Alguien golpea la puerta...

junio 26 /2009
José Acho

Y se fue Michael Jackson y con él, último ídolo del pop del Siglo XX. También la actriz Farrah Fawcett y hace poco se murieron el dibujante Andrés Cascioli, creador de la valiente revista Humor; el polémico actor Fernando Peña, el notable cineasta Alejandro Doria. Y en Salta la actriz Claudia Bonini. ¿La muerte golpea la puerta de las últimas generaciones más creativas del siglo XX?.

Yo sé que el pasado muere en el olvido y la vida en la muerte. Pero lo que uno no olvida sigue siendo parte de nuestro presente, aunque la muerte se lleve consigo la vida de algunos ídolos de nuestra juventud.

Aunque parezca un dato menor o tonto, en estos días tuve sensaciones inquietantes. Yo sé que el pasado muere en el olvido y la vida en la muerte. Pero lo que uno no olvida sigue siendo parte de nuestro presente, aunque la muerte se lleve consigo la vida de algunos ídolos de nuestra juventud.

Por éstas seguidillas de desapariciones físicas de creadores y artistas, particularmente presiento como que la muerte está cada vez más cerca de la generación que pertenecemos a los 60, los que vivimos la gloria artística de los ’80, aun no superada, por nada y por nadie. Es lenta pero en estos días se mostró dura e inexorable.

Hoy fue casi una revelación saber que ella me hizo sentir su presencia, escuché sus finos tacos, percibí su perfume, entre las penumbras de los recuerdos. Aunque no la veamos nos hace sentir que camina tras nuestro.

No me preocupa su presencia cercana. Yo se que ella aparece en cualquier momento, en cualquier generación para llevarse a quien elija. Pero en estos últimos días ella simplemente con su largo brazo nos toca el hombro para decirnos: "Eh... estoy aquí...".

¡Qué sensación estremecedora! Justo cuando uno está sensiblemente triste porque se trata de artistas, creadores, inspirados en sus disciplinas, dotados del talento. ¿Qué será de ellos? ¿Qué será de nosotros sin ellos? ¿Qué sería de este mundo sin ellos? Esa es la cuestión.

Sabemos que no se mueren. Renacen, en otra vida, para transitar otros mundos quizás, donde son también necesarios. Quizás pocos entiendan la locura de estas líneas. Lo podremos entender o se podrá entender, sólo cuando realmente valoricemos o amemos el arte en todas sus dimensiones.

Por algo a los artistas las llaman “estrellas”, cuando menos porque son habitantes de otra dimensión, dentro de algún otro universo espiritual.

Para mi mundo aritmético, la muerte, desaparición o viaje a otro mundo de un artista de la década del 50 al final de los 80, todas las generaciones venideras sufrirán no tener para beber de nutritivas fuentes del arte de los años 50 a 80 que influyeron a varias generaciones.

De aquí en adelante tiene que ocurrir otro milagro o un fenómeno parecido. Sino que será de las futuras generaciones. Cuáles serán sus ídolos. Dónde encontrarán sus propios referentes para profundizar sus ideales, su compromiso o su espiritualidad.

Los comunes mortales, mueren todos los días, pasan por esta vida dejan poco o nada. Los que quedan son los artistas (como dice una letra que canta Enrique Pinti). Creo que ésta es una realidad de los que tenemos transitada un poco más de la mitad de su vida.

Michael Jackson para mi, no fue un artista entrañable o comprometido, como pudo ser tal vez Freddy Mercury, Dalí o Yupanqui, pero fue un referente de una década mundial. Fue el artífice de la explosión de un nuevo baile para las últimas generaciones, comparada a la de Fred Astaire para la suyas. Y su música, una creativa síntesis de diversión, música, baile y desenfreno.

Su historia dejó huellas indelebles, en al menos un par de generaciones y sin duda contagió a otras presentes. Mientras todo esto me pasa por la mente, escucho una canción de Edith Piaf o más bien la voz de un ángel que me sigue cantando desde algún cielo infinito. Ella está; siempre está... como están todos los grandes artistas que ya no están.

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