El policía Soraire participó del secuestro de Ragone

julio 26 /2011
Elena Corvalán

Domingo Nolasco Rodríguez reiteró lunes 25 de julio que los militares no querían que se investigara el crimen de su hermano Oscar Rodríguez porque había sido cometido por policías implicados en el secuestro y desaparición de Miguel Ragone. Dijo que policías “hacían muertes ahí en Metán, por indicación de los militares”. Entre estos policías se contaba Andrés del Valle Soraire, que ahora está siendo juzgado por este hecho.

“Ellos no pueden quedar presos, ellos han participado del secuestro de Ragone”.

Con énfasis, Rodríguez insistió en que este conocimiento le llegó, en mayo de 1977, de boca del propio jefe de la Policía de Salta, el coronel Carlos Alfredo Carpani Costa, quien lo amenazó de muerte advirtiéndole que “esa gente” no podía ser investigada debido a que había participado en el crimen contra el ex gobernador. Luego la amenaza le fue reiterada, en Metán, por el subjefe de Policía, mayor Juan Carlos Grande. También involucró a otros policías en el conocimiento de estos sucesos, quien por entonces era director de Seguridad, el comisario Joaquín Guil, que está siendo juzgado ahora por el secuestro de Ragone; el comisario Enrique Trovatto y un comisario o subcomisario de apellido Saravia, un cabo de igual apellido y los policías, Perelló y Acosta.

Rodríguez declaró el lunes bajo la figura de la instrucción suplementaria. La medida fue dispuesta por el Tribunal, integrado por los jueces Marta Liliana Snopek, Carlos Jiménez Montilla y Luis Giménez, y el cuarto juez José Quiroga Uriburu, para permitir el testimonio a pesar de que uno de los siete acusados, Carlos Alberto Mulhall, está enfermo y no podía escuchar la audiencia. Ocurre que Rodríguez debe ser operado con cierta urgencia y se estima que estará convaleciente unos 60 días.

Los jóvenes Oscar Rodríguez y José Lino Salvatierra fueron asesinados el 10 de mayo de 1977. Sus cuerpos aparecieron en el paraje El Tunal, en la zona de Metán, de donde eran oriundos, con una leyenda que indicaba que habían sido muertos por cuatreros. En Metán operaba (como ocurría también en parajes rurales de Tucumán) el grupo parapolicial Guardia del Monte, que bajo el paraguas de la lucha contra el abigeato obtenía beneficios de parte de los grandes productores de la zona.

Los hermanos mayores de Oscar, Segundo Bernabé y Domingo Nolasco, que se dedicaban al transporte de carbón y tenían tratos con la Policía porque –según recordó ayer el segundo- estaban obligados a entregar 100 litros de combustible a la Policía como contribución a la lucha contra el terrorismo, investigaron el hecho. “A los tres días sabía quiénes eran (los asesinos)”, sostuvo el lunes Rodríguez. Habían logrado establecer que los primos habían sido atacados por miembros de la Guardia del Monte, Soraire y Fortunato del Valle Saravia, Santos Leonides Acosta y Miguel Ángel Corvalán; los habían matado cerca de El Tunal; sabían también en qué vehículos se habían movilizado los ejecutores, dónde habían enterrado la ropa ensangrentada.

Con esos datos hicieron las denuncias. Pero “como no hacían justicia, no hacían absolutamente nada”, vinieron a Salta Capital a entrevistarse con un militar amigo, Molina Colombres, quien los llevó a hablar con el teniente Isidro de la Vega. Este a su vez les dijo que se trataba de un hecho policial, por lo que volvieron a hablar a la Jefatura de Policía.

Entonces los hermanos tuvieron una reunión con Carpani Costa, Grande y el director de Seguridad, Joaquín Guil, que está siendo juzgado en este proceso. Rodríguez recordó que frente al jefe de Policía acusaron a Soraire, Saravia, Acosta y Corvalán y le pidieron justicia; Carpani Costa se mostró sorprendido, trató de disuadirlos de esta idea y finalmente terminó confesándoles que “ellos no pueden quedar presos, ellos han participado del secuestro de Ragone”, y les propuso que nombraran “a cuatro o cinco personas” enemigas suyas, “que iban a ser muertas” como una forma de compensarlos.

Rodríguez recordó que su hermano, Segundo, le respondió con un: “Cree que soy pelotudo”, lo que le valió una cachetada de Guil, porque “no se contesta así a un jefe policial”.

Hubo entonces un amague de enfrentamiento en el que también intervino Domingo; luego ambos se fueron, con la amenaza de que debían olvidar el doble crimen.

Pero los hermanos insistieron, y luego (otros testigos sostienen que fue en agosto de 1977), en Metán, una diligencia con los policías acusados, fue interrumpida por Grande, quien le recordó primero a Domingo Rodríguez la advertencia de que debía abanondar esta causa porque los acusados habían participado en el homicidio de Ragone, “si siguen en ésta van a aparecer todos muertos”, recordó el testigo que le dijo el militar, ya fallecido. Tras eso Grande fue a hablar con el juez Marcelo Avrutín Suárez, y luego l le hizo la misma advertencia al abogado de los Rodríguez, Jorge Zenteno Cornejo.

El trámite y la causa, quedaron paralizados desde ese momento y el expediente quedó en manos de los hermanos, que recién volvieron a presentarlo con el regreso de la democracia.

“Malandras”

Rodríguez añadió que por esa misma noche fue detenido por un comisario o subcomisario Saravia y llevado a la comisaría de Metán, donde “me han torturado” advirtiéndole que desistiera de la causa. El testigo aseguró que, a pesar de ello, tenía la intención de continuar, pero no encontró abogado que lo ayudara.

Con una verborragia que sacó de quicio a la presidenta del Tribunal, Rodríguez aseguró que nunca les temió a estos policías y militares, a quienes calificó de “malandras”, y los responsabilizó por las muertes cometidas en la década del 70 en la zona de Metán. “Son estos malandras. No son más de siete personas” los involucrados, aseguró. Los acusó de haber matado al contador y ex diputado provincial Luis Risso Patrón, y de haber participado de la masacre de Palomitas, entre otros hechos. “Ellos son los responsables de todas estas muertes. Con los militares; los militares sabían de los hechos grandes”, afirmó.

En este juicio ya declararon Segundo Rodríguez, Olga Romano de Gómez Salas y Zenteno Cornejo. Todos coincidieron en la presencia de Grande en Metán, y que la causa quedó paralizada.

  • Elena Corvalán
    Periodista