Hay que enterrar a Perón

noviembre 17 /2009
José Aguero Molina

Cuando Francisco de Narváez compró en remate la biblioteca personal de Perón, su archivo fotográfico y su último uniforme de gala, desnudó una realidad evidente: la herencia del caudillo fue a parar a manos del mejor postor, lo mismo que venía ocurriendo desde hacía unos años con sus ideas.

Creer que Kirchner, Urtubey, Capitanich, Scioli, Gioja son peronistas, es casi tan ingenuo como creer que Fidel es comunista.

Salvo alguna que otra rarísima excepción, el peronismo no es hoy más que una asociación de pillos, en el que el nombre del fundador parece legitimar toda clase de tropelías. ¿No habrá llegado la hora de enterrar al prócer y airear un poco al país?

Resulta difícil definir en la actualidad al peronismo, pero sólo por hacer un intento podría decir que el peronismo es lo que hizo Perón, pues uno es lo que hace, no lo que dice. Lo que hizo Perón fue amalgamar la incapacidad del liberalismo laicista, el elitismo aristocratizante, el fascismo, el militarismo y el falso catolicismo social de la clase media, elementos que coincidían en una idéntica desvalorización de la división de poderes, un lujo demasiado burgués para los tiempos que se prometían.

De tal contexto, muchos eligieron olvidar que el maquiavélico Perón era tan brillante como miserable, pues era humano. Cosas que hizo en su última presidencia, jamás las hubiera intentado en la primera. Y viceversa. Fue Perón quien alentó a las guerrillas y quien las traicionó. Fue Perón quien ideó los sindicatos cuasi mafiosos, pero también quien se opuso a ellos, atravesando la historia cargado de contradicciones que repitieron sus sucesores, aunque con absoluta carencia del brillo inicial.

Los peronistas que siguieron tuvieron claro que, de todas las cosas para las que servía el poder, la mejor era que en vez de hacer historia, podían hacer dinero, reproduciendo un absoluto desprecio por la Argentina profunda, de la que sólo se acordaron para usarla como carne de cañón de sus intereses.

Así como lo conocemos, el peronismo representa para nuestro país un lastre imposible de soportar y debe –urgente, piadosamente- ser pasado a mejor vida, por lo que se debieran comenzar los arreglos para un sepelio que lleva tres décadas de atraso, tiempo en el que pícaros de toda laya se enriquecieron gracias a un muerto que nadie quiere enterrar.

Cuando el Financial Times opinó que el mayor problema de la Argentina es “el peronismo, que reemplaza políticas por populismo” sonó chocante, pero ¿podría decirse que es falso? Pese a ello, innumerables politiquitos del universo peronista hablan de sí mismos como si fueran el remedio de todos los males. ¿Qué han logrado, después de décadas en el poder? Que la mitad de los argentinos sea pobre, mientras ellos -los dirigentes políticos- son cada vez más ricos, gracias al Partido caudillista y autoritario que construyó Perón.

Es que, en realidad, su única razón fue el poder, el que no dejó de ejercer ni siquiera cuando estuvo fuera, desestabilizando a los gobiernos y apareciendo luego como el salvador de las crisis que generaba. Para colmo, el poder casi nunca fue usado para generar políticas de crecimiento, sino para consolidarse como la única fuerza política nacional.

El peronismo, como todo proyecto totalitario, persigue la supresión de las voluntades individuales y su consecuente fusión en una masa desprotegida, ávida de la tutela del líder. En este sentido, un factor asociado a la enorme concentración del poder que ostenta el peronismo es la creación de clientelas, pues inducir a alguien a una situación de pobreza es crear un vínculo por el que se le da lo que necesita a cambio de apoyo electoral, mientras se presentan como salvadores de quienes sufren sus modelos salvajemente capitalistas. Obvio, el aparato clientelar va unido a la discrecionalidad en el manejo de los fondos públicos, esenciales para la dádiva y para mantener a raya a diputados y senadores.

Justamente, Nuevo Diario publicó, en referencia a la casi nula laboriosidad de los legisladores peronistas: “Susana Canela, militante de la izquierda peronista en los 70 y kirchnerista incondicional, presentó una sola iniciativa. Fue un proyecto de resolución que expresaba su reconocimiento a la tarea de Raúl Laguzzi al frente del Rectorado de la UBA durante el último gobierno de Perón” ¿Cuánto dinero le costó al país este ridículo proyecto? Sin duda, más de lo que vale.

