Circo sin pan

agosto 25 /2009
Héctor Alí

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner hizo el anuncio en un pomposo acto en el cual pareció mezclarse la política partidaria y el populismo, con la actitud democrática de garantizar el discutido derecho de asistir gratuitamente a la transmisión de los partidos de fútbol como si se tratara de la escencia misma de la razón de ser del pueblo argentino.

El colmo del paroxismo fue comparar el “secuestro de los goles” con la desaparición forzada de personas durante la dictadura.

La frase Pan y Circo, fue pronunciada por primera vez en el siglo I por el poeta romano Décimo Junio Juvenal y se encuentra en uno de sus célebres libros de Sátira. Desde su ácida crítica a la Roma pagana, pretendía describir así la demagogia de los emperadores de regalar pan y disponer entrada libre y gratuita para los juegos circenses.

En aquellos tiempos el circo no incluía elefantas domesticadas ni había ordenanzas que lo prohibieran. Se trataba de una masiva convocatoria al Coliseo para disfrutar de carreras de carretas, combates entre gladiadores y observar como leones hambrientos se engullían a los cristianos que se entregaban a ese sacrificio pensando resignados y culposos en la resurrección de los muertos.

Según describen los historiadores de aquel período, los barras bravas y el resto del público asistente a dicho espectáculo podían pasarse un día entero en las gradas y volvían a sus casas “con la neurona dormida y el estómago hinchado sin pensar si las acciones del emperador eran controladas o no por los tribunos (nada que ver con el diario) los senadores y otros organismos específicos, mientras dilapidaban el erario público empobreciendo al pueblo”.

La sociedad pactada entre el Gobierno Nacional y la AFA para ofrecer gratuitamente la transmisión del fútbol de primera, hizo que muchas opiniones se remitieran a aquella frase y a las inconfensables intenciones de quienes la pergeñaron. Aunque contradictoriamente también para muchos la alocución debió mutar por la negativa deviniendo en Circo sin Pan.

Y no se trata precisamente de que el contrato incluya la entrega de una dosis de panchos, hamburguesas o choripanes gratis para cada espectador. La cuestión es mucho mas grave. Fue inevitable para la gran mayoría asociar los 600 millones de pesos anuales que deberá gastar el Estado para financiar la televisación de los 10 partidos semanales, con la escandalosa pobreza (según la definición papal) que afecta a un alto porcentaje de la población.

Porque mientras se asiste a una absurda y obscena guerra de cifras sobre los porcentajes de pobreza, los factores que contribuyeron al incremento de la marginalidad en la Argentina siguen mas vigentes que nunca. Y aunque en la Argentina siempre existió una base muy importante de excluidos, fueron las políticas neoliberales aplicadas por el menemismo las que expulsaron del sistema a millones de personas con sus prácticas de precarización laboral, privatizaciones espureas y entrega de los recursos naturales.

De allí deviene la destrucción de las obras sociales y el colapso de la salud pública, la destrucción de la Educación pública con su traslado a las jurisdicciones provinciales sin financiamiento, el incremento del desempleo por los despidos masivos en las empresa públicas y la caida de la actividad económica, la entrega de la renta petrolera y gasífera, y principalmente un grosero espectáculo de corrupción generalizada que la justicia, en muchos casos cómplice, no ha podido desentrañar. Políticas que llevaron inexorablemente a un empobrecimiento generalizado y a un sistema que engendra cada día mas pobres.

Un escenario que se refleja en la ampliaciones de los cordones periféricos del conurbano bonaerense y sobre todo en los pueblos del interior, principalmente en el Noroeste y en particular en Salta, donde mediciones recientes mencionan que un 40 por ciento de la población está bajo la línea de pobreza. Una situación que no sólo se refleja en los magros ingresos sino también en las paupérrimas condiciones de vida que padecen.

