Actualidad Domingo 31 de enero de 2010
Por Héctor Alí

"Avatar"

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Cristina y el avatar argentino

En uno de sus tantos actos públicos por el conurbano bonaerense, alguien le gritó “genia” a la presidente Cristina Fernández de Kirchner. Hubiera sido muy pintoresco que le gritara “avatar”. Pero aún así, la jefa de Estado lo interpretó por el lado del ser mitológico y no por su presunta inteligencia.

Frente a la oferta política actual tal vez la última esperanza es esperar la llegada providencial de un "Avatar" para que conduzca la rebelión.

Es la palabra de moda. Por el éxito descomunal de la película de James Cameron, (es el segundo filme mas taquillero de la historia) cuyo contenido ha generado toneladas de interpretaciones y hasta motivó que China prohibiera su exhibición, según trascendió, por el caldo de cultivo de rebelión que podría generar en su pueblo.

También por representar íconos y personajes muy frecuentados en Internet y en juegos de computadora y play station, como los Sims o como el Aang que fascina a los que ven Nickelodeon. El término "Avatar" deriva del sánscrito y significa descenso o encarnación de un dios. En la religión hindú, se interpreta como reencarnación terrestre de alguna deidad. La interpretación cibernética, seguramente es una derivación de aquellas. Hay quienes deducen que Cameron bautizó así su película porque es la comparación entre dos realidades.

Justamente aquí queríamos llegar. En uno de sus tantos actos públicos por el conurbano bonaerense, alguien le gritó “genia” a la presidente Cristina Fernández de Kirchner. Hubiera sido muy pintoresco que le gritara “avatar”. Pero aún así, la jefa de Estado lo interpretó por el lado del ser mitológico y no por su presunta inteligencia. El elogio disparó ese primer pensamiento y de allí ese lapsus fallido con el cual lamentó no ser una “genia”, de esas que salen de la lámpara de Aladino o de algún cuento de las Mil y Una Noches, porque sino “haría desaparecer” a muchos.

Advertida inmediatamente de la barbaridad que acababa de decir en un país que tiene 30 mil desaparecidos que ella misma suele recordar en su fatigado marketing vindicador, cayó infantilmente en el error de aclarar para seguir oscureciendo. Y se embrolló hablando de “desaparecedores” y otras yerbas (como alguna vez menciono los “goles secuestrados” por el pay per view), para tranquilizar a “madres y abuelas” de Plaza de Mayo, que parecen forzadas a formar parte de la clacke que sigue a la presidente por todos lados.

En los días y actos subsiguientes incurrió en nuevas y ocurrentes frases que le dieron más títulos a los diarios y más carne a los leones. En uno incentivó a comer carne de cerdo porque, según dijo, es más efectiva que el viagra para la potencia sexual y en otro habló de los “buitres domésticos”, para denostar a quienes operan en el país a favor de los llamados “fondos buitres”.

También defendió la ingesta de pollo porque mantiene la figura.“La carne de cerdo es buena para eso, pero no hace milagros”, dijo casi riendo un productor porcino. Los buitres, aves rapaces entre las cuales se encuentra el mismísimo cóndor, una vez más no pudieron defenderse del mote carroñero que les han atribuido en el mundo de las finanzas. Y en cuanto a comer pollo, la presidenta no debe tenerlo en su dieta, según salta a la vista.

Cristina no necesita aclarar que no es una “genia” en el sentido más fantasioso del término. Esta lejos de satisfacer los típicos tres deseos que se les atribuye a estos seres mágicos. Amor, prosperidad y belleza (por mencionar algunos). Salvo que los elegidos se llamen por ejemplo, Cristóbal López, Lázaro Báez o Rudy Ulloa y les confiera por encanto los negocios del juego, la obra pública o la pauta oficial. Y de acuerdo a los últimos pasos en falso dados por el Gobierno, tampoco hizo honor a quienes aún la siguen creyendo “inteligente”.

Aunque en realidad la crisis institucional desatada por su deseo de echar a Martín Redrado del Banco Central y apoderarse de casi 7 mil millones de dólares de las reservas para pagar a los tenedores de bonos, según sus críticos mas acérrimos, no se gestó por un error de cálculo, sino por un intento desesperado de seguir financiando la caja electoral para 2011, cubrir el rojo del endeudamiento externo previsto en el presupuesto 2010 y de paso satisfacer las presiones de los bonistas.

En realidad la integrante femenina del binonio KK, parece estar jugando todos los días una carrera contra el tiempo. Y lo viene haciendo desde que anunció el adelanto de las elecciones previstas para diciembre del 2009, para junio de ese año, con la excusa de sortear cuanto antes los comicios y hacer frente a las consecuencias desatadas, según se dijo, “por la crisis financiera internacional”.

La estrepitosa derrota del Gobierno y del ex presidente Néstor Kirchner en las urnas, le daría la razón. Necesitaba ese plus de seis meses no para imponer políticas anticrisis sino para aprovechar la mayoría en el Congreso para sancionar leyes que con la nueva conformación legislativa no hubieran salido ni a palos.