A la corrupción desatada a grados extremos, se le suma la desvergüenza, en una simbiosis que, de tan habitual, ya no sorprende a nadie, mientras las denuncias se olvidan en los tribunales. Hoy, el peronismo no es más que una estructura de poder fuertemente electoralista, desde la cual cualquiera con la suficiente amoralidad puede acceder al control total de sus resortes y crear poder para sí mismo.

Ser peronista, hoy, no es más que reiterar conceptos en los que ya nadie cree, cantar una marcha que nadie toma en serio y enarbolar un cadáver que necesita un urgente entierro, mientras una inmensa cantidad de vasallos sigue al amo que lo ata a la miseria.

Naturalmente, como en nuestro país el que piensa es un gorila, nada mejor que un repaso a las “20 verdades peronistas” para ver hasta qué punto el peronismo feneció como doctrina, aplastado por los alcahuetes que lo necesitan para continuar su meteórica carrera a la riqueza personal:

: La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el Pueblo quiere y defiende un solo interés: el del Pueblo. Es decir, no los de la innumerable lista de corruptos que forman las filas peronistas y que nunca responden ante la Justicia. Pregúntese por qué, en Salta, tenemos un diputado con varias causas por violación; por qué tenemos intendentes con abultados prontuarios de fraude a la administración pública; por qué la mitad de las empresas son propiedad de políticos peronistas.

2º: El Peronismo es esencialmente popular. Todo círculo político es antipopular y por lo tanto, no es peronista. Los Kirchner son claramente antipopulares, salvo para la tropa rentada de piqueteros cuyos dirigentes manejan millones de pesos en beneficio propio; son antipopulares para el 45% de los pobres y el 15% de los indigentes que hoy sufren el país, junto a los nuevos ricos que el peronismo supo conseguir.

3º: El Peronista trabaja para el Movimiento. El que en su nombre sirve a un círculo o a un caudillo, lo es sólo de nombre. Los Moyano, los D Elía, los Pérsico, los Depetri o la pseudo “Comandante” Milagro Sala, por no seguir con la inacabable lista de aprovechados, que sólo trabaja para el propio interés.

4º: No existe para el Peronismo más que una sola clase de hombres: aquellos que trabajan. Entonces ¿por qué se enriquecen tan rápido y acumulan tanto poder los que jamás trabajan? Gracias al milagro peronista, un camillero que trabajó tres días y un camionero que nunca tocó un camión son millonarios, en absoluto desprecio a los millones que trabajan y apenas ganan para sobrevivir.

5º: En la Nueva Argentina, el trabajo es un derecho que crea la dignidad del hombre y es un deber, porque es justo que cada uno produzca al menos aquello que consume. Los casi tres millones de planes sociales, desocupados de $150 por unidad no han acusado ajustes desde 2002. Hoy tenemos más de 120 mil piqueteros oficialistas, cuyos dirigentes sociales y barriales, reciben entre 120 millones y 200 millones de pesos por año cada agrupación.

6º: Para un Peronista de bien, no puede haber nada mejor que otro Peronista. Sin comentarios.

7º: Ningún Peronista debe sentirse más de lo que es, ni menos de lo que debe ser. Cuando un Peronista comienza a sentirse más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca. ¿Y qué son, hoy, los nuevos ricos del peronismo? Ni más ni menos que los nuevos oligarcas. Garcas.

8º: En la acción política, la escala de valores de todo peronista es la siguiente: primero la Patria, después el Movimiento, y luego los Hombres. Por lo que se puede ver, lo que menos interesa a los peronistas actuales es la Patria.

9º: La política no es para nosotros un fin, sino sólo el medio para el bien de la Patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional. Sin comentarios.

10º: Los dos brazos del Peronismo son la Justicia Social y la Ayuda Social. Con ellos damos al Pueblo un abrazo de justicia y de amor. Sin comentarios.

11º: El Peronismo anhela la unidad nacional y no la lucha. Desea héroes pero no mártires. Ah, con razón son tan buenos para escapar a la Justicia.

12º: En la Nueva Argentina, los únicos privilegiados son los niños. ¿Con menos de 160 días de clases por año? ¿Con escuelas sin calefacción en invierno y vidrios rotos? ¿Con escuelas sin baños? ¿Con casi 10 millones de niños pobres e indigentes? ¿Con niños criados en la calle y viviendo de la mