El camaleón, mamá, el camaleón…

septiembre 17 /2011
Daniel Tort

Camaleón es el nombre comúnmente asignado a una especie de lagartos, cuya más conocida cualidad es la capacidad de alterar el color de su piel en circunstancias de sentirse amenazados o cuando se verifican cambios bruscos de las condiciones de temperatura, luminosidad, humedad, etc. La presencia de cierta cantidad de hormonas que inciden sobre las células que dan lugar a los pigmentos es la causa de este fenómeno. En ocasiones, esta condición les sirve para adaptarse al ambiente que los rodea y pasar desapercibidos antes sus predadores. Es una cuestión, al fin y al cabo, de supervivencia.

Cargos por obra y gracia de los aparatos partidarios; funcionarios y políticos que también cambian de color con la velocidad de la luz...

Este nombre ha sido adoptado también por una conocida empresa fabricante de tan útil como descartable elemento de profilaxis, que en variadas gamas y colores se adaptan fácilmente a todos los tamaños y ambientes.

En el mundo de la política, que el pasaje bíblico del apocalipsis identifica como el mar eterno del que surgirá La Bestia del Apocalipsis –imagen que se hizo muy popular con la escena final de la película La Profecía-, la figura del cambiante personaje que se adapta como el Chamaeleo Chamaleon es muy frecuente. Y la vorágine de la información que nos abruma cada día nos torna olvidadizos del pasado reciente. Jorge Luis Borges solía decir que no había nada más viejo que el diario de ayer y que con un sólo diario por siglo bastaría. También decía que lamentaba que la información hubiera sustituido la cultura. Tamaña frase.

En estos días se ha anunciado con bombos y platillos, trompetines, flautas, churumbeles, clarinetes y demás instrumentos de viento, que el abogado porteño Pablo Francisco Juan Kosiner efectuó una especie de renunciamiento histórico para preservar la ética de no ejercer el cargo ministerial a la vez que debe llevar adelante su campaña a diputado nacional. Un verdadero brulote político más falso que dólar rojo, si se tiene en cuenta que precisamente ejerciendo esas funciones hizo toda su campaña previa a las elecciones primarias y ahora, recién un mes antes de las legislativas en las que no correrá riesgo alguno por encabezar la lista del oficialismo, lleva adelante su supuesto sacrificio.

Bondades que todos estos personajes del mare aeternum pueden disponer graciosamente cuando se les antoje por obra y gracia de los gastos reservados -otrora llamados con mucho acierto por Sergio Poma como gastos escondidos- con los que el otro joven abogado a cargo del Poder Ejecutivo de la Provincia le facilitará el agónico lapso de la transición hasta que pueda completar el tan ansiado trámite en el Congreso de la Nación y empiece a percibir el jugoso salario.

Toda esta secuencia inevitable del futuro próximo en la pobrísima actividad de la política salteña, no es ni más ni menos que la puesta en escena de un presupuestario eterno que, como el mencionado ovíparo reptil multicolor, sabe adaptarse rápidamente a los cambios para sobrevivir. Claro que en el caso del animalito su particular facultad se justifica porque de su natural argucia depende nada menos que sobrevivir. En cambio, en la situación del polivalente letrado existen otras opciones. Por ejemplo, podría intentar trabajar.

Por esta facilidad extrema para adaptarse que mencionamos, el letrado Pablo Francisco Juan Kosiner pudo ser –según su propio curriculum vitae- convencional municipal por la Capital, redactor de la Carta Orgánica Municipal, asesor legal de la Dirección General Impositiva y entre sus antecedentes políticos se desempeñó como Prosecretario de la Cámara de Senadores de Salta, Secretario de Estado de Gobierno de la Provincia de Salta, miembro del Directorio del Instituto Provincial de Seguros (IPS); Diputado Provincial mandatos 1999-2003 y 2003-2007 y hasta hoy por cierto Ministro de Gobierno, Seguridad y Derechos Humanos. Áreas todas estas de manifiesta incompatibilidad, pero que al gobierno de Salta parecería no importarle absolutamente nada.

Antes también tenía a su cargo el área de Justicia, hasta que la señora María Inés Diez quedó sin empleo político por vencimiento de su mandato legislativo y se le asignó este Ministerio para que no tuviera que acudir al Anses a reclamar el fondo de desempleo. También menciona el candidato en su página oficial que ejerció como abogado, presunción que los letrados solemos llamar juris tantum (que podría probarse lo contrario, es decir que nunca ejerció realmente).

Así, desde 1999 y hasta la fecha, el cambiante candidato supo afrontar la vertiginosidad de los cambios de la política de manera impecable y del riñón del Romerismo más obediente acompañó todos los cambios nefastos de los años noventa por mandato de La Rata* y sus secuaces, entre los que se contara al frustrado candidato a vicepresidente con el que la efímera fórmula fracasó con todo éxito. Y hoy aparece como Cristinista de la primera hora, ocupando nada menos que el primer lugar en la lista de candidatos oficiales y recibiendo como despedida de parte del joven Gobernador el elogio de haber sido el mejor ministro de su administración ¿No será medio mucho? Y en sus últimas palabras como funcionario de la Provincia manifestó que con su sucesor se verificará la continuidad de un proyecto, sin que a nadie le quede muy claro a qué proyecto se refería.

Mientras tanto, y agazapado entre la maleza del olvido transitorio, el verdadero motor de funcionamiento de ese Ministerio, a partir de hoy a cargo del joven Maximiliano Troyano, el Secretario de Seguridad, Aldo Rogelio Saravia, se mantiene en silencio y pasando desapercibido, a cargo de nada menos que el manejo –o desmanejo según se mire- de la Policía de la Provincia de Salta. Después de todo también él ha sabido adaptarse rápidamente y lograr ser tanto Juez de Instrucción como Procurador de la Provincia en la época más álgida del Romerismo represor y saltar a las huestes de su rival en un periquete para seguir en carrera.

A este juego perverso e inescrupuloso de sobrevivir a cualquier precio y aceptar figurar en cualquier cargo, ora como tal cosa, ora como otra, se le conoce en la jerga común como ser un especialista en generalidades. Un bueno específico en nada. Pero como no se rinde examen nunca, no se evalúa productividad, no se toma asistencia, y todo es gracias al llamado juego de la democracia -que juegan siempre ellos y los demás la ven pasar-, queda reafirmada por ellos mismos la supuesta legitimidad de los cargos. Y por obra y gracia de los aparatos partidarios, que también cambian de color con la velocidad de la luz, se arman las listas a dedo mientras se ensalza la participación y el compromiso. Y siga el corso nomás. Después de todo quien armó esas listas, hace apenas unos años escribía un libro alabando las hipotéticas dotes de estadista de Juan Carlos Romero Di Gangi. Aunque él no quiera acordarse de esos tiempos tan recientes como inconvenientes para validar la legitimidad que tanto les gusta ostentar.

  • Daniel Tort
    Abogado y periodista