Aguinis no comprende a Evita

agosto 1ro /2013
Liliana Bellone

Biografía novelada o novela biográfica, este libro puede ser leído como un texto más acerca de Eva Perón. Biografía-novela, en donde lo objetivo deja lugar a la subjetividad, en este caso, la subjetividad de Marcos Aguinis, quien pretende ceder la palabra a Evita. El espíritu de Eva se convierte en la sola voz protagonista, omnisciente y omnipresente, situada en el más allá del tiempo, desde donde puede contemplar presente, pasado y futuro en un inverosímil y artificioso devenir que permite al personaje hablar del golpe de estado del 55 y de sus biógrafos, entre ellos Marysa Navarro y Alicia Dujovne Ortiz.

El fantasma de Evita, el poder fantasmático de la escritura retrocede, la ideología burguesa y la visión masculina se filtran por todos los resquicios.

  • “La furia de Evita” libro de Marcos Aguinis. Buenos Aires: Sudamericana, 2013. (348 págs.)

Esa voz monocorde, la de Eva Perón, evoca su infancia en Los Toldos y en Junín, la adolescencia, la partida hacia Buenos Aires, la militancia, su amor por Perón, el viaje a Europa, las joyas, los vestidos, la enfermedad, su propio final, la visión del 55. De algún modo, esa voz es un espíritu. Sin embargo ese espíritu parece ser depositario no de la altura incontaminada y sapiencial de los entes despojados de materialidad, sino que habla desde una chatura y una miopía notables, que dejan al descubierto los prejuicios de Aguinis. Resulta, entonces, un personaje, a pesar del recurso espiritualista, sin alma, recortado, empobrecido, surgido a la medida de la ideología y de la intencionalidad del escritor Aguinis.

El viaje a Europa que realiza Eva Perón en 1947, es el núcleo equidistante de la trama narrativa y temporal. Aguinis toma este episodio como central en la existencia de Evita. Sin duda esto no es casual, esta elección de lo narrado denuncia la posición subjetiva del autor. Evita “ve” a Europa con los ojos de Aguinis. Hubiera sido importante que el autor acallara su voz y dejara mirar, oír y actuar más a su personaje. Ocurre que la hibridez y contaminación de biografía y novela, si se encara desde un registro muy artificioso (lo narrado como la voz ubicua de la protagonista situada en un más allá que le permite contemplarlo todo) puede llevar a un callejón sin salida y tornar la historia inverosímil.

Marcos Aguinis

Nada hay del orden del fantasma en este texto al que no podemos llamar enteramente novela ni enteramente biografía. Hay un predominio de lo meramente intencional, el fantasma está obliterado, alejado, perdido. El fantasma de Evita, el poder fantasmático de la escritura retrocede, la ideología burguesa y la visión masculina se filtran por todos los resquicios. Aguinis no comprende a Evita, tampoco comprende el misterio de la feminidad. El deseo de la mujer, tan bien descrito por Flaubert en Madame Bovary por ese fantasma femenino que guía la escritura de Flaubert, no puede ser captado por la escritura de Aguinis. Aunque tampoco captaron la feminidad, los libros de esos dos grandes escritores que fueron Tomás Eloy Martínez y Rodolfo Walsh, (“Santa Evita” y “Esa mujer”) poseen una narratividad contundente, visceral, comprometida. En cambio la novela de Aguinis, sin el pathos que conmueve, resulta demasiado fría.

La furia de Evita, recuerda a La mujer del látigo, de Mary Main, ejemplo de esa historia negra del peronismo que fuera urdida por la oligarquía y el gorilismo que provocaran la caída de Perón. Ambos títulos evocan la crueldad y la impiedad, surgidas de un sujeto femenino que pareciera estar poseído por las erinias o furias, como en la tragedia griega. La furia de Evita promete la tragedia, la catarsis y el espíritu, desde ese título tan contundente, pero se resuelve en anécdotas por todos conocidas y se aleja de las notables novelas que escribiera alguna vez Marcos Aguinis.

  • Liliana Bellone
    Escritora y poeta
    lilabellone@gmail.com