El MAAM: un museo para el cadáver de la ética

Idangel Betancourt
noviembre 22 /2010

Museo cuestionado

“Lo indio en el ámbito de la visión del mundo occidental no tiene ninguna validez política, social o artística; es decir que no entra vitalmente a formar parte de dicho ámbito. En este sentido lo indio es considerado estrictamente lo muerto, y por lo tanto es relegado al museo como lo monstruoso y aberrado”. (Rodolfo Kusch).

Sobre la "celebración" de un nuevo aniversario

El Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM) deja a los salteños poco que celebrar y mucho por reflexionar.

La estrecha relación entre el interés científico y el respeto por lo humano, es vulnerada cada día, cada hora de exposición de los cuerpos de los tres niños encontrados en la cima del Llullaillaco.

El martes 23 de novienbre, a la 19.30 horas, en la sede del Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM), Mitre 77, la Secretaría de Cultura de la Provincia celebrará un nuevo aniversario de la apertura del museo, promocionando la actividad como un espectáculo circense donde el visitante podrá percibir en la exposición aniversario “niveles de detalle simplemente asombrosos”. Ver: www.culturasalta.gov.ar

El MAAM está de cumpleaños

Conviene a los “guardianes oficiales” promover el asombro sobre las culturas originarias como si fuese un hecho acabado aquel mundo del que provienen los Niños del Llullaillaco. Conviene exponer todo como una maravilla lejana, porque mientras más lejana, maravillosa y única, más invisible se tornan las culturas originarias que viven en la provincia de Salta.

Muchos de estos pueblos no tienen tiempo para el asombro, se acomodan históricamente a la represión de los empresarios y políticos, trabajando en forma precaria en lugares donde el turista llega, se asombra y deja beneficios que nunca llegan a sus comunidades.

Así lo expresó a este medio Carlos Vara, un delegado de la comunidad Suri-diaguita-calchaquí; en referencia a la exposición de los cuerpos en el MAAM, “no solo violaron la tumba de nuestros ancestros, sino que no vemos ningún beneficio, porque ellos cobran entradas”.

No debe entenderse la reflexión de este delegado como un reclamo económico específico sobre el MAAM, pero sí expone el tamaño del atropello que pesa sobre estas culturas que constantemente son sometidas a operaciones de silenciamiento, en nombre del progreso turístico o de la ciencia. En el caso del MAAM, se juntan ambas causas civilizatorias: turismo y ciencia a favor de una cultura que deglute a las minorías.

Ningún ensayo científico justifica el desprecio a otras culturas o a la propia. La humanidad no es mejor desde 1999 gracias al análisis científico a que se sometieron los cuerpos del Llullaillaco. Pero sí junto a los datos recolectados de ese estudio, se apuntó una humillación más sobre los pueblos que se sienten parte de esa cultura.

En tanto, desde que abruptamente a finales de 2008, el Ejecutivo decidió subordinar el área de Cultura al Ministerio de Turismo, las actuales autoridades se niegan a fomentar un debate abierto sobre la relación entre turismo y cultura. Se frena de este modo en los hechos el reconocimiento a la diversidad cultural.

El museo con los Niños del Llullaillaco

En el caso específico del MAAM y su relación con el turismo, Américo Castilla (director Nacional de Patrimonio y Museos 2003-2007), advirtió en su momento: “Se debe tener especial cuidado en no oponer a la ciencia con la sacralidad y sobre todo no hacer uso de la sacralidad para satisfacer la curiosidad de los turistas que visitan los museos”.

Representaría un hecho saludable que los pueblos originarios y la sociedad salteña puedan debatir sin presiones el significado del MAAM para las culturas. La profanación ya fue consumada, el museo ya existe, pero seguramente son posibles alternativas que reparen tales hechos y que permitan a los pueblos originarios tener incidencia en la suerte del MAAM y en la representación de hechos culturales de los cuales fueron y son protagonistas.

Sobre el respeto a los criterios de las diversas culturas, el Código de Ética Profesional de Consejo Internacional de Museos (ICOM), es claro cuando expresa en el punto titulado “Responsabilidades profesionales respecto de las colecciones”, que “el museo tendrá que responder con diligencia, respeto y sensibilidad a las peticiones de que se retiren de la exposición al público restos humanos o piezas con un carácter sagrado. También se responderá de la misma manera a las peticiones de devolución de dichos objetos. En la política de los museos se debe establecer claramente el procedimiento para responder a esas peticiones”.

Mientras esto no suceda, el MAAM será la memoria de una humillación en nombre de un supuesto cientificismo que responde a intereses hegemónicos, tal como el Galileo Galilei de Bertold Bretch, quien teniendo la oportunidad de poner la ciencia en manos de todos, calla para sobrevivir y deja así el saber en manos de los poderosos. Tal como la tierra se mueve, las culturas originarias perviven. El Museo de Arqueología de Alta Montaña, al igual que Galileo, silencia de algún modo esta verdad.

Las autoridades, la sociedad salteña, los turistas argentinos que son parte del “asombro”, deben recordar que este museo es un desafío a la Constitución Nacional que establece que el Congreso de la Nación reconoce la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos, garantizando -concurrentemente con las provincias- el respeto a su identidad y “asegurando su participación en la gestión de los intereses que los afecten”.

Del mismo modo, la revista argentina Ciencia Hoy (Nº 51, 1999) estimó en su editorial titulada: “Ética, Ciencia y Divulgación”, que la exhibición de los restos de las momias de Llullaillaco, provincia de Salta, constituyen: “...falta de consideración, rayana con el desprecio por la humanidad de los integrantes de una antigua cultura indígena”.

Desde esta perspectiva, el MAAM deja a los salteños poco que celebrar y mucho por reflexionar.