La ley de Medios KK, la extensión de los superpoderes, la reforma política y otros proyectos no tan publicitados, fueron aprobados por imposición del número y no por el consenso que merecían algunas de esas iniciativas.

Y ahora, con el nuevo Congreso ya constituido, la presidenta recurrió a otra pijotería: sancionar un decreto de necesidad y urgencia en medio del receso legislativo para apoderarse de las reservas y remover a Redrado.
Y resultó tan infantil como jugar en el bosque mientras el lobo no está.

Los legisladores de la oposición, que ya se habían abroquelado para resistir el intento oficial de mantener la presidencia de las comisiones, regresaron apurados de sus vacaciones y al estar impedidos de sesionar por el receso impuesto en la Constitución, dieron la batalla en la Justicia, donde el Gobierno no para de recibir un revés tras otro.

En un país serio, lo lógico hubiera sido convocar a sesiones extraordinarias, pero la presidenta que se esfuerza por no serlo, eligió el dnu, cuyo tratamiento tiene un lapso establecido y si no es rechazado en ese tiempo, se transforma en ley automáticamente. Para marzo, cuando se iniciaran las sesiones ordinarias, las reservas ya estarían ancladas en el Tesoro y todo hubiera sido inútil. De hecho, a pesar de varios fallos judiciales en contra de la ley de Medios, el Gobierno insiste en cumplir los plazos de su aplicación.

Acorralada por la situación, una vez más, como ocurrió con la crisis del campo, CFK recurre de última al Congreso. En el caso de Redrado convocó a la comisión bicameral para que se expidiera, pero solo para darle una fachada legal al asunto: la decisión de ese cuerpo legislativo no es vinculante y Redrado ya esta echado hace rato.

El golden boy también resistió como pudo, hasta que finalmente capituló y presentó su renuncia, amenazando con revelar secretos de su gestión que involucran travesuras financieras, como devaluaciones o comras de acciones de YPF, con esos fondos. Algo de ello trascendió, cuando unos dias mas tarde se supo que Nestor Kirchner, habría comprado 2 millones de dólares en 2008 avisado de una próxima devaluación con la cual podría haber ganado hasta 300 mil pesos con la diferencia. Redrado dijo que renunciaba para que se "cambie de tema", pero el Gobierno se quiere dar el gusto de echarlo. Un culebrón espantoso. Ni Cris Morena, podría hacerlo mejor.

Con las reservas Cristina no pudo hacer lo mismo, porque una jueza de primera instancia y un tribunal de alzada con jueces independientes rechazaron cada uno de los planteos oficiales. Para el oficialismo, con sus fallos adversos estos magistrados “le hicieron juego a la oposición” u "metieron las narices donde no debían", pese a que el fuero Contencioso Administrativo porteño acarrea antecedentes de mucha dureza en sentencias contra el Gobierno. En cambio, cuando el juez federal Norberto Oyarbide, resolvió que los KK se enriquecieron lícitamente, a pesar de su escandalosa declaración jurada, nadie pareció sonrojarse siquiera en las esferas presidenciales.

Para muchos CFK ya esta ida y el kirchnerismo en vías de extinsión. Su nivel de popularidad es similar al de la leischmaniasis. Ni sacandose 10 en todas las materias de acá hasta el 2011, lograría revertir esa imagen de infinita soberbia y crispación permanente que transmite en cada gesto, en cada discurso y en cada medida que toma.

Su decisión de no ir a la China por no dejarle el poder a Cobos, acredita su diminuta versión de estadista y expone las miserias de las disputas domésticas que en cualquier país extranjero, provocarían vergüenza ajena. El espejo de Chile, con su madurez democrática e institucional plasmada en los resultados de la última elección, aunque Pinera remita a lo peor del liberalismo y se diluya la utopía socialista, causa escozor y hasta envidia.

El panorama se complica aún mas para los argentinos cuando se observa el perfil de la oposición y entre los candidatos a suceder a Cristina aparece nada menos que Eduardo Duhalde, el mismísimo que triplicó la pobreza con la salida de la convertibilidad y luego se autocalificó diciendo que “los políticos somos todos una mierda”. O Mauricio Macri que se empecina en utilizar la picana (o un aparatito similar) para armar a la policía metropolitana. O Francisco de Narváez que fustiga a los Kirchner por la inseguridad jurídica, pero pretende violar la Constitucional sabiendo que siendo extranjero no puede ser presidente.

En Avatar, los Na´vi se animan a resistir la invasión terrícola, con la fuerza de sus flechas y de su voluntad de no entregar su territorio ni las riquezas depositadas bajo el arbol de la vida. La batalla final es una confrontación épica en 3 D donde los invasores son derrotados y puestos en forzosa retirada. Toda la película es una metáfora que induce a la rebelión contra la injusticia y imposición brutal de los intereses económicos por sobre los derechos. Frente a la oferta política actual tal vez la última esperanza es esperar la llegada providencial de un "Avatar" para que conduzca la rebelión. En sentido metafórico, claro.

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