Cuando Francisco de Narváez compró en remate la biblioteca personal de Perón, su archivo fotográfico y su último uniforme de gala, desnudó una realidad evidente: la herencia del caudillo fue a parar a manos del mejor postor, lo mismo que venía ocurriendo desde hacía unos años con sus ideas.
Creer que Kirchner, Urtubey, Capitanich, Scioli, Gioja son peronistas, es casi tan ingenuo como creer que Fidel es comunista.