El juego de selección y omisión

Idangel Betancourt
mayo 18 /2010

Es necesario insistir en los discursos ficcionales desde donde el Ministerio de Cultura y Turismo busca construir su legitimidad para sus operaciones de marketing político y turístico usando precariamente el ámbito de la cultura.

Poder, tradicionalismo y cultura en Salta

Salta no necesita de más tradicionalismo inmóvil y de discursos prefabricados. Necesita funcionarios que entiendan de políticas culturales, y que estas sean abarcadoras y sustentables.

A vuelo de pájaro, podemos encontrar en el último año una serie de imágenes que buscan sostener símbolos sobre los que se edifica determinada idea de la salteñidad a la que el arte y la cultura deben responder.

Leer: Ficciones en la política cultural salteña

El folklore aparece como el primer símbolo bastardeado. Veamos el porqué. En la Feria del Libro Internacional de Buenos Aires 2008, la representación folklórica estuvo a cargo de Julia Elena Dávalos y del tenor Fernando Chalabe, consagración en Dávalos, fusión en Chalabe, un complemento que garantizaba calidad y sobriedad. En el 2009, ya bajo la impronta de “turismo y cultura”, los elegidos para esa Feria fueron Los Huayras, autores de la peor versión que se haya escuchado de Ojalá de Silvio Rodríguez.

La participación de este grupo puede tener dos explicaciones: a) la jerarquización de lo comercial sobre lo estético; b) el favoritismo del fugaz secretario de Cultura Víctor Fernández Esteban. Por último, este 2010, además de Los Arrieros de Salta, participó Juan Carlos Saravia, de los perdurables Chalchareros, aquellos muchachos que ponían más ganas que talento y que ciertamente marcaron historia.

Pero del otro lado del facilismo comercial y del espíritu conservador y tradicionalista, la responsabilidad de quienes ejercen la política cultural es hacer ver la otra historia, aquella que el mercado no valora. A sola forma de ejemplos, se pueden mencionar la bagualera Mariana Carrizo que une tradición y frescura, la Negra Chagra en una postura felizmente contemporánea. Existió esa excepcional conjugación de vanguardia folklórica que fue el Dúo salteño. Sobre el Dúo, el escritor Carlos Aldazábal presentó con la presencia del Chacho Echenique un libro a finales del 2009 que está destinado a ser referencia de los estudios folklóricos salteños.

En fin, si es obligación que la delegación de Salta presente su folklore en la Feria del Libro de Buenos Aires, hay diversidad y calidad artística, pero hay también legitimidad popular y diversidad cultural, si se indaga pagos adentro, más allá de la zamba y la chacarera.

Un símbolo aún más preocupante, resulta esa silueta opaca de una joven autóctona en los afiches que circularon en toda la ciudad promoviendo la temporada turística del verano. La imagen resalta coloridos cerros, mientras a la derecha del imponente paisaje aparece la sombra de una muchacha con trenzas y poncho, pero sin rostro, recortada sobre la imagen como un valor agregado del paisaje.

Para evitar confusión entre tradición y el temperamento conservador y tradicionalista, resulta saludable acudir a la explicación de Ortega y Gasset: “Soy un hombre que ama verdaderamente el pasado. Los tradicionalistas, en cambio, no le aman: quieren que no sea pasado, sino presente”.

Lo que pareciera obvio, es necesario repetirlo en esta Salta del siglo XXI: toda política cultural, todo movimiento artístico e intelectual pierde su objeto, se estanca, cuando los poderes políticos exigen lealtades, o concomitancia con sus intereses; entonces todo funciona bajo la regla de selección y omisión. Lo privado termina siendo política pública. Los pequeños odios y las pequeñas ambiciones determinan las políticas culturales, y determina la municipalidad reflexiva y de voces que se sufre hoy.

Salta no necesita más héroes municipales, ni funcionarios o artistas que se pasean sin obra como bustos vivientes. Necesita funcionarios que entiendan de políticas culturales, y que estas sean abarcadoras y sustentables.

Salta no necesita de más tradicionalismo inmóvil y de discursos prefabricados, ella es “tierra de poetas y cantores” como tantos otros pueblos tienen sus poetas y sus cantores, buenos y naturales como los salteños.

No es esto, ni las fotos de gauchitas en el Congreso Regional lo que distingue las culturas y las identidades salteñas (diversas culturas, diversas identidades). Salta necesita de artistas e intelectuales comprometidos con el porvenir, con la búsqueda ética y estética, con la dinámica que imponen estos tiempos.

Esto será posible cuando lo público y lo privado no sean espacios superpuestos, cuando los actores sociales y políticos se sinceren, y surja, entonces, el diálogo, el reconocimiento de que la cultura es necesariamente un espacio crítico y reflexivo donde la sociedad ha de reconocerse sin hipocresía. La cultura, hay que repetir, debe ser el objeto de toda política, de todo desarrollo.