El Congreso publicó una novela de Liliana Bellone

julio 13 /2010
Idangel Betancourt

Liliana Bellone, escritora

El Congreso Nacional publicó una novela de una escritora salteña “Eva Perón, alumna de Nervo”, la cuarta novela de la poeta y narradora salteña Liliana Bellone. El libro acaba de ser publicado por la Biblioteca del Congreso de la Nación en la colección del Bicentenario. La autora, premio Casa de las Américas 1993 por su novela Augustus, retoma la figura de Evita desde el aspecto más humano, evitando así, caer en los aspectos míticos que suelen acompañar la literatura sobre la controvertida mujer.

"El provincianismo encierra algo de siniestro, lo excesivamente familiar. Evita quiso escapar de su destino provinciano, fantaseaba con ser actriz..."

Bellone, recibe a Calchaquimix en un café del centro. El teléfono la interrumpe constantemente con llamadas de amigos felicitándola por la publicación. Coloca sobre la mesa una bolsa con varios ejemplares destinados a regalar. Habla sobre su nueva novela y se hace inevitable recordar a la “Santa Evita” de Tomás Eloy Martínez.

Llegan las tostadas con el café y comienza a desplegar sus manos de escritora sobre el humo cotidiano. La conversación va y viene sobre historias paralelas de Evita, su primeros pasos en Buenos Aires que es como comienza la narración, las imprecisiones históricas provocadas por el matrimonio Perón.

Hasta que finalmente la conversación avanza hacia el interior de la novela que gestionó el diputado salteño Osvaldo Salum para su publicación en el Congreso de la Nación, dentro del proyecto editorial del Bicentenario.

Una novela sobre Evita escrita por una mujer, ¿cuánto puede influir la marca de género en relación con otros textos que se han escrito sobre la misma figura?

- Por ejemplo, la novela de Tomás Eloy Martínez es una visión demasiada masculina que de algún modo reproduce el mito y la leyenda. Yo quise situar a Evita más allá de eso, como ser humano; descubrir su infancia, su formación como actriz; la relación con las otras mujeres: la madre, la hermana. Por su puesto, su relación con el amor, la muerte, sin dejar afuera su militancia y hasta su fanatismo, esa pulsión de un deseo que la lleva al martirio.

El caso de Eva es algo que la historia no puede dilucidar. Según Tomás Eloy, el día de la Renunciación Perón le anuncia la enfermedad; entonces ella le habla al pueblo y le dice que renuncia a ser candidata a Vicepresidente. Algunos dicen que fueron los militares quienes presionaron a Perón para que ella se baje. Ejercer el poder para una mujer es difícil. Es como si siempre estarían condenadas a renunciar.

¿Cuánto de ficción y de testimonio domina la historia que contás?

- En realidad es una novela biográfica. La ficción estaría en la inmanencia de una conciencia construida a partir de los rumores, de las voces que van conformando y se imponen en la historia.

He tratado de hacer una novela bien argentina, con los mitos, la cosmovisión, los tabúes, el paisaje, la despatriación, etc.

El título la presenta como una alumna de Nervo, esto da desde el inicio un aire poético a tu historia ¿hasta dónde se refleja esto en la novela?

- La idea es que solamente un poeta podría entender a esta mujer. La historia está contada por un personaje de ficción, el poeta Joaquín De Genaro, quien mira la historia con ojos de poeta.

La lírica es necesaria para mostrar esa vida efímera que se incendia en su propia pasión. Los intertextos con los poetas Amado Nervo, Rubén Darío, Leopoldo Lugones, la poesía gauchesca y el tango, aportan el ambiente de una vivencia argentina.

La vida de Eva Perón, cruzada con el sueño de una provinciana, la actuación, el mito, se parece a una novela de Manuel Puig…

- Totalmente. Hay una biógrafa de Evita, Marisa Navarro, que relaciona las novelas de Puig como “Boquitas pintadas” con el destino de esos pueblos argentinos como en el que nace ella.

He ido construyendo esa constelación familiar. La madre abandonada. Las hijas casaderas. Las dos se casan con un “buen partido”. Incluso la educación de típica familia burguesa argentina. Hay un capítulo sobre educación, donde digo que tanto Evita como el Ché son producto de la educación sarmientina y burguesa y terminan siendo revolucionarios, cada uno a su manera.

El tema de lo provinciano es permanente en todas tus novelas

- Debe ser porque uno lo siente y padece, y a la vez te enriquece. Lo provinciano tiene sus valores. Pero el provincianismo encierra algo de siniestro, lo excesivamente familiar. Evita quiso escapar de su destino provinciano, fantaseaba con ser actriz, veía películas de “Hollywood”.

La idea de la actuación está muy presente en Evita

- Exactamente, ella decía que ser primera dama era un papel que le tocaba representar, pero que no le gustaba. Y que el papel que le gustaba representar era el de Evita junto a los trabajadores. Por eso pide ser recordada como la mujer humilde que estaba al lado de Perón.

  • Liliana Bellone es salteña, profesora de Letras, narradora, poeta, ensayista y crítica literaria.
  • Columnista invitada de Salta Libre y Calchaquimix.