El co-gobierno en retirada

abril 28 /2008
Dr. Carlos H. Saravia

Marta Torino

La semana pasada, mientras a nivel nacional causaba sorpresa la renuncia del Ministro de Economía, en Salta se produjo otro exilio funcional que pone en evidencia similitudes con el perfil autoritario de la presidente y su consorte. El círculo del gobernador ha comenzado a cerrarse con gestos contundentes y los cambios en el gabinete provincial parecen responder a una estrategia de concentración que se recuesta sobre el justicialismo y margina a los partidos de la coalición con los que triunfó el pasado 28 de Octubre.

Algunos alenta otros cambios en las carteras de Medio Ambiente y Salud, encabezadas por funcionarios que no responden en plenitud con el proyecto individual.

Martín Lousteau carecía de diálogo directo con Néstor Kirchner y había avanzado con sus recomendaciones de reducir el gasto público y desacelerar un alto crecimiento que produce exagerado efecto inflacionario. La respuesta la recibió el jueves junto a las diatribas que dirige el ex presidente a todo aquel que no comparte su empecinamiento continuista. Estaba prevista su salida desde que se avanzaba en consultas con Melconián, Lavagna, Blejer y Redrado. Un arranque de hidalguía condujo a Lousteau a la dimisión.

Fieles a su estilo, los operadores mediáticos de la Casa Rosada le adjudicaron, de
inmediato, la responsabilidad total de la crisis política desatada por el incremento
de las retenciones a la exportación que afectaron al sector agrario. Según esta
versión el joven ministro condujo al gobierno hacia el desfiladero de la desaprobación ciudadana y fue castigado con la expulsión. Ninguno mencionó que los prospectos de reemplazantes habían coincidido con el diagnóstico y las medidas de Lousteau.

Urtubey no emitió declaración alguna frente a un panorama de gravedad económica que repercute no sólo en las finanzas locales sino que, de persistir, se traducirá en estancamiento productivo y mayor recesión. Por el contrario, asistió a la asunción de Carlos Fernández, de la mano de su asesor financiero Fernando Yarade, a quien se lo interroga casi a diario sobre un supuesto reingreso al gabinete “del cambio”.

La referencia del episodio “Lousteau” no es ociosa pues Marta Torino de Morales también ha probado una dosis del estilo “K” en Salta. De extracción renovadora, tampoco tenía fluido contacto con el gobernador ni pertenecía al grupo de los “paladares negros” del urtubeysmo. Luce ingenuo pensar que el affaire de los “kits escolares” es la causal de deserción de la Ministra de Educación. Las responsabilidades no fueron aún desovilladas tras las expresiones de Torino, que adjudicaron la concreción del contrato de impresión de los polémicos libros a una acción directa de la gobernación.

El 1º de Abril Urtubey se había jactado ante las Cámaras Legislativas del inicio sin
traumas del período lectivo, como también del reacondicionamiento de los establecimientos escolares en medio de una excepcional temporada de lluvias. Hasta se pegaron carteles exagerando el derrotero educativo.

En sólo 24 días los aparentes logros fueron desconocidos y a la titular del área se le imputaron variedad de defectos y un yerro que, a pesar de su robustez, no habilita a la destitución sino dentro de un contexto de valoración más amplio. Mucho menos cuando, frente a numerosos desaciertos, se instala como excusa que apenas transcurrieron una centena de días para un gobierno de buenas intenciones condicionado por el saliente.

No puede sostenerse que la histórica reivindicación de la soberanía nacional sobre las Islas Malvinas está comprometida por un mapa impreso en improvisados complementos didácticos. Es más razonable concluir que la sobreactuación de méritos que no responden a una elaborada política educativa entrampa a la actual gestión y la obliga a respuestas desmedidas. La magra realidad se esconde tras las urgencias por mostrar un cambio que sólo se advierte en los discursos y no en las acciones de gobierno.

Mimetizando el bastardeo informativo nacional, ministros y periodistas adictos detectaron falencias locales de las que sólo Torino fe culpable. No se olvidaron de señalar que Urtubey es el jefe. Es obvio que, para los adictos que no padecieron aún los efectos del ánimo volátil del gobernador, la presunción de inocencia solamente ampara a éste y no a sus colaboradores a quienes se les reserva el rol de fusibles bajo el inveterado discurso de la discrecionalidad de la decisión política.

El Partido para la Victoria ya lo había sufrido con el reemplazo de Silvia Miranda en Desarrollo Humano. La medida fue un acierto, aunque fue reemplazada por un mediocre técnico heredado del romerismo que advierte el jaque del exilio desde un ministerio empantanado por su dependencia de los programas nacionales -con presupuesto reducido tras la crisis-, asfixiado por las promesas electorales y con escasa cintura política.

Para el Partido Renovador de Salta no significa solamente un retroceso en el
cogobierno –que pretenden y no existe- sino un punto de inflexión que puede
obligarlos a discutir una reformulación de la alianza política. Es que no fue el vicegobernador el que propuso al reemplazante, sino el primer mandatario. El
presidente del Comité Capitalino Julio Devita ha planteado públicamente que se trata de la pérdida de un espacio de poder.

La degradada incidencia de esta fuerza en el gobierno tiene a Zottos como el indicador más notorio. No pudo imponerse en el área administrativa del Senado que maneja una caja cercana a los quince millones anuales, ni es parte de decisiones relevantes que ya se han filtrado a los medios periodísticos. Se proyecta una ampliación de miembros de la Corte de Justicia que no contempla la gravitación renovadora para la cobertura de estos cargos, y tampoco parece incidir en el mentado ingreso de un juez federal como nuevo Procurador General, lo que necesita del acuerdo de la cámara de la que es presidente provisional.

Es el mismo magistrado que lo denunció penalmente por considerar que como diputado nacional, junto a “Querubín” Sosa, había canjeado aportes del tesoro nacional para algunos municipios por apoyo espúreo para la modificación de la ley del Consejo de la Magistratura de la Nación. Las decisiones –de concretarse- notificarán formalmente a Zottos de que ya no es el socio político preeminente y que el reingreso de Urtubey en el justicialismo encuentra comunidad de intereses con los perfiles buscados para conformar la nueva estructura ministerial.

No son los únicos cambios que se proyectan y algunos alientan modificaciones en las carteras de Medio Ambiente y Salud, encabezadas por funcionarios que no responden en plenitud con el proyecto individual. Así el estado de cosas, el perfil dictatorial del matrimonio Kirchner se ha impuesto también en Salta, de la mano de quien se proclama como un demócrata participacionista que, contrariamente, busca construir estructura política propia mediante la concentración de poder.

Julio Cobos y Andrés Zottos también exhiben coincidencias. Se han tornado en meros campanilleros de sus recintos y, en varias ocasiones, deben tragar amargo y escupir dulce.