De la cultura del dólar al golpe de mercado

febrero 8 /2014
Lic. Carlos Liendro

La economía no es una ciencia exacta. Las máquinas mediáticas nos lo quieren hacer creer. Repetitivas, contundentes, todo el día informan sobre el dólar, el oficial y el paralelo, pero principalmente de lo segundo [1].

Ya no solo quieren que se vaya el gobierno, sino que quieren que se vaya muy mal: en medio de un estallido, que poco a poco van goteando, con una inflación inducida, sobre los distintos sectores del trabajo, de quienes han sido incluidos socialmente, de las cadenas de producción.

Lo sucedido en estas últimas semanas es una manera que tienen los “grupos poderosos”, de decir aquí la economía la decidimos nosotros y no el Estado. La gente va entendiendo que ha sucedido en estos últimos 40 años, con el tema de las devaluaciones, porque al fin y al cabo quienes pagan los ajustes son los asalariados, los jubilados, todos aquellos que reciben programas sociales.

En 1975 fue el rodrigado, continuado por la dictadura cívico- militar en 1976 (donde concentraron el capital en pocas manos, acallaron los sindicatos, se endeudaron con los organismos financieros internacionales y desaparecieron a treinta mil personas); Ya en democracía, al gobierno de Raúl Alfonsin, le realizan el primer ‘golpe de mercado’, industriales, empresarios y banqueros en 1989, generaron la hiperinflación y dejaron la puerta abierta para el modelo neo- liberal del menemismo. “Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo” decía un ministro de economía inocentemente, como si le hablara a una sala de jardín de infantes.

En el 2001, luego del gobierno de la Alianza- con esas imágenes del helicóptero de De la Rua huyendo de la Casa Rosada- la quiebra de la convertibilidad. Aquel sueño de unos pocos (sectores medios que la han pasado muy bien) donde el dólar estaba uno a uno, sin tener en cuenta que ese modelo financiero, dejaba en la calle a millones de desocupados, cuando se cerraban miles de fábricas y destruía el aparato productivo. Ese sueño de esas clases medias se terminaba.

Pero muchos por ese tiempo tienen nostalgia, quieren que vuelva. Porque lo más peligroso de estas jugadas del dólar es la pelea por el poder. Ya no solo quieren que se vaya el gobierno, sino que quieren que se vaya muy mal: en medio de un estallido, que poco a poco van goteando, con una inflación inducida, sobre los distintos sectores del trabajo, de quienes han sido incluidos socialmente, de las cadenas de producción (principalmente el sector alimenticio). La gente no debe olvidar qué sucedió en diciembre de 2001. La compra de 6 millones de dólares (por parte de un empresario de la Shell) para luego volcarlos al mercado (y que el Banco Central tenga que salir a contrarrestarlos, vendiendo dólares) es un primer ensayo en estos dos años que quedan, para desestabilizar. Los están tanteando.

Hay que volver a explicar la economía. Una economía que debe distinguirse si se hace entre pocos y para pocos, o aquella donde el Estado tiene que incluir a los sectores de la producción y el trabajo y que debe generar más inversiones. Aquellos de ‘la bicicleta financiera’ son los que siempre están al acecho: ‘por un puñado de dólares’. Lo que se ha cambiado- guste o no guste a la ‘gente ilustrada y viajada’, es el modelo; que últimamente se vió perseguida por el control de sus ganancias y bienes. Lo que los medios denominaron ´cepos’ era una serie de impuestos. En primer lugar demostrar dónde había conseguido esas ganancias y luego declararlo ‘en blanco’. Los millones de dólares que muchos argentinos tienen en el extranjero (en bancos de Suiza, Miami, las Islas Caimán)- y que no los han sacado en estos últimos diez años- fueron parte de años de una mala planificación de la economía y de falta de control de ganacias. Ejércitos de contadores, abogados, consultoras son expertos en como llevar libros de contabilidad y sacar esa plata afuera tranquilamente.

