El cementerio está lleno de imprescindibles

julio 28 /2013
Daniel Tort

En alguna oportunidad hemos comentado el discurso que diera el joven gobernador Juan Manuel Urtubey, en el deteriorado hotel termal de Rosario de la Frontera, ante un auditorio formado por funcionarios de diversos niveles convocados a ese solo efecto, y decíamos entonces con cierta preocupación que algunos términos del mandatario ante su equipo de gobierno resultaban cuanto menos preocupantes.

Se exhibieron sin pudor afiches que indicaban que el auto postulado era la mejor opción a considerar porque llevaba la misma sangre. Otra vez, la superioridad genética derivada de la sola condición de ser de la familia, otra vez la confesión explícita de creerse un elegido.

Aquella alocución (que a quien le interese y tenga la suficiente paciencia puede encontrar para leer en forma completa en la página de Juan Manuel Urtubey) estuvo plagada de invocaciones místicas, arengas de luchas, voladuras de puentes, batallas imaginarias, requerimientos de adhesión fanática a quienes le escuchaban y declamaciones de haberlo resignado todo por su vocación política. Hasta llegó a contener la ya famosa frase de que él era una persona “que tiene esa llama sagrada que a donde va, el resultado lo consigue”.

Una pieza oratoria tan curiosa debería haber sido prudentemente olvidada si se quiere guardar mínimamente las formas, pero lejos de eso está colgada en un lugar preponderante, en la mencionada página oficial.

Quienes sentimos sincera preocupación por esos desvaríos, albergábamos la ilusión de que el joven gobernador hubiera estado un poco alegre por algún imprudente brindis tempranero, porque si lo vociferado esa mañana era fruto de un meditado discurso regado solamente con agua mineral, la situación se tornaría alarmante.

Poco tiempo después el gobernador, haciendo gala de un papel de magnanimidad y desprendimiento y por cierto de evidente soberbia y sentimiento de superioridad, calificó a todos los ex funcionarios del gobierno romerista que rápidamente habían trocado en urtbeycistas de la primera hora, como “libertos”. De esa forma se denominaba en la antigüedad al esclavo que por manumisión de su amo se le concedía la libertad. Se colocaba así el impetuoso mandatario en posición de señor generoso hacia vasallos con suerte. Nuevamente fue inevitable alarmarse, no tanto por la ya admitida convicción de que él es un elegido, sino por la insoportable pasividad de los mismos funcionarios que no solamente no se ofendieron por el calificativo, sino que hasta hubo algunos que lo festejaron.

En oportunidad ya más cercana en el tiempo, para promocionar al candidato ungido por el mismo gobernador y no por casualidad su hermano mayor, Rodolfo “Tolo“ Urtubey, se exhibieron sin pudor afiches que indicaban que el auto postulado era la mejor opción a considerar porque llevaba la misma sangre. Otra vez, la superioridad genética derivada de la sola condición de ser de la familia, otra vez la confesión explícita de creerse un elegido.

En el presente febril de la carrera por los comicios cercanos, y ante la objetiva, evidente e irremediable realidad de que el hermano propuesto no mide bien, el gentil hombre a cargo de la Provincia filmó un spot publicitario en el que curiosamente no aparece el pesado candidato sino él mismo, para hacernos saber que detrás de su hermano siempre estará él. Toda una confesión presurosa de que a quien han propuesto, no lo pueden imponer a pesar de todos los foto shops aplicados en los afiches. Y ante esa irremediable realidad Juan Manuel Urtubey decide que la solución es aclarar –u oscurecer según el perfil de quien mire- que aunque el hermano no sea una propuesta muy buena, al fin y al cabo el que estará detrás será él, el único, algo así como el "Chapulín Colorado" al salvataje de lo imposible.

Y para frutilla del postre, aparecieron en estos días unas gigantografías que postulan a un intendente del norte Provincial a legislador nacional, junto a la foto de la Presidenta, y otra vez más, la del gobernador Urtubey, con la leyenda “Imprescindibles para Salta”. Ahora ya no es quien ha resignado todo, ni quien batalla en luchas incansables, ni el que lleva la llama de los elegidos, ni el candidato detrás del candidato, ni el generoso amo libertario, no señor, para qué andar con chiquitas, ahora es el imprescindible. Tomá pa´vos.

Esta urticante realidad de nuestra Salta, más allá de las ironías y las jocosidades, demuestra una problemática del ejercicio del poder político que nos afecta a todos, y que evidencia, que nuestro gobernador no tiene equipo de gobierno, y por eso debe estar en la misa y en la procesión al mismo tiempo, y que no sabe, no quiere o no tiene ni esclavos ni libertos a los cuales pueda delegar responsabilidades, y en eso de andar de monaguillo y campanero a la vez, en lugar de avanzar atrasa.

En ese engreimiento de superioridad, el joven mandatario no solamente está cada vez más solo, sino que en su empecinamiento nos está arrastrando a todos.

Entre los mayores yerros de pujar hacia la imprudencia, está su anuncio reciente –apoyado por los acólitos succionadores de calcetines que nunca faltan- de que si no llega a calificar para las presidenciales del 2015, irá por un tercer mandato Provincial colgado de la oportuna reforma interpretativa de la Carta Magna que hiciera su mentor político, el ex gobernador Juan Carlos Romero, quien trascendiera no solamente por sus repentinas riquezas, sino por haber acuñado la famosa sentencia constitucional de que en Salta, dos quiere decir tres.

Sería bueno para todos los ciudadanos salteños que el joven mandatario comprendiera, más temprano que tarde, que no hay mortales imprescindibles. El cementerio está lleno de ellos.

  • Daniel Tort, abogado y periodista
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