Universitarias Viernes 18 de febrero de 2011

"Habrá una revisión de la nueva ortografía”

Catedrático Pedro Barcia presidente de la AAL
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Pedro Barcia

"Creo que va a haber que dar marcha atrás en varias cosas", aseguró el presidente de la Academia Argentina de Letras, Pedro Barcia, al referirse a la nueva Ortografía, que desde su publicación a fin del año pasado ha generado varias polémicas, aunque para el catedrático "es más el ruido que las nueces".

"Los que aprendimos a bailar con Ray Conniff tenemos un ritmo y los que bailan con Charly García, otro", comparó Barcia.

Barcia adelantó que las Academias van a pedir una revisión más detenida del texto, "porque la elaboración de la Ortografía llevó dos años y no contó más que con dos reuniones interacadémicas. El Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD) llevó diez años y la gramática, once".

"Lo que yo estimo, y lo manifesté por escrito a las autoridades de la Real Academia, es que le deberíamos haber dado más tiempo a la Ortografía porque se fue convirtiendo en un libro denso, complejo, aunque es claro en la exposición pero con muchas advertencias y niveles de letras", dijo Barcia en una entrevista con Télam.

"Tendríamos que haber sometido al texto a una revisión mayor", sostuvo el catedrático aunque aclaró que "hubo condicionantes como el cierre de un ciclo (Víctor García de la Concha dejó en diciembre pasado la dirección de la Real Academia Española luego de 12 años de mandato), la presión de las editoriales y no se alcanzó a decantar del todo".

Ante esta situación, "hay que sistematizar todas las críticas que están saliendo para que cuando venga la revisión del texto la tengamos clara y en una segunda edición, o en la edición reducida ("Breve Tratado de la Ortografía") a publicarse en 2012 podamos calibrar mejor algunas propuestas".

Los académicos pensaron que el DPD era el mascarón de proa de avance de las propuestas. "Lamentablemente no ha tenido una reedición con las mil observaciones hechas por todas las Academias.

Y queda pendiente la compatibilización entre los tres grandes códigos de la lengua: el diccionario que va a salir en 2013, la gramática que ya está y la ortografía", enumeró.

"Al principio se pensó que el trabajo ortográfico iba a ser más simple, nada más que de una actualización de detalles -deslizó-. Y a medida que el equipo dirigido por Elena Hernández de la Academia Española avanzó se le fueron agregando capítulos".

Sin embargo, el presidente de la Academia Argentina de Letras señaló que este libro es la mejor "Ortografía" de una lengua moderna: "Es muy minuciosa, aunque no es meticulosa (`metus` en latín significa miedo), podrá tener errores -no cabe duda- y aspira a dar mayor simplicidad a los planteos, cosa que no siempre lo logra".

Uno de los principios fundamentales de la Ortografía, subrayó, es el reducir al mínimo o excluir del todo la opcionalidad. "Está bien que en distintas regiones digamos de distinta manera las cosas, pero no dentro de una misma región. Así perviven una serie de vocablos como periodo o período, como policiaco o policíaco, que debían haberse resuelto a favor de una u otra manera. Y vaya a cantarle a Gardel si no está de acuerdo".

A su juicio, "no se avanzó suficientemente en la muerte de la opcionalidad, lo que hubiera simplificado muchas más las cosas".

"No puede ser -ejemplificó- que sigamos aceptando ´evacúa´ en vez de ´evacua´, cuando habíamos aprendido a decir la palabra correcta y ahora se da la opcionalidad de nuevo. Esto se debe no únicamente a la discrecionalidad de los ortógrafos sino que hay presiones de países con muchos habitantes. Caso de México con una población de 110 millones -como cuatro naciones hispanoamericanas juntas- que cuando opina tiene un peso mayor".

Cuando se quiere generalizar, apuntó Barcia, aparece la diversidad de regiones y opiniones "y surgen amplias zonas como la mexicana que tienen una tradición, un peso y se niegan a aceptar tal o cual cosa, como negarse a quitarle el acento a solo".

El catedrático aseguró que todavía la Real Academia "tiene la tendencia a dar su uso como modelo y ya no lo es más porque de diez hablantes, nueve son hispanoamericanos. No podemos seguir con la vieja idea de cómo se dice en España. Estamos en una posición policéntrica".

Cada región tiene sus normas cultas, "y en el Río de la Plata hay expresiones que a lo mejor son chocantes en otros lados, pero aquí la gente culta las usa y esa es nuestra norma. Y es también la dificultad de traer a unidad el idioma, pero no se trata de que, en busca de la unidad, se sacrifiquen las diferencias regionales".

¿Esta revaloración regional no modifica el concepto de ortografía?

"No, la ortografía es la única norma sin regiones, el único código que no tiene naciones, si no sería un caos el idioma -resaltó Barcia-. En cambio la sintaxis puede cambiar: nosotros decimos detrás mío y no detrás de mí como dicen los españoles y está aceptado; nosotros usamos el voceo y ellos no. Eso es regional".

"También en fonética nosotros usamos la v corta y la b larga con el mismo sonido, los españoles no. Lo mismo pasa con el léxico: decimos bebida, otros dicen bordón o bordillo. En la única norma que no hay diversidad es en el código ortográfico", reiteró.

La idea de ajustar cada vez más el sonido y la letra (el grafema y el fonema), estimó el catedrático, "a veces lleva a arbitrariedades sobre todo en la adopción de extranjerismos. Está la palabra whisky, que tenía dos escrituras en inglés. Prefiero escribirlo así en bastardilla o en cursiva, pero esto de güisqui con g -como avanza una propuesta de extender este uso en todo- me parece abusivo".

¿Cuánto va a durar este proceso de cambio?

"Vamos a tardar mucho si las escuelas no incorporan de inmediato las formas para enseñar a los chicos la ortografía. Y vamos a depender de los medios, sobre todo de los medios escritos, que son los que visualmente imponen una norma. Si hay una cátedra de ortografía es el diario, que es insomne y está siempre ahí", definió.

"Creo en un proceso racional de planificación, que en diez años las escuelas habrán adoptado estas medidas. Entonces se empezarán a enseñar desde abajo y mientras tanto hay que tolerar a las generaciones que ya aprendimos a hablar de una manera: los que aprendimos a bailar con Ray Conniff tenemos un ritmo y los que bailan con Charly García, otro", comparó Barcia.

  • Télam

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