Murió Cati Leonard una luchadora por los derechos humanos

abril 17 /2012

La docente, militante de derechos humanos y gremialista Carmen Magdalena Leonard de Alarcón falleció el lunes 16 de abril por la mañana en España, donde residía desde 2000.

“Cati” Alarcón, como la conocían en el ámbito de la docencia, se vió forzada a actuar en la actividad pública en la década del 70. Primero luchando por la liberación de sus hermanas, Nora y Celia, luego –junto a Nora- en el reclamo por el esclarecimiento de la Masacre en Palomitas, donde fue asesinada Celia y finalmente como docente se enfrentó a los descuentos de haberes dispuestos por el gobierno de Roberto Romero, ya sobre el final de su mandato, en 1987.

Ese año inició la primera huelga de hambre docente en Salta en rechazo al descuento en los haberes decidido por Roberto Romero. “Siempre luchó por los derechos gremiales”, la recordó ayer su hermana, Nora Leonard, también docente.

Nora, que estuvo tres años detenida por razones políticas, destaca la acción de “Cati” durante esos años: “Fue mi abogada defensora sin título”, grafica. “Ella era la persona fuerte que hablaba con los militares, una vez lo entrevistó a (Albano) Harguindeguy. Fue con un papel a las 8 de la mañana para pedir mi libertad. Le reciben el papel en la mano y por ese hecho echaron a la custodia de (Roberto) Ulloa”, recordó.

“Cati” Alarcón se hizo cargo también de la crianza de Marcelita, la beba de cuatro meses y medio que dejó Celia Leonard el 6 de julio de 1976, cuando fue asesinada junto a su marido, Benjamín Avila, por un grupo de tareas integrado por militares y policías. La noche en que Celia fue sacada del penal de Villa Las Rosas alcanzó a dejarla con su hermana también detenida, Nora. “Cati” la retiró luego y ya nunca se separó de ella. Marcela la acompañó hasta el fin de sus días en España, a la edad de 65 años.

Su residencia en España no le impidió a “Cati” seguir insistiendo en el esclarecimiento del crimen de su hermana. Testificó en la causa Palomitas: allí contó que se enteró de la muerte de su hermana y su cuñado por militares que fueron a la escuela en la que trabajaba a informarle y decirle que debía buscar a su sobrina. Relató también las penosas gestiones que debieron realizar ante los funcionarios de facto para que, luego de varios días, les entregaran los cuerpos de sus familiares en el Cementerio San Antonio de Padua, a cajón cerrado. El entonces teniente Isidro de la Vega les prohibió expresamente que hicieran manifestaciones de dolor y durante la inhumación estuvieron rodeados de militares que les apuntaban con sus armas.

“Cati” estuvo en Salta también cuando fue llamado a indagatoria quien fuera jefe del Ejército en la provincia, Carlos Alberto Mulhall. Tuvo oportunidad de confrontarlo: “Hasta el último día de mi vida voy a insistir para que pagués todo el daño que nos hiciste, asesino, cobarde”, le recriminó.

Nora Leonard informó que los restos de “Cati” serán cremados en España y que sus hijos traerán sus cenizas a Salta.