El tren de la reacción

Daniel Cadabón
septiembre 5 /2008

(Buenos Aires, especial para Salta Libre) La provocación montada por dos ministros de gobierno, después de los incidentes que terminaron con el incendio de 8 vagones del ex-ferrocarril Sarmiento tiene que ser motivo de preocupación para toda la sociedad democrática argentina. El kirchnerismo siente que su gobierno se incendia ante las mayorías nacionales y se vuelve peligrosamente macartista, lo que lo transforma en un serio riesgo para las libertades democráticas.

El kirchnerismo nacional y popular, quiere un pueblo “común”, adormecido, victima de las estafas empresariales.

El autotitulado “gobierno de los derechos humanos” pretende tomar en sus manos el programa de la derecha fascista, que le reclama un curso más ajustado a las viejas prácticas represivas. El kirchnerismo, en realidad no hace más que repetir la receta represiva y los argumentos que ha acompañado secularmente a la burguesía en su lucha en contra de la rebelión popular.

La acusación al compañero José María Escobar, del Partido Obrero; al grupo de Solanas; al Mst y a Quebracho; persigue la intención de desviar un debate popular, sobre el estado de los ferrocarriles y de la situación de las clases trabajadoras, a la vía de la caza de brujas.

Pero, el debate público que precedió al incendio de vagones en las estaciones de Merlo y Castelar tiene una relevancia fundamental.

El gobierno, por boca del incontenible y verborragico Fernández, intenta tapar con el argumento del sabotaje un verdadero estado de deliberación popular con alcances superiores al cronograma de corrida de trenes. Bastaba escuchar los argumentos de los pasajeros del Sarmiento para darse cuenta que lo que está en debate es mucho más que meterle fuego a una formación de vagones.

Con más conciencia que la de los legisladores nacionales, la informada “gente común”, que Fernández considera aliada del sacrificio y resignada al sufrimiento cotidiano, demolió los argumentos de “reestatización de las aerolíneas”, del pago al Club de Paris, de los subsidios a los empresarios fanfarrones y vaciadores de las arcas del Estado y denunció agriamente al trabajo precarizado.

Los trabajadores, simples pasajeros del Sarmiento, frente a las cámaras de Crónica TV y otro medios, pusieron en cuestión en la mañana de ayer toda la estructura socio-económica y política del kirchnerismo.

“Sostienen a los Marsans y los laburantes no tenemos como viajar”, “que hacen las empresas con todos los subsidios”, “mandan 6000 millones para afuera y nosotros viajamos como sardinas”, “si llego tarde me pierdo el premio o me echan”, “yo gano 30 mangos por día ¿me querés decir con que le doy de comer a mi familia?.

Testimonios de “la gente común, que no quema trenes”, pero que nos da un adelanto de por donde anda la conciencia del pueblo y de cómo evalúa al gobierno kirchnerista.

Testimonios de una nueva situación que se abre a empujones en medio de una lucha cada vez más masiva de los trabajadores, a los cuales las empresas subsidiadas por el gobierno les impiden hasta el derecho de ser explotados.

Aníbal Fernández y el ministro del interior, Randazzo, pretenden ocultar con su provocación en contra de la izquierda lo que sale del grano, pero, es poco probable que muchos les crean.

El pago al Club de París estuvo presente en el debate popular, los subsidios
estuvieron presentes, la re-nacionalización y la pobreza estuvieron presentes, y estos, son mucho más inflamables que el material rodante.

La enérgica condena en contra de un trabajador docente, realizada a boca de jarro por un Ministro de Seguridad y Justicia, no es más que la expresión del temor al debate abierto por los trabajadores en tan inflamable evento.

Fernández reivindica a la “gente común”, y toda la claque del periodismo pro-sojero de ayer hace lo mismo, demandando constricción frente a la desventura. En realidad, lo que exigen es que les dejen hacer los negocios tranquilos. Enriquecerse y enriquecer a sus amigos sin que se abra un debate popular. Sin cuestionamientos.

La “gente común”, ayer, pareció no estar de acuerdo. Donde el gobierno intenta adormilar, la “gente” despierta; donde el gobierno acusa, “la gente” descree.

No es la primera vez que una provocación de este tipo termina mal para los amantes del poder. Ahí están los cadáveres de Maximiliano y Darío para demostrar que no siempre de la mentira se puede construir una verdad. Fernández mitió frente al crimen del puente Pueyrredon; todavía no acaba de pagar esa deuda criminal; mintió ayer y seguirá mintiendo. Eso es lo único “común” de toda esta historia con la “gente”.

El fuego a los vagones es una expresión desesperada de trabajadores que no han encontrado, hasta ahora, una forma superior de organización. Los debates hacen prever que no falta mucho para que la encuentren. En ese momento no abra cortina de humo, ni caza de brujas, que frene el pensamiento y la acción.

El kirchnerismo nacional y popular, quiere un pueblo “común”, adormecido, victima de las estafas empresariales. El gobierno progresista se subió ayer al tren de la reacción, sin darse cuenta que ya estaba quemado.

Vaya un gesto de solidaridad para los presos y perseguidos.