En vez de cambiar este proceso de extinción revirtiendo las políticas nefastas del neoliberalismo y a pesar de su discurso antimenemista, el kirchnerismo no ha modificado un ápice un modelo en el cual las corporaciones industriales, las multinacionales y algunos amigos del poder, siguen siendo los principales beneficiados. Sus detractores opinan que frente a ese fracaso y para intentar anestesiar el descontento generalizado, el gobierno optó como aquellos emperadores romanos, por aplicar una dosis de entretenimiento dominical a través del fútbol gratuito.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner hizo el anuncio en un pomposo acto en el cual pareció mezclarse la política partidaria y el populismo, con la actitud democrática de garantizar el discutido derecho de asistir gratuitamente a la transmisión de los partidos de fútbol como si se tratara de la escencia misma de la razón de ser del pueblo argentino. (Con los mismos argumentos hace algunos años, Juan Carlos Romero construyó un estadio único que actualmente corre riesgo de apoliyarse por falta de uso igual que el Centro de Convenciones).

Incluso, la jefa de Estado, probablemente influenciada por el aliento de la hinchada, llegó al colmo del paroxismo al comparar el “secuestro de los goles” con la desaparición forzada de personas durante la dictadura.

Una frase que le costó durísimas críticas desde las propias víctimas del terrorismo de Estado y los organismos vinculados con la defensa de los derechos humanos. Una de las mas elocuentes fue pronunciada por Adriana Calvo de Laborde, referente de la Asociación de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas: "Para los que estuvimos desaparecidos el fútbol es sinónimo de dictadura: desde la ESMA se escuchaban los gritos de festejos en el estadio Monumental durante el Mundial 78", dijo la ex prisionera del Pozo de Banfield, donde dio a luz a su segunda hija en cautiverio.

Mas allá de los exabruptos y las exageraciones sobre las prioridades existenciales de los argentinos, hay quienes descuentan que la arremetida oficial contra el fútbol codificado forma parte de la batalla que enfrenta al Gobierno con el grupo Clarín enmascarada en su lucha por desbaratar los monopolios comunicacionales.

Una batalla que pocos llegan a entender cuando se remiten a los primeros meses de gobierno de Nestor Kirchner y los favores de su gestión hacia el mismo grupo con la prórroga de las licencias y otras decisiones legislativas vinculadas con las dificultades financieras del sector. La declaración de guerra habría que buscarla en la postura contraria adoptada por el grupo Clarín en la llamada “crisis del campo” tras la polémica resolución 125 de las retenciones a la soja.

¿Qué te pasa Clarín, estas nervioso?”, fue la frase con que el ex presidente resumía su descontento con la postura del grupo y que las pancartas de sus seguidores reflejaban con la analogía TN (Todo Negativo). La parodia de Fredy Villarreal, en Gran Cuñado, no logró diluir el encono y el enfrentamiento se fue haciendo cada vez más elocuente.

El gobierno parece haber ganado la primera batalla al despojar al grupo de un negocio multimillonario que viene desde hace mas de una década desde que TyC, acaparó la exclusividad de la transmisión del balónpié profesional encabezado por el multipremiado y ahora tal vez extinto Fútbol de Primera que resumía en casi dos horas lo acontecido en cada fecha.

El poeta Juvenal no sólo fue autor de la frase Panem et circenses (Pan y Circo). También se le atribuye la cita muy apropiada para estos tiempos: “mens sana in corpore sano” - lema adoptado por los hinchas de Gimnasia y Esgrima La Plata- un ruego que tiende a distraerse de las banalidades, implorando por la salud integral de la mente, cuerpo y espíritu. Pero mas agudo y acorde a la actualidad que agobia e impide procesar aquel intento purificador, es su interrogante “¿Sed quis custodiet ipsos custodes?” (“¿Quién vigilará a los propios vigilantes”?). Veinte siglos después nadie ha podido responder la pregunta.

  • Fuente: Nuevo Diario de Salta