24 de Marzo de la desverguenza y la hipocresía

Daniel Tort
marzo 24 /2016

Vuelta a las relaciones carnales

La llegada del presidente norteamericano Barack Obama a la Argentina, los gestos y el vocabulario de nuestro primer mandatario y la ambientación para la visita, la orientación de las reuniones a celebrarse, la fecha del evento y todo su entorno, inevitablemente nos colocan ante un escenario que muchos argentinos pensamos que nunca más se verificaría.

Otra vez las relaciones carnales, las remanidas promesas de inversiones que nos van a impulsar a la estratósfera, los tantísimos empleos que van a generar porque ellos son unos progresistas bárbaros, y el beneficio de ser aliados de la gente como uno.

La irritante visión de nuestra Casa Rosada ornamentada con banderas estadounidenses, la oratoria de nuestro Presidente llamando americanos a los norteamericanos –los demás no somos americanos-, la reuniones en la American Chamber –no la North American Chamber-, y la ostentosa pleitesía rendida al enviado del imperialismo, provocan una mezcla inevitable de tristeza y vergüenza ajena.

Los medios acomodados a la pauta oficial evitan hacer notar que del discurso integrador con América Latina y sus presidentes, hoy jaqueados por la andanada mediática del departamento de Estado Norteamericano bajo el disfraz de agencias de noticias, como el caso de Dilma, Lula, Evo o Correa, pasamos a ser tristemente –Obama dixit-aliados universales de EE UU, y el presidente MAU un ejemplo a seguir. Dime quién te alaba y te diré a quién te entregas.

La mención a la defensa de los Derechos Humanos del visitante resulta ser una verdadera afrenta viniendo del representante de un país que gestara el Plan Cóndor, y que mientras en nuestro Parque de la Memoria reivindica a los familiares de desaparecidos en Argentina, obra con indiferencia hacia los familiares de los masacrados de hoy en Irak, Libia, Afganistán, Bahrein, Yemén, Palestina, Somalía, o Pakistán, y que además de demostrar hipocresía superlativa omite mencionar que los EE UU no han ratificado hasta hoy nada menos que el Pacto de San José de Costa Rica.

La base militar de Guantánamo que no tiene nada que envidiarle a las cárceles clandestinas de la dictadura, es un ejemplo claro de que este mandatario es capaz de mentir sin tapujos, manteniendo una atrocidad de esa magnitud después de haberse gastado la lengua afirmando que la cerraría.

Este premio Nobel de la Paz que se erige como gestor de los negocios de las corporaciones que lo hicieron presidente y que cada dos palabras vuelve sobre su misión principal mencionando las inversiones y los acuerdos comerciales, es el mismo que dos semanas después de ser galardonado por la Academia Sueca, mandó 35.000 nuevos mercenarios a Afganistán, para seguir asegurando el saqueo del gas.

Hablar en nombre de la paz, él, justamente él, que es la cabeza visible de un imperio arrasador de civilizaciones enteras, invasores consuetudinarios de territorios ajenos para usurpar riquezas en nombre de la democracia, que desde 1776 hasta la fecha han consumado sesenta intervenciones militares en otros países (Informe RL30172 del Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos sobre Relaciones Internacionales)

Para que el absurdo circo del “vengo a decir cualquier cosa porque soy el mandamás de América” sea perfecto, hasta osó referirse al cuidado del medioambiente, frase vacía si las hay viniendo de un mandatario de un país que se niega a ratificar el Protocolo de Kyoto sobre el cambio climático, para que su población económicamente privilegiada y colectivamente anestesiada para el consumismo desenfrenado, pueda seguir contaminando a su antojo.

Pero culpar al moreno mandatario como responsable de todos estos males, sería ciertamente una ingenuidad. El modelo imperial no reconoce realmente en su presidente al autor de las decisiones, sino que éste opera como una mera figurita decorativa de las supuestas bondades de la American Way Of Life –para estar a tono con los tiempos- que en la práctica dirigen el Pentágono, la National Segurity Agency (NSA) la CIA, y otros engendros manipuladores del poder real en EE UU, como el Grupo Bilderberg.

El pobre espejo argentino como remedo de esa orquestación perversa es hoy Mauricio MACRI, sólo que a nosotros a falta de todas esas organizaciones de poder militar y geopolítico como sostén del plan imperialista, nos toca cumplir el papel de tristes aliados secundarios, y en vez de ser Macri la cabeza de una economía principal, es el administrador de un cliente del FMI, encaminado objetivamente a un retorno colonial.

Esta película ya la vimos. Otra vez las relaciones carnales, las remanidas promesas de inversiones que nos van a impulsar a la estratósfera, los tantísimos empleos que van a generar porque ellos son unos progresistas bárbaros, y el beneficio de ser aliados de la gente como uno. Parece increíble –pero lamentablemente no lo es- que los argentinos volvamos a creer otra vez en todas estas falacias neoliberales, habiendo sufrido hace pocos años los perjuicios de un modelo harto conocido de oportunismo, explotación, usura y falta de humanidad.

Ahora se agrega la condición explícita de aliados universales de los EE UU. Lo único que nos faltaba para que el fundamentalismo islámico (ISIS) gestado y financiado por las mismas potencias occidentales en su fratricida vocación imperialista, hoy desbocado y actuando por su cuenta, nos incluya como objetivo.

La visión de nuestro presidente recibiendo con sumisión humillante a Barack Obama, haciendo ostentosa demostración de subordinación y obediencia a los dictados del imperio, y el discurso arrastrado y vacío lleno de elogios como si el visitante fuera un héroe benefactor, además de avergonzarnos, debe ser el punto de inflexión movilizador para que nos volvamos a organizar.

Aunque Don Arturo Jaureche si todavía estuviera entre nosotros, seguramente nos repetiría sus inolvidables versos:

“Les he dicho todo esto
pero pienso que pa’nada,
porque a la gente azonzada
no la cura los consejos:
cuando muere el zonzo viejo
queda la zonza preñada”.

- Daniel Tort, abogado y periodista
tdaniel@arnet.com.ar