Turismo Jueves 2 de agosto de 2007
Por Fanny Derrien

Bolivia: ¿señales de una nueva revolución?

Caminante no hay camino. Cortes, rumores y divisiones

Bolivia, (Especial para Salta LIbre) Diario de viaje de una turista en Bolivia, “terra incognita” andina donde se inició un movimiento de reorganización del país desde el acceso de Evo Morales a la presidencia hace dos años. El relato de un recorrido donde piquetes, cortes y marchas completan diariamente la dureza del clima y de la vida, donde el turista se trasforma en aventurero ignorante. Porque en Bolivia el imposible es realidad cotidiana.

Nos gritaban “son gringos, no los dejan pasar” y varias explosiones de dinamitas terminaron por asustarnos porque no sabíamos de que protestaban.

A dos días de la presentación de une nueva Constitución elaborada por Asamblea Constituyente, retrato de un país bajo tensión en búsqueda de unión y de más igualdad. Como cualquier turista, decidí de aprovechar de mis vacaciones para irme de viaje de Salta hasta el misterioso Machu Pichu. Nunca alcanzamos este objetivo pero encontramos otras aventuras sociales durante el camino.

Antes de este julio Bolivia era para mi “terra incognita”. Había solo conocido desde Francia la historia mítica de cómo asumió su nuevo presidente, Evo Morales, un defensor del movimiento indígena y de los cocaleros. Y había escuchado algunos cuentos de viaje de amigos que volvían sorprendidos de la belleza del país pero también cansados de las condiciones pocas cómodas del viaje. Sin embargo un tener un poco de aventura no me parecía mal, considerando que era también el primer viaje de mochilero de mi hermano de 19 años. Así partimos, inconscientes, felices y, nos creímos, listo para una travesía por la misteriosa Bolivia.

Atravesamos el extraordinario altiplano boliviano y de San Pedro de Atacama hasta Uyuni. Nos quedamos completamente encantados de estas zonas desérticas, montañas nevadas y lagunas de todos los colores. Desde Uyuni, primera ciudad boliviana luego de la nada desértica. Nos arreglamos con otros turistas para alquilar un bus privado que nos lleve a Potosí porque todos estaban llenos, no sabiámos la razón. Creímos que era porque estábamos en plena temporada turística. Después de tres horas de viaje nos quedamos bloqueados en medio del altiplano boliviano. En este lugar no muy hospitalario, nos enteramos de la verdadera razón del éxodo de la gente a Potosí. Los 30 turistas de nuestro bus (incluso una familia con 3 hijitos) empezaron a entender que el viaje no iba a ser tan placentero.

En el camino nos encontramos con un corte y mineros enojados. Enviamos al chofer y una delegación de pasajeros a intentar acordar con los piqueteros o negociar una posible salida. Ellos volvieron preocupados y sin soluciones. Varias horas antes los mineros se estaban emborrachando. Esta situación no llevó a los mineros a “ser comprensivos” con un bus de turistas perdidos en medio de la nada. La falta de organización del movimiento minero y la ausencia de un líder para decidir sobre nuestro destino hicieron demorar mucho las cosas. Luego de algunas horas nos dejaron tomar un camino de tierra que llegaba a algunos kilómetros lejos de Potosí.

Durante la noche y un difícil camino, afrontamos precipicios, cruzamos ríos problemáticos y encontramos también a trabajadores que caminaban sin luz hasta el próximo corte. Kilómetros antes de la entrada de la ciudad tuvimos que bajar del bus e ir caminando hasta el centro, porque había otro corte de mineros borrachos.

Nos gritaban “son gringos, no los dejan pasar” y varias explosiones de dinamitas terminaron por asustarnos porque no sabíamos de que protestaban. Nosotros no teníamos nada que ver. Luego pensamos, hasta donde podía llegar su violencia...

Después de esta fuerte experiencia personal, me di cuenta no se podía seguir viajando sin entender lo que estaba sucediendo, sin poder imaginar como las cosas iban presentarse en los próximos días. Empecé a relacionar situaciones sobre el origen del conflicto. Primero compré el periódico de Potosí. Comprendí entonces que había bloqueos de ruta, no solo en Potosí sino también en Oruro, Villazán y La Paz, como resultado de diversas protestas.

