareas.

El croquis ubica los hallazgos entre los Kilómetros 2 y 3 de la ruta provincial 11. En el Km 3 hay una cruz grande de madera con la inscripción “Salva tu alma”, unos 20 metros más adelante, bajando al cauce de un pequeño arroyo que no se ve desde la ruta, en septiembre de 1976 se encontraron los restos de una mujer y un hombre, que se supone que eran de Gemma Fernández Arcieri y de su marido, Héctor Gamboa.

Nueve puntos señalan restos de personas sometidas a explosiones, en estos casos la ubicación es a unos metros de la ruta; uno señala el cuerpo de una chica muy joven, que vieron al costado del camino. La ruta 11 es un camino consolidado serpenteante; yendo desde La Caldera, la mano izquierda da una bajada que termina en un arroyo, cruzado por vertientes de agua; los árboles no permiten que desde la ruta se vea el fondo del arroyito.

En 1976 Alancay tenía 16 años y junto a su familia vivía en la finca de Apaza, a un kilómetro del lugar de los hallazgos. En el silencio del lugar, cercado por los cerros, las explosiones a deshoras retumbaban en el vallecito: “Hacían temblar las chapas”, recordó el testigo. Su madre les decía que “eran del Ejército” y que estaban atacando a “extremistas”. “Los fines de semana a veces le metían dos, tres (explosiones) y después paraban”, contó.

Al otro día, a eso de las 9, se acercaba a caballo, con los perros, que enseguida daban con los restos desperdigados por las explosiones. Así fue que en marzo de 1976 vio lo que quedaba del ex policía, secuestrado el 18 de marzo.

“De Martínez me acuerdo que lo tiraron abajo, ahí”, empezó, señalando hacia un campo, cruzando el arroyito. “Me acuerdo clarito. Estaba amordazado con un trapo. Tenía lastimada toda la cara y tenía un trapo en la boca”, describió sin advertir la conmoción que sus palabras provocaron en la viuda del ex policía, Susana del Carmen Durán.

Es que la explosión había dejado a salvo la cabeza y los policías de La Caldera lo reconocieron: Alancay dijo que escuchó que decían que era policía y que era Carlos Martínez. Luego Moreira añadió que la mordaza era verde. Moreira vivía en el Kilómetro 8 y todos los días bajaba a La Calderilla, donde trabajaba. Es así como vio los restos que ahora recuerda.

El martes 7 de abril también se realizó una inspección en la casa de la familia Gómez Colqui, donde en septiembre de 1976 fueron secuestrados Lidia Gómez y su hijo Alfredo Colqui.

También se iba a realizar una inspección en el área de Caballería del Ejército pero se pospuso debido a la ausencia por enfermedad del testigo Mario Amelunge Vargas.

  • Informe: Elena Corvalán