Formaba o forma parte de la idiosincracia argentina. En términos macro, Argentina no tiene una burguesia industrial- empresarial, que invierta y crea en su país, como la tiene Chile o Brasil. Es decir, que no saquen el capital que ganan para llevarlo al extranjero, sino que lo inviertan en su lugar de origen. Algunos teóricos confirman que las oligarquías latifundistas no han dejado crecer una burguesia industrial, porque cuando el páís comenzaba y necesitaba desarrollarse (hacer un pasaje de la producción agropecuaria a la industrial), los poderosos de este país (quienes tienen negocios con el capital internacional desde el siglo XIX), comenzaron con los golpes de Estado. El primero fue a Yrigoyen cuando su gobierno- con las primeras exploraciones de petróleo en el sur- desde el Estado iba a encargarse de empezar a producir toda la industria de los primeros hidrocarburos [2] El segundo.- en un gobierno popular elegido por las mayorías- fue el derrocamiento de Perón y todas las consecuencias que trajo desde el ’55 en la historia de los argentinos.

Algo simple cuando se mira números, es que a partir de esa época comienza el endeudamiento con el FMI. Se piden préstamos (que pagaran los nietos y bisnietos de los argentinos), donde ese dinero sirve para ‘balancear’ algunos huecos de lo comercial- empresarial y para negocios de obras públicas que quedan entre los amigos del poder; pero nunca llega con beneficios a toda la población. En 1976- estando como ministro de economía un Martínez de Hoz [3] es cuando por primera vez las inmobiliarias (venta de departamentos, casas, alquileres) comienzan a tasar en dólares.

A la luz de la economía mundial, es en 1980 cuando concluye el ciclo (por lo menos para Europa y EEUU) del ‘Estado benefactor’. Son Margaret Tatcher y Ronald Reagan [4], quienes al llegar a sus respectivos gobiernos, son los representantes de un modelo ultraliberal y conservador. Ellos – como políticos- daban cuenta de los beneficios del capitalismo financiero. Ya el Estado no debería subsidiar planes de ayuda social, de salud, de educación. Afirmaban que las ganancias de los ‘intereses del capital’ en los bancos, sería la copa que se derramaría entre los necesitados.

El Estado desde la gran depresión en EEUU- que piloteó Roosvelt en la década del 30 con el modelo Keynesiano [5] fue quien invirtió y reguló para que las poblaciones no sufrieran hambre y salieran de la miseria. Concluida la Segunda Guerra Mundial, Europa comenzaba a reconstruirse. El Estado era el intermediario entre el capital y el trabajo.

El dinero fue invertido en la producción, para que los ciudadanos tuvieran derechos y la posibilidad de trabajar y crecer. Las diversas crisis que luego sucedieron, fueron llevando a un nuevo modelo puramente financiero. Eso nuestro país lo vivió en la dictadura y luego en el menemismo que entregó todo.

Hoy Europa con sus millones de desocupados lo está sufriendo. Lo que debe quedar en limpio son algunos puntos- por que los lobbys mediáticos no lo dicen- : que hay una economía desendeudada (se ha ido pagando millones por las deudas contraídas con el FMI en gobiernos anteriores), [6] existe un nivel de actividad y empleo alto (si lo comparamos con España, Italia, Grecia, Francia que hoy siguen las recetas del FMI), sigue habiendo exportaciones, [7] estabilidad institucional . Lo que se espera- como dicen muchos economistas- es más confianza. En esto la economía no es una ciencia exacta; porque cuando se les pregunta si la presión tributaria (un aspecto fue el tema de los cepos) a los economistas como Aldo Ferrer [8], dice que ‘no es exagerada pero tiene un límite y espera la recuperación de fondos argentinos que puedan ser atraidos a reincorporarse al sistema productivo’; es una cuestión de probabilidad y de riesgo.

Pensaba enviar un artículo sobre los ‘Treinta años de democracia’, hablar de mi querido Cuchi Leguizamón y su música, de los relatos de mi abuelo cuando trabajó en la construcción del ferrocarril en Socompa, del documental sobre Los niños de Llullaillaco, [9] temas de verano y vacaciones; pero siempre aparecen estos escritos de urgencia.

Nuestra economía y principalmente la inflación puede ser explicada como una fiebre en un enfermo, pero esta sería la consecuencia, hay que seguir aclarando cuáles son las causas de por qué las riquezas de nuestro complejo país no pueden ser disfrutadas por todos.