Depredación, tierra sublevada

Liliana Bellone
noviembre 13 /2009

El despojo y la devastación de América Latina están escritos en la literatura- más fidedigna a menudo que la historia- Desde las crónicas de descubridores y conquistadores, pasando por el período colonial, hasta el momento de la emancipación, la historia de nuestro continente puede leerse como una pugna constante entre las fuerzas de dominación y las de resistencia.

La depredación colonial se asentó en una ideología de la desigualdad y la descalificación de culturas. (Vea el trailer del filme de Solanas)

Ya constituidas las repúblicas, las oligarquías de turno negociaron y se vendieron a imperios e intereses foráneos, primero a Gran Bretaña y Francia, luego a los Estados Unidos.

Y aún hoy continúa la enajenación y el saqueo con que las clases dominantes se granjean los favores de los poderosos del mundo: las corporaciones y empresas multinacionales, niñas mimadas de las legislaciones lábiles y permisivas del neo liberalismo de los noventa coherentes con el debilitamiento del estado.

Esta cruda realidad es la que denuncia Pino Solanas en su documental sobre la minería a cielo abierto. Nadie ignora que la minería contribuye una gran riqueza natural y que, durante siglos, su explotación contribuyó a la hegemonía de reyes e imperios coloniales.

La depredación colonial se asentó en una ideología de la desigualdad y la descalificación de culturas. La depredación actual se asienta sobre la ideología del mercado que acude a parámetros científicos y técnicos, y a edulcoradas propuestas de desarrollo.



Con el argumento del trabajo, las mineras invaden, destruyen, contaminan … El ecosistema corre peligro y aunque algunos técnicos aseveran lo contrario, basta el sentido común para darse cuenta de que la mega minería no está hecha a la medida del hombre, sino que es una monstruosa empresa, una desmesurada intervención en la naturaleza, que arrastrará irreversibles consecuencias.

Se explota al máximo en el menor tiempo posible, casi sin intervención de mano de obra humano (no hay empleo por las inmensas maquinarias y químicos realizan la tarea), pues el Dios Mercado exige, es insaciable en su afán de ganancias. Los viejos socavones donde padecían los mineros, como muestra Manuel J. Castilla en ese magnífico libro de denuncia social que es Copajira, han cedido paso a otra forma siniestra de explotación, la destrucción del ecosistema, a través del envenenamiento del agua, de la fauna, la sequía y la aridez que matan del mismo modo que el ácido (copajira) corroía la piel y los huesos de los mineros de Bolivia.

Otra vuelta de tuerca del Amo, ¿sofisticación?, ¿complicidad con la ciencia y la tecnología?’

El excelente ritmo narrativo, los testimonios, la fotografía torna a La tierra sublevada en una obra maestra de arte testimonial que mueve a las conciencias. Y aquí es necesario aclarar que para hablar sobre los recursos naturales como responsabilidad del estado, no son necesarias las especificidades de geólogos, ingenieros o expertos en ciencias naturales, como no son necesarios los conocimientos de estrategia militar y balística para denostar la guerra, por lo que creemos que abogar en contra del enriquecimiento de las multinacionales que se llevan nuestros minerales, nuestro petróleo (y tal vez pronto el agua), exige solamente una posición patriótica y soberana, realista y dispuesta a no se cómplice del neo colonialismo.

  • Liliana Bellone, escritora.