Al servicio de una poderosa elite dominante

Daniel Tort
agosto 26 /2013

En la última escena de la película “La Patagonia Rebelde” [1], basada en el libro “Los Vengadores de la Patagonia Trágica” de Osvaldo Bayuer, el excelente actor Héctor Alterio en el papel del teniente coronel Varela, en un primer plano magistral y al escuchar un brindis en su honor en inglés (For He´s a Jollie Good Fellow = Es un muchacho excelente), que le obsequiaron los terratenientes del lugar por haber fusilado a los molestos obreros rurales, comprende que ha sido usado miserablemente por los dueños del poder, y que ha servido a intereses foráneos.

Porque si siendo tan clara y reiterada esa perversa estrategia disociadora, igualmente digerimos sin masticar la falacia urdida en las usinas del cipayismo entregador en el convencimiento de que formamos parte del ambiente desde donde nos quieren adoctrinar como liberales...

Su mirada penetrante lo dice todo, pero ya todo se había consumado y la historia lo juzgaría inevitablemente como el típico cipayo servil.

Jorge Luis Borges solía decir que la historia demostraba que sólo existe una serie limitada de escenas que componen la vida, y que éstas se reiteran una y otra vez, cambiando sólo los actores y las circunstancias de tiempo y lugar. Recordando esta fantasía literaria, y salvando las enormes distancias temporales y las cualidades de los participantes y protagonistas de la película mencionada anteriormente, viene a cuento hoy el vergonzoso papel que cumplió Gerardo, "El Momo” Venegas y su frustrada experiencia electoral.

Este personaje, supuestamente representante sindical de los trabajadores agrarios, por estos agitados tiempos comiciales se enseñoreaba con impúdica reiteración ante las colmadas y coquetas tribunas de la Sociedad Rural Argentina, recibiendo orgulloso el cerrado aplauso de las señoras bien y los panzones oligarcas de la Pampa Húmeda, muchos de ellos herederos directos de los autores intelectuales de los fusilamientos de diciembre de 1921.

Esta situación le hizo creer que a nivel popular tendría la misma aceptación que bajaba desde los palcos prudentemente alejados del olor a bosta de sus animales; “que era uno de ellos”, o que podía jugar a serlo. Y con la denominada “Unión con Fe” se presentó a las elecciones primarias del pasado 11 de Agosto, sin alcanzar el piso mínimo legal para poder ser candidato el próximo mes de Octubre. Lo imagino hoy, mirándose al espejo igual que el poco sesudo militar Varela, asumiendo con horror la triste realidad de sentirse un irremediable imbécil, y usado como material profiláctico descartable por los mismos e idénticos intereses vacunos.

Ese drama obsceno también lo protagonizan en la actualidad no pocos personajes del llamado “periodismo independiente” o también auto denominado “periodismo crítico”, como quiera que puedan entenderse esos artilugios verbales para encubrir que han sido contratados por los mismos intereses para servir a la misma elite que se resiste a los cambios. Se arrastran por monedas ante esos grupos concentrados de la economía que no quiere otro sistema que el dirigismo de ellos, al que llaman sin pudor liberalismo.

Y para justificar sus jugosas pautas irreverentes organizan constantes operativos de prensa donde los conductores de los programas nocturnos de la semana que sostienen los multimedios también concentrados –basta tener en cuenta quiénes anuncian en los programas “Periodismo para Todos”, “Desde el llano”, “Otro Tema”, “A dos Voces”, “El juego limpio” y otros- se entrevistan entre ellos mismos para potenciar las denuncias, que tienen más pedidos de disculpas por los yerros, que vigencia histórica. Pero nada de eso importa, porque el estrépito que provoca la noticia rimbombante aunque sea falsa, no se compara con el casi nulo efecto que tiene la retractación.

La dirección del gobierno actual en manos de la señora Cristina Fernández de Kirchner dista un abismo de ser revolucionario; ni siquiera se puede catalogar de progresista como ellos mismos se califican y cuenta en su haber con innumerables hechos dignos de reproche que demuestran que el constante pregonar setentista es solo un anhelo oratorio. Basta mencionar los casos: Barrick Gold, Chevron, Monsanto, Deuda Externa, Desmontes, Sojización, Nueva Ley de ART, y muchos etcéteras más.

Pero con todos los defectos y tibiezas del llamado “modelo”, ante la disyuntiva de tener que enrolarse en la vereda contraria para combatirlo y hacer el papel del comandante Varela o del insufrible Venegas, ciertamente resulta mucho mejor avivarse –Jauretche dixit- y no caer en el ridículo papel de hacernos creer que los adalides de las libertades cívicas son ellos, y que todos los desequilibrios mentales los tiene la Presidenta.

Porque si siendo tan clara y reiterada esa perversa estrategia disociadora, igualmente digerimos sin masticar la falacia urdida en las usinas del cipayismo entregador en el convencimiento de que formamos parte del ambiente desde donde nos quieren adoctrinar como liberales, cuando nosotros como espectadores no somos los beneficiados de esa política sino los que pechamos el carro, podemos llegar a tener que mirarnos en el espejo con cara de Varela o de Venegas. Y hacerlo otra vez, además de ratificar el juego literario de Borges, ciertamente nos contará como irrecuperables zonzos al servicio de la poderosa elite dominante de los Jollies Good Fellows.

  • Daniel Tort, abogado y periodista
    tdaniel@arnet.com.ar