EUA: Crónica de una muerte anunciada

octubre 21 /2008
Juan Carlos Cirilo

En el Forum Global Económico –celebrado en Nueva Cork el 16 de junio de 2006- el economista jefe del Banco Morgan Stanley, Stephen Roach, dijo: “El mundo no ha hecho, ni hace gran cosa para prepararse para la próxima crisis que se avecina”. El 24 de abril de ese mismo año había escrito: “Se perfila una importante crisis financiera internacional con su epicentro en los EUA.

Las consecuencias de esta llamada crisis financiera tendrán efectos letales en el sistema económico, por ahora en los EUA: Y muy pronto, sobre las economías de los países del 1º mundo.

Y las instituciones mundiales de control como el FMI. o el Bco. Mundial y la entera arquitectura financiera internacional, están totalmente desarmadas para enfrentarlas. Cierta sensación de anarquía domina las comunidades universitarias y políticas, que se revelan incapaces de explicar cómo funciona este nuevo mundo de las finanzas globalizadas”.

Unos meses antes (marzo de 2006) el mismísimo FMI dio una inesperada difusión a una obra, magníficamente documentada de Garry J. Schinasi, titulada Safeguarding Fnancial Stability. El prestigioso académico, entre otras cosas, escribía: “La desregulación y la liberalización que el Fondo y los partidarios del consenso de Washington promueven desde hace décadas, se han convertido en una pesadilla para el mundo entero”. Y en sus conclusiones afirmaba que “el desarrollo irracional de las finanzas globalizadas, conjugado con la desregulación, amplió el perímetro de la innovación en materia de finanzas e incrementó la movilidad de los riesgos”.

Un años antes, en 2005, la Oxford University Press, publicaba una obra de tres eximios profesores de esa casa de estudios, titulada Gobierno Global del Sistema Financiero (The Internacional Regulation of Sistemic Risk). También aquí las conclusiones eran alarmantes. “Los sistemas financieros nacionales son cada vez más vulnerables a un riesgo sistémico también mayor, y a un creciente número de crisis financieras”, decían.

No faltaron voces alarmadas provenientes de las más altas jerarquías de las instituciones oficiales financieras mundiales. Así, en el “76 th Anual Report” del Banco de Pagos Internacionales (BRI) del 26-06-2006, puede leerse: “La extensión y el campo de operaciones de los mercados financieros internacionales y la entera arquitectura del sistema evolucionaron según los caprichos del azar y su regulación, prácticamente inexistente, es ineficaz. Han triunfado los comportamientos económicos depredadores y a estas orientaciones es difícil encontrar una explicación lógica.

Explica que “no desea que sus temores generen pánico” pero afirma que “dada la compleja situación y los límites de nuestros conocimientos, es extremadamente difícil prever el giro que tomará todo esto”, aún admitiendo que “un big bang podría hacer tambalear los mercados ya que existen varias razones para preocuparse por cierto nivel de desorden”.

Alan Greenspan, presidente de la Federal Reserve de E.U.A. ya en el 2004 declaraba públicamente: “Debido a la desregulación y a la multiplicación de los instrumentos financieros, ya no es posible recoger ni cuantificar datos, sin embargo esenciales, puesto que la realidad escapa tanto a los banqueros como a los gobiernos”.

El mismo director general del FMI:, el español Rodrigo de Rato, lamentaba ya en mayo del 2006 que la situación general de las finanzas mundiales se veía acechada por nuevos riesgos, agravados en forma sustantiva por la debilidad del dólar (había perdido el 30% con respecto al Euro) y por el déficit fiscal y comercial de los EUA. Desde que asumió el gobierno del actual presidente G.W. Bush, el techo de préstamos federales otorgados al sistema bancario superó los 3 billones de dólares. En el 2006, era de 9 billones de dólares.

Estas citas, difundidas públicamente en diferentes medios internacionales, representan sólo un mínimo muestrario de las múltiples llamadas de atención provenientes de las más autorizadas voces de los distintos operadores del sector.

Todos sabían qué estaba ocurriendo y todos eran concordes en afirmar que el desenlace sería inevitable y fatal para la entera arquitectura del sistema financiero internacional. Sin embargo, las autoridades gubernamentales nada hicieron para evitar la catástrofe en ciernes. Al contrario, a través de las instituciones de control estimularon a los gobiernos de los países subdesarrollados a desregularizar más y siempre más, pretendiendo apagar el incendio con gasolina.

Ahora fingen sorpresa y perplejidad. Nadie podía preverlo, dicen.
Desde hace unas semanas, el presidente Bush se presenta ante las cámaras (14 veces en 15 días) para informar a la opinión pública mundial sobre las desastrosas consecuencias que esta crisis “inesperada” provocará sobre la economía de los EUA. y el mundo entero. Ojeroso, balbuceante, ruega a los miembros del Parlamento y al mundo entero que asuman sus responsabilidades y aprueben leyes que permitan seguir inyectando al “sistema financiero”, fondos públicos. Es el mal menor, dice Bush, de otro modo las consecuencias serían funestas para la economía mundial.

Es un intento pueril, sino cínico. Propone la cura de una enfermedad Terminal con una aspirina, ya que eso representa 1 billón de dólares estadounidenses ante la magnitud de los quebrantos ya verificados y aquellos que seguramente se verificarán.

El mal se difunde hasta las entrañas del cuerpo económico-social de los EE.UU. y el llamado primer mundo. 9.000 ejecuciones hipotecarias por mes desde hace un año. Millares de familias americanas dejan de ser propietarias. 150.000 puestos de trabajo perdidos cada mes desde hace un año (7% de desocupación en crecimiento). 10 millones de desocupados. El déficit fiscal para el año en curso en los EE.UU. será de 432.000 millones de dólares.

Se congeló el crédito bancario y ya el Estado de California ha declarado no disponer de recursos financieros para sus normales gastos administrativos. Condados en quiebra ante los tribunales locales.

Las consecuencias de esta llamada crisis financiera tendrán efectos letales en el sistema económico, por ahora en los EUA: Y muy pronto, fundamentalmente, sobre las economías de los llamados países del 1º mundo.

En los centros internacionales, desde donde se deciden las políticas comunicacionales que deberán adoptar las “plataformas multimediáticas”, se elaboran estrategias. La forma está decidida.

Será una crónica en capítulos regulados, en píldoras edulcoradas, para evitar que el efecto shock provoque pánico. Serán la crónica de una muerte anunciada.

Juan Carlos Cirilo
Es periodista de F.M. Libre. V. Las Rosas.