Desventuras del "Cordobazo"

Néstor Peyret
mayo 25 /2009

El general Julio Alzogaray sudaba copiosamente. Avergonzado, le temblaban las rodillas y le longeaban las piernas sus enfundadas amarillentas botas de montar; sonrojado no disimulaba su furia en un pasillo del segundo piso de Casa Rosada: “Illia lo había retado como a un niño: -¡Fuera de aquí, el comandante en jefe de las fuerzas armadas soy Yo, cómo se llama Ud!”- le había dicho el mandatario a la hora señalada militarmente por los golpistas.

El "Cordobazo" del 29 de Mayo fue la insurrección más espléndida y admirable del Siglo XX.

Eran las siete y media de una gélida tarde el 28 de junio de 1.966. Don Humberto llamó a su canciller Zabala Ortiz y el valiente Alzogaray ordenó a la infantería de la ya “maldita policía “que arrojara gases lacrimógenos en el despacho rivadaviano. Illia y su ministro, con ardor en sus ojos salieron finalmente del brazo. Había comenzado el enésimo golpe militar y necesitaban acondicionar convenientemente el salón para la asunción de Onganía.

Tras vencer a los “colorados”, los “azules” habían engullido el bocado del león: impusieron como comandante en jefe del ejército a Juan Carlos Onganía. Poco tiempo atrás, el líder corporativista, se preparaba para la nueva revolución.

Mientras el peronismo se hallaba ocupado en el “operativo retorno”, la invasión norteamericana a Viet Nam se tornaba impopular en EE UU y el mundo, los chinos improvisaban su violenta “revolución cultural” cuando Mao detonaba su primera bomba nuclear, la familia Krieguer Vasena desembarcaba en el Ministerio de Economía, los Alzogaray comenzaban a levantar los ferrocarriles y norteamericanos asesinaban a Martin Luther King y al senador Kennedy.

Avanzaba la rígida Revolución Argentina, cuando sobrevenía el Mayo Francés, el IRA hacía estremecer Irlanda y dejaba sus huesos en este mundo el camarada Ho Chi Ming.

Los sucesos ocurrían con frenética velocidad presagiando en el país un Mayo Encendido -hablamos ya de 1.969- Comienza la escalada militar montonera. Luego, el 15, la policía correntina abate a balazos al universitario Cabral; en Rosario, el 17, la policía ataca enfurecida otra marcha estudiantil asesinando al joven Bello; el 21, nuevamente en Rosario una gigantezca manifestación contra el gobierno se lleva la vida de otro estudiante y ante la indignación popular creciente, Onganía ordena la militarización de la ciudad, las tropas ocupan todas las ciudades de la Provincia de Santa Fe.

El agravamiento de los acontecimientos genera levantamientos populares en toda la Argentina y en Córdoba, una huelga general convocada por organizaciones sindicales, estudiantiles y políticas, produce la insurrección más espléndida y admirable del siglo XX, el Cordobazo, el 29 de Mayo.

La muchedumbre ocupa “La Docta” y sus alrededores, las fuerzas del
“orden” son rebasadas, los protagonistas se atrincheran en gigantes barricadas y fortalezas improvisadas, se pliegan al movimiento hasta las altas clases, jóvenes y hasta niños, en clamor antimilitar.

Tres muertos el primer día. Las tropas del Tercer Cuerpo de Ejército, demoran la orden de ocupación veinticuatro horas. El día 30, ingresan desde La Calera por la avenida Colón las fuerzas militares bajo el mando del General Carcaño, convertido en jefe y gobernador militar de la polvorienta ciudad.

La resistencia de los más radicales, duró un par de semanas. La superioridad obvia de los soldados del régimen, preludiaba el resultado final: 33 muertos, 400 heridos y centenares de arrestos, torturas y vejámenes, mientras pocos días después Neil Amstrong, alunizaba su Apolo por la pantalla de la televisión estatal .

La lentitud del ingreso a Córdoba del Tercer Ejército, desnudó los enfrentamientos intestinos con los restos sobrevivientes “colorados” del ejército y la fuerza aérea, que se coronará luego con otro golpe marcial que mandó al olvido al General-Presidente.

Yo estaba ahí. Viviéndolo intensamente desde temprano, el 29 con mis escasos 18 años, cursando Derecho en la Universidad Nacional, me redescubrí junto a mis compañeros de la Facultad, siendo jefe de manzana a una cuadra de la Plaza Colón al atardecer de la primera jornada.

Había dejado la noche anterior mi lecho destendido y siendo un espécimen alegremente apesadumbrado, sobre mi mesa de luz habían quedado los Escritos Militares de Mao Tse Tung, la “Revolution daus la revolution” de Regis Debray, la más osada “Guerre du Peuple Armás de peuple”, junto al Manual de Introducción al Derecho, el Pequeño Libro Rojo y “Quién mató a Rosendo” de Rodolfo Walsh.

Muy tarde, casi no sintiendo el intenso frío me escapé un ratito hasta la sede del Sindicato de Trabajadores Mecánicos (el SITRAM) donde me crucé con mi amigo y camarada César Alvarez y todos compartimos un sándwich rociado de vino blanco abocado. Pude volver prestamente a mi puesto.

La juventud ardía en mi piel, mi espíritu y en mi improvisado lecho de campaña. Un escalofrío sudante en mi agotamiento físico, me hizo soñar dulcemente con mi madre.

El 30, a la hora de la siesta, mis jefes ordenaron retirada. Exhausto, llegué caminando a mi departamento en Barrio Pueyrredón, donde me esperaba una patrulla de Gendarmería. Seguí caminando tratando de no mostrar sospecha y pasando delante de ellos seguí mi camino hasta un sitio seguro. Seis meses después me arrestaron. Pero esa, es otra historia.

Por Néstor Peyret
npeyret@hotmail.com
Para Salta Libre.