El oráculo de los ritos de un país no esta escrito

Carla Carrizo
agosto 8 /2008

Tal vez ningún concepto sea más emblemático de ese momento en que la civilización occidental se emancipa de su antigüedad como aquél que nombra el tiempo. En efecto, convertido en las sociedades contemporáneas en una cuestión metafísica, el tiempo actúa como aquella cicatriz original a la que volvemos recreando el rito de los nacimientos.

La estética de los cambios democráticos no es la estética del cambio en los regímenes autoritarios.

Ocurre así un fenómeno muy particular entre los actores sociales y políticos con el tiempo, toda vez que la apuesta occidental a fines del siglo XIX de construir sociedades democráticas deja paso a la utopía y se transforma en realidad. El fenómeno singular es, como lo retrata el refrán: que los actores creen que escriben la historia que saben pero en verdad no saben la historia que escriben. Es decir, lo novedoso es que el presente en las sociedades democráticas no es circular, como conjeturó Marx, ni lineal como supuso el positivismo secular, sino autónomo. Un tiempo propio que desafía la repetición del pasado y escribe un futuro siempre más original que el supuesto por los protagonistas.

De modo que el secreto de las sociedades democráticas radica no sólo en el tipo de hechos históricos que genera sino en el tipo de respuesta que la dirigencia política y social de un país implementa cada vez que estos hechos novedosos interpelan su inteligencia.

Así, una primera constatación acerca de esta inédita dinámica colectiva que asume el tiempo cuando la libertad se consolida como derecho, es que los movimientos sociales que surgen para cuestionar el statu quo del poder constituido, cualquiera sea el área socio económica en que se demanda la efectivización de un derecho no son actos subversivos. La estética de los cambios democráticos no es la estética del cambio en los regímenes autoritarios. De allí que la historia de las democracias sea prolífera en épicas reformistas e igualmente infértil en épicas revolucionarias.

Corolario: hay reformas, es decir, conquistas sociales, que sólo pueden ocurrir en contextos democráticos. Y ese es el caso de la reforma universitaria de 1918 en Argentina. Que se inició en una cuestión estrictamente sectorial en la Provincia de Córdoba: el cierre del internado del Clínicas. No obstante, y casi en forma independiente a la apuesta original de los protagonistas, deriva en un reclamo aún más inclusivo: cambio de Estatutos y Planes de Estudio en los claustros universitarios argentinos (Aguiar de Zapiola, 1994). Cuando, en Junio de 1918, sus mentores inician el reclamo, el país estrena su primer experiencia democrática y el Partido Radical gobierna a nivel nacional y provincial. Dos meses más tarde, el movimiento trascendía su geografía y se afianzaba en la Universidad de La Plata. Y, más tarde aún, exhibiría pretensión latinoamericana a través de los escritos de Haya de la Torre en Perú.

El punto, sin embargo, es que el planteo estudiantil era inédito no Sólo para la novel democracia Argentina sino para las democracias de larga data que sólo debieron responder a un movimiento similar 50 años después de aquella épica original. Sin duda menos mediática que el Mayo Francés pero inversamente proporcional en tanto conquista social, la reforma universitaria del ´18 en Argentina implicó una alteración efectiva del statu quo vigente: el gobierno tripartito en la gestión del gobierno universitario instaló, a partir de entonces, la idea de que conocimiento no es sino no es un bien público.

El liderazgo político del país tenía entonces dos alternativas frente al planteo reformista: desconfiar del producto social que genera la construcción de derechos en libertad e interpretar la cuestión universitaria como un acto subversivo aferrándose a la comodidad del ocultismo conocido vs. confiar en el avance social de la libertad e interpretar la cuestión universitaria como un hecho positivo destinado a afianzar el nuevo orden social constituido, a riesgo de transitar la audacia de lo desconocido.

Entonces, la intervención de Matienzo, representante del gobierno nacional, resolvió el dilema a favor de la segunda de las alternativa en juego y el legado reformista es hoy, en la literatura académica, unánimemente reconocido: consolidó la Argentina como un país de movilidad social ascendente. Una de las condiciones que se considera necesaria, si bien insuficiente, para la durabilidad de las democracias (Lipset, 1996; Przeworski, Alvarez, Cheibub, Limongi, 1996).

Así, una segunda constatación acerca de esta inédita dinámica colectiva que asume el presente en los países democráticos es la siguiente: cuando el liderazgo político de un país interpreta las demandas de reforma en democracia en clave ocultista, es decir, autoritaria, el legado de estas interpelaciones no sólo arroja un resultado negativo en términos colectivos sino también paradójico. En efecto. Si por un lado anula la idea de que el ejercicio de la ciudadanía debe ser percibido y, en consecuencia, capitalizado como un bien público, por el otro induce a los actores sociales excluidos de protagonizar el futuro- a recrear, permanentemente, el valor simbólico que añeja el recuerdo de las reformas que fueron. Y, haciendo así, une el grito de Alcorta en 1912, con el cierre del internado del Clínicas en 1918. Este es el caso de la movilización del Campo en la Ciudad de Rosario del pasado 25 de Mayo.

Cuando prevalece el ocultismo, los ritos reformistas del pasado se erigen en brújulas de la inteligencia colectiva. Orientan la expresión social que abre el juego de la libertad. Pero hoy, como entonces, el presente del país es inédito y el pueblo interpela a su dirigencia para que asuma la audacia de escribir la historia de dos libertades que tal como están, no alcanzan: la del federalismo fiscal y la de la ética republicana.

  • Carla Carrizo
    Politóloga y Candidata a Doctora por la Universidad del Salvador. Profesora de Sociología Política y Política Comparada en las Universidades de Buenos Aires y Católica Argentina e investigadora independiente en distintos centros de estudios políticos (IDICSO / PEEL). Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas y de divulgación científica sobre temas vinculados con su área de especialización, “Partidos Políticos y Radicalismo Argentino”.