¿A partir de cuándo libertad?

junio 7 /2011
Andrés Gauffín

Un boletín de Telam rebotado en alguno de los tantos sitios de información, cita las siguientes frases de un discurso de la presidenta Cristina Fernández en México. “Ambas, libertad e igualdad son complementarias e imprescindibles”. Y enseguida: “Para qué queremos libertad sin vivienda, salud o trabajo”. ¿Quién va a estar en desacuerdo con la primera de las frases? Pero la segunda, que se extrae como una conclusión deja mucha tela para cortar.

Pero por más oficial que sea, no está garantizado que una agencia como Telam comunique objetivamente lo que dice la presidenta.

Es muy posible que no lo haya dicho así la presidenta, o que en su discurso haya dado matices que quedaron fuera del boletín. Que haya puesto contrapesos.

Pero por más oficial que sea, no está garantizado que una agencia como Telam comunique objetivamente lo que dice la presidenta. Porque es posible que sus funcionarios se arroguen cierto poder de policía sobre sus discursos. O al menos cierta prerrogativa de corregirlos, de embellecerlos, o de hacerlos más adecuados a la ideología del redactor o de su jefe. Para eso se hace periodismo militante en la agencia oficial.

¿De qué sirve la libertad si no se tiene salud, educación…? La pregunta hace acordar mucho a la famosa de Anatole France. “Todos los pobres tienen la libertad de morirse de hambre bajo los puentes de París”, citada no hace mucho por Eduardo Aliverti en Página 12.

Y claro que es punzante la frase, que conmueve. Que vaya un ricachón francés y le diga a un pobre que tiene la libertad de morirse de hambre bajo un puente del Sena.

Bien hasta aquí. Pero la pregunta tiene su reverso y hay que ser honestos, porque la libertad parece que no sirve para nadie. Entonces a ver quien le dice a los argentinos. “Miren, hasta que todos tengan una casa, su libertad no les sirve de nada. Y hasta que todos hayan terminado sus estudios. Y hasta que no haya una salita bien equipada en todos los barrios. Así que, hasta que eso ocurra, no gasten su tiempo en pensar por sí mismos, o tener sus propias preferencias políticas”. Etcétera.

Y ya que estamos en plan de darles consejos a los españoles, le digamos a los indignados de la Puerta de Sol que hasta que no tengan su propio piso, no se molesten por ejercer sus libertades. ¡Pero si justamente porque la usura de los bancos les ha dejado en la calle se han tomado la libertad de manifestarse públicamente, sin pedirle permiso a ningún señor que pretenda dictaminar a partir de cuándo sirve, y cuando no, la libertad!

“¿De qué sirve la libertad si no hay educación, vivienda? La frase tiene su efecto encantador. Pero por un lado sugiere que sólo los ricos son libres y que los pobres harían bien en dejar para más adelante cualquier anhelo de libertad, hasta que un gobierno le construya una casa, le asegura un trabajo, le de educación. Y, por otro, parece identificar la libertad con un valor un poco etéreo que “hay” en la Argentina en virtud de unas leyes o de un gobierno que no practica la censura previa o no impide manifestaciones.

En cambio, la frase así citada por Telam muestra una mínima o nula valoración por el ejercicio de la libertad. No la utópica libertad de hacer lo que uno quiera, sino la concreta de querer, de desear, de pensar, de decir, pedir, hacer asociarse, en los huecos que dejan los determinismos de cada uno y lejos del poder de quien propala esa pregunta.

Una cosa es la deshonestidad de pensar que una persona es libre sólo porque una Constitución lo dice, sin pararse a mirar los condicionamientos económicos, políticos, históricos y culturales. Y otra es caer en la soberbia paternalista de sentenciar que, hasta que entren alguna vez en el reino de la igualdad, a los argentinos la libertad no les sirve de nada.

  • Andrés Gauffin
    Periodista