El Gobierno y la muerte de Patricio Giménez

noviembre 26 /2009
Néstor Peyret

El domingo último dejó sus huesos en Salta Don Patricio Jiménez. Intérprete genial del Dúo Salteño, traductor extraordinario de las locuras artísticas del Dr. Gustavo Leguizamón. Simplemente inadmisible. No debería existir perdón, porque los pueblos que olvidan su memoria vernácula, están condenados al fracaso.

En la noche la soledad “desesperá” (Bersuit Ver Garabat)

"Soy de tierra y a la tierra volveré. Como las palomas ansiosas de volar, hojita en el viento “Cuchi querido”volverás en la siguiente primavera, vestido de flor, como el llanto del cacúi y la fiereza del quebracho".

"Que vida la de tu boca, que lástima sin dolor; no tengo miedo al invierno con su recuerdo lleno de sol". Cuando me pille la muerte solo esa zamba me recordará. Una corzuela se va vagualiando de corazón. ¿cómo puede vagualear la corzuela? Solo si es salteña flor.

El Gobernador transformó, una vez más, la Ley de Ministerios. Más vale corto, pero bueno. No es suficiente Juan Manuel Urtubey. Se trata de canje de hombres y no de títulos. De qué vale un cambio público si no se trata de un recambio de protagonistas que tengan la ideología y las pelotas para protagonizar una permuta verdadera.

El Gobernador, necesita un equipo de primera; con elegante respeto por las divisiones inferiores, resta tentar la impronta de atreverse a un“mundial”. Si los colaboradores no están al tono, el Mandatario está en riesgo, sigue haciendo esfuerzo pero parece que los consejos son de malas compañías, culpa de algunos inútiles que lo acompañan.

El domingo último dejó sus huesos en Salta Don Patricio Jiménez. Intérprete genial del Dúo Salteño, traductor extraordinario de las locuras artísticas del Dr. Gustavo Leguizamón. Acompañado de poetas, artistas, amigos y su estimable familia, fue cruelmente ignorado por los poderes públicos. Es una irreverencia supina por la misma barbarie que anida en las nuevas generaciones de funcionarios. No se puede entender que muchos de los actuales gobernantes, se nutren de “mercaderes de la cultura” de la fauna y la flora nativa y doméstica.

Simplemente inadmisible. No debería existir perdón, porque los pueblos que olvidan su memoria vernácula, están condenados al fracaso. Nuestros gobernantes deberán realizar un esfuerzo adicional, para realmente educarlos en el amor y el recuerdo respetuoso por la historia de las tradiciones de sus mayores; de otro modo serán más parecidos a los hijos y nietos de inmigrantes europeos que no reconocen “nada” de nuestra nacionalidad. Es una reflexión, solo diaguita-básico
Pero, a otra cosa, mariposa.

Un arzobispo para Latinoamérica. Desde Potosí hasta el río Tunuyán, se ha extendido históricamente el Imperio Diaguita. Sus amautas y altos sacerdotes, antropológicamente se han simbiotizado con sus pares de la Santa Madre Iglesia Romana; preservando secretamente, como corresponde a toda civilización agredida por europeos sin prejuicios, codiciosos y tiránicos, todos sus ritos y creencias llamadas “paganas”. El Inca y el Emperador Calchaqui, ordenaron bajo pena de sangre, “guardar las tradiciones herméticas”.

Los altos prelados que por tierra pasaron, fueron muchos e ilustres. El Collasuyo Yupanqui, “lo que no termina”, con su capital en la antigua Chicoana, hoy Cachi, recibió al fraile Francisco Galán en 1.543.

En la fundación de Don Lerma, ordenada por Su Graciosa Majestad Felipe II, estuvieron ilustres prelados: Fray Francisco de Victoria, obispo, el Deán Francisco de Salcedo , el Gran Comendador de Nuestra Sra. De las Mercedes, Fray Francisco Gómez y Fray Bartolomé de la Cruz, Prior de la Orden de San Francisco, aunque fuere redundante, “franciscos varios”.

En el reverdecer de 1.760, el presbítero don Francisco José Fernández, doctor él, componía el texto intemporal de nuestra novena del milagro salteño, sepultaba El Señor la ciudad inculta de Nuestra Señora de Talavera de Esteco. Luego fue de gloria y esplendor el principado de Monseñor José Tabella, logrando de Roma el honorable título de Basílica Menor al Santuario del Milagro de la Catedral Metropolitana en 1.999. Ya en 1.902, Monseñor Linares, había traído: de oro las coronas de nuestros patronos tutelares.

Hoy, después de tanto hachazo litúrgico, monseñor Cargnello, será designado por el Papado, obispo dicente de Latinoamérica, incluso, dejando en llano, nada menos que al obispo –Puerta de Hierro- monseñor de Buenos Aires, jefe político de muchos “reconquistas salteños” . Se quedó sin cetro Monseñor Berboglio.

Quedan en la memoria dos hidalgos sacristanes de los años 1.600. Cómo no recordar a los Dones Pedro de Montenegro y Juan Angel de Peredo, quienes fueron los primeros testigos de la Virgen Reina ante el cese de los terremotos salteños, arrodillada, espléndida y radiante Virgen del Milagro.