Con mi hermano nos vimos obligados a quedarnos en Potosi. El problema aquí era entre mineros y gobierno nacional. Por estos días, el Senado nacional había elevado a rango de ley el Decreto Supremo No 28901 que recuperaba para el Estado las concesiones mineras en el cerro Posokoni, el yacimiento más grande de estaño del país ubicado en el distrito minero de Huanuni. El anuncio de la nacionalización por parte de Evo Morales había surgido el 15 de octubre del 2006 en medio de otro conflicto minero que derivó en enfrentamientos de mineros asalariados y cooperativistas por una reserva valuada en 586 millones de dólares.

Para los cooperativistas era una condición no negociable, la revisión y el congelamiento de esa ley que declaraba la reserva fiscal todas las áreas mineras hasta que la asamblea constituyente se pronunciara sobre una política del Estado, en la que deseaban estar incluidos como parte del sector económico. El presidente del Consejo de Vigilancia, Antonio Pardo, había declarado al periódico de Potosí que las autoridades nacionales estaban en un proceso de destrucción de las estructuras productivas cooperativistas. Después de la provocación de las autoridades que reprimieron a los mineros que fueron a marchar a La Paz, el Vice Presidente de la Federación Departamental de Cooperativas Mineras de Potosí, Corsino Villanueva, había anunciado que la movilización era indefinida. Así fue que nos quedamos tres días en esta ciudad esperando que algo se solucione.

A este nudo problemático se agregaban varios rumores y crisis paralelas. Al nivel local, los cooperativistas señalaban que si las autoridades querían muertos los iban a tener por cantidad porque ante la arremetida de las huestes oficialistas, defenderían a como de lugar sus fuentes de trabajo y a sus familias. Amenazaban que de ser necesario usarían la dinamita como método extremo de defensa. Además, los campesinos se dividían en dos grupos: uno ofreció su apoyo moral y material a los mineros y el otro decidió apoyar a Evo Morales contra los mineros que quieren mantener la política liberal. Se podía leer también que el gobierno acusaba al ex ministro de Mineria, Jaime Villalobos, de financiar los movimientos de protesta que protagonizan los mineros cooperativistas.

Noté que el tono de enfrentamiento era duro en cada anuncio de los protagonistas del conflicto. Se hablaba de dinamitas, toma de institución pública, de la intervención del ejército, de marchas, de muertos. La situación era tensa.

Potosí vive de las visita de los turistas a las Minas. Fuimos a una agencia porque queríamos visitar una mina para entender lo que pasaba y porqué los mineros estaban manifestándose en las calles. La visita duró 4 horas y salimos completamente cansados, negros de tierra y aterrados de lo que habíamos vivido en cuanto a las precarias condiciones de su trabajo. Lo que vimos en las minas era parecido a lo que había leído en “Germinal” del escritor Emile Zola. La historia de un pueblito completamente condenado a la mina como su única fuente de trabajo y forma de vida. Me aterró que una novela que describe una situación del siglo XIX francés, tenga mucha similitud con la vida de los mineros bolivianos del siglo XXI. Me dio miedo que la historia de los potosinos termine tan mal como para los protagonistas de la novela “Germinal”. Y el hecho que dos trabajadores murieron en el Cerro Rico de Potosí justo la tarde de nuestra visita no me permitió imaginar un final diferente a la historia.

Evidentemente nos tocó una Bolivia convulsionada. Al mismo tiempo en la televisión vimos también la marcha de miles de bolivianos en El Alto (La Paz) en apoyo al gobierno nacional y para que “la sede del gobierno no se mueva”. Así nos enteramos de otro problema como si ya fueran pocos. Se profundizaba la rivalidad entre en Sucre y La Paz y, Santa Cruz se aprovechaba de la situación para impulsar su sueño de independencia, en el contexto de la discusión una nueva constitución que debía concretarse el 4 de agosto. Para una viajera es suficiente leer que las divisiones entre los bolivianos pueden leerse en las paredes.

Todo viaje es una aventura, pero mucho mas en Bolivia, porque nada depende de nuestra voluntad. Las confusiones políticas y las divisiones subrayan las dificultades dentro del proceso de reorganización iniciado por Morales.

Y mi viaje por Bolivia fue como me lo repitió un amigo hace poco tiempo: "El camino es la meta..."

  • Textos y fotos: Fanny Derrien

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