Actualidad Sábado 1ro de diciembre de 2012
Por Daniel Tort

De colonizadores, colonizados y monumentos

Un Virrey eregido para la veneración genocida
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Firme como estatua de Virrey

Corría el año 1572 y al comienzo de la primavera era apresado Tupac Amaru, merced a un plan ideado y puesto en práctica por el Virrey Francisco de Toledo, quien apenas tres días después, en un patíbulo especialmente montado para ello, ordenó su decapitación conjuntamente con otros luchadores indígenas que se habían negado a convertirse al cristianismo.

"Mientras desinforman con su libretito típico, urdido a la sombra de la colonización pedagógica, pujan denodadamente por mantener monumentos absurdamente erigidos para la veneración de los genocidas..."

Sin juicio, sin defensa y por la sola decisión del tirano. También simularon el ahorcamiento de los que habían muerto por torturas… En aquel tiempo ya se practicaba el terrorismo de Estado. Previamente se habían apoderado del Punchao, ídolo de oro que con forma de niño representaba al sol. También habían saqueado los secuestradores la ciudad de Vilcabamba, alzándose con un importante botín… En aquel tiempo ya se robaba para la Corona.

Al día siguiente, el impiadoso enviado del rey de España asistió en la catedral del Cuzco a un servicio religioso por esas muertes, vestido de luto, pasando muy cerca de la cabeza de su víctima exhibida como trofeo… En aquel tiempo ya se practicaba la hipocresía política.

A pesar de la historia oficial contada por los colonizadores se conoce que al comienzo de la llamada conquista, en tiempos del arribo de los invasores a estas tierras, los pobladores se contaban por millones.

Poco tiempo después, por los efectos de instituciones esclavistas puestas en marcha –entre otros- por el Virrey Toledo, para procurar el saqueo de oro y plata, se sacrificaron a cientos de miles en agotadoras jornadas de trabajo minero o diezmados por la viruela, el sarampión o la influencia que esa gente trajo conjuntamente con sus ilimitadas apetencias de riqueza. Se utilizaron entonces las primeras fosas comunes… En aquel tiempo ya se practicaba el genocidio y la desaparición de personas que eran enterradas sin nombre.

El 18 de mayo de 1781, también a manos de un emisario del rey, era ejecutado José Gabriel Tupac Amaru Noguera, conocido como Tupac Amaru II. Previamente le hicieron presenciar la muerte de su esposa y de dos hijos, luego le cortaron la lengua. Trataron de descuartizarlo vivo pero no pudieron y después de decapitarlo lo seccionaron en cuatro partes que fueron trasladadas a todos los extremos de la región y su cabeza –al igual que la de su antecesor- fue exhibida como mensaje del terror… En aquel tiempo ya se hacía desaparecer a los que se oponían al sistema de explotación y pretendían ser libres.

Y aunque parezca increíble, por estos días y en estas tierras – que otrora fueran habitadas por libertarios e infernales revolucionarios- existen personas que no solamente justifican a esos verdugos y sus métodos, sino que exigen que se les reconozca la incomparable misión de haber colonizado estas regiones y haber ordenado la fundación de Salta, como si esas actividades hubieran sido una obra de altruismo, amor al prójimo o solidaridad y no la mera estrategia de una infraestructura colonial para organizar y administrar el saqueo de los recursos a sus tierras de origen.

Y en los libros de las escuelas de hoy se cita como mérito del incivil virrey, que fue un visionario porque ordenó acuñar moneda. No se les informa a los alumnos, claro, que esas monedas no eran para los indios que las moldeaban en calurosas fraguas y sin pago alguno, sino para llenar galeones de alta mar que se llevaban a Europa todo lo que podían.

Mientras desinforman con su libretito típico, urdido a la sombra de la colonización pedagógica, pujan denodadamente por mantener monumentos absurdamente erigidos para la veneración de los genocidas y se niegan a alterar la nominación de avenidas que llevan sus nombres con la insustancial muletilla de que no se puede cambiar la historia. Otros esgrimen argumentos más importantes, como el horror de tener que modificar el domicilio en sus resúmenes de tarjetas de crédito.

Pensar que el General don Martín Miguel de Güemes ofrendó su vida para que esta tierra no fuera de los realistas y ahora los habitantes de su Ciudad se ofenden por un tardío y trasnochado monumento a la monarquía, mientras que los figurones de la tradición se engalanan cada 20 de febrero y cada 17 de junio con lujosos trajes de gauchos que los verdaderos gauchos no usan, y continúan defendiendo la historia que no conocen porque forma parte de la tradición colonial que identifica a Salta.

Y pensar que hasta se escuchó a una funcionaria municipal afirmar que sin el mamotreto del colonizador se perdería una atracción turística ¡Socorro!

  • Daniel Tort, abogado y periodista
    tdaniel@arnet.com.ar

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