El gobierno tiene miedo a la gente en las calles

mayo 4 /2017
Lic. Carlos Liendro

En la década del 70 luego del golpe criminal, era la liberación de las importaciones, la destrucción del consumo interno y del aparato productivo junto a la desaparición, tortura y muerte de miles de luchadores sociales, que sabían lo que se venía, e iban a ofrecer resistencia.

El modelo militar de represión (para toda la región) era el plan neo liberal que llevaron adelante los civiles Martínez de Hoz y después los Cavallos en los 90.

Toda una escuela de Chicago para la concentración del capital en pocas manos. Luego de la caída de Alfonsín por los ‘capitanes de la industria’ en el 89 (debiendo entregar el gobierno antes), la política económica del menemismo pasó a vender todas las empresas del Estado.

Esa era la única salida que le dejaban como alternativa a los sectores populares. Con ese dinero iba a haber plata para los jubilados, los docentes, la salud, la educación y todo lo que prometen cuando los políticos están en campaña. Eso es Macri hoy: la conjunción perfeccionada de lo que no pudieron hacer en otras décadas, con la gran diferencia que han llegado por el voto; no por un golpe de Estado (como desde la década del 30, lo hacen quienes mandan en este país) y con las nuevas armas de los medios de comunicación también concentrado en pocas manos (holdings de cable, de internet, celulares y los nuevos sistemas que se vienen).

Son los docentes quienes están enseñando lo que es la resistencia en estos tiempos. Si estos CEOs han creído que todo era un modelo empresarial, empezaron a encontrar lucha en lo que tenían planificado como un mero trámite de arreglos (empezar por los medios oficialistas a mostrar “la corrupción” que se fue, ir negociando con los sectores y mostrarse como los impolutos del cambio). Hasta ahora el gobierno le ha dado a quienes los sostienen: la liberación del dólar para los sectores que llevan su capital afuera (y no solo para los que viajan), los millonarios préstamos obtenidos (en los que ya está endeudado el país en varias generaciones) para que la bicicleta financiera vuelva a funcionar. No hay capitales que lleguen para el trabajo. Todo es para la especulación y la timba del dólar.

Esto funcionará hasta que no presten más plata y llevará de nuevo a un 2001. No hay profecía en esto, es solo un pequeño abordaje de la historia, la economía y de cómo se manejan las políticas restauradoras del neoliberalismo, como única receta para los países periféricos (o como sucedió con Grecia, donde los endeudaba para la compra de armas y material de guerra).

Pero es necesario subrayar: lo que más enfurece al gobierno son los sindicatos. No le gusta a la clase dominante los trabajadores organizados. Quieren instalar la flexibilización laboral y que luego ningún sindicato (más en los del Estado) pida más de lo que dicen ellos que hay, perdiendo derechos de los trabajadores. Los asusta la gente en las calles, por eso se preocuparon cuando sus medios acólitos no podían revertir tanta marcha en marzo. Llegaron columnas de maestros de todo el país, del sur, del norte y desbordaron la Plaza de Mayo.

De los tres grandes sectores donde se produjo el cambio luego del 2001: los partidos políticos (renovados), los sindicatos (con nuevas estrategias, CTA) y los movimientos sociales (en una etapa superior de ‘piqueteros’ y desocupados), el gobierno que lleva más de un año gobernando, los ha ido ‘transando’, para sus leyes en el legislativo (y pesar de tener minoría) donde negoció con el ‘masismo’ y parte de los peronistas (senadores y diputados); con los sindicatos de ‘los gordos’, hasta que el grito de : “poné la fecha la p…que te parió” se hizo oír, y tuvieron que largar un paro. Y por último los movimientos sociales que en parte fueron ‘convocados’ antes de que termine 2015, por la ministra de Desarrollo Social, pero dejando afuera otras corrientes sociales organizadas.

El sindicato de los docentes al querer ser disciplinado para el escarmiento (transmitido en cadena nacional por TV en América, Clarín, La Nación y todas las repetidoras de cable en el interior), logró fortalecerse con la unidad. Volvieron a ser un ejemplo de lucha organizada. Para ‘Heidi’ (imagen que presentan los medios de la gobernadora) fue el primer traspié político, ya que quiere jugar en las grandes ligas (candidata a presidenta para el 2019 por Cambiemos). Le puso techo al aumento docente de la provincia de Buenos Aires y con eso nacionalizó el paro. No midió las consecuencias. CTERA pidió paritarias, algo que se hizo el año pasado y las clases comenzaron con normalidad.

Los docentes pidieron que ese fondo docente se cumpla: especialmente para las provincias donde los sueldos docentes no son los de Capital y Bs As. La opinión pública manipulada debía hacer el resto, pero no sucedió lo que esperaban, cuando todos nos conmovimos esa noche que golpeaban y arrastraban a los maestros que estaban instalando ‘la carpa blanca’.

No solo es un símbolo, sino la conquista de lucha de todo lo que se atravesó en los 90. Por las redes sociales se va mostrando cómo se comienza a reprimir a los adolescentes, a la gente en situación de calle, a los que venden revistas de movimientos sociales (integrantes de la revista ‘La garganta profunda’, es un ejemplo), a todo lo que significa resistencia.

Algo está claro: este modelo económico no cierra sin represión. Muchos jóvenes ya no le pueden contar, como hacían nuestros abuelos, de que hubo un país mejor: ellos lo vivieron. Entendieron lo que era la distribución de la riqueza, comprendieron quienes la acumulan y encima la sacan para llevarla a otros centros financieros.

Esa frase que decía ‘soberanía económica’, tenía un fuerte significado cuando se negociaba con ‘los fondos buitres’, sin tener que hambrear al pueblo. La derecha en Europa y EEUU se ha acrecentado, los mercados se cierran y aquí la formula es la misma: abrir a lo importado, generando el cierre de las pequeñas empresas, dejando desocupados.

En octubre se sabrá si el macrismo sigue el camino de De la Rúa o continúa unos años más como en la década del 90, tal cual lo hizo Menen con el consenso de varios sectores de la industria, empresarios, clases medias, mientras decían que “derramaban la copa” para los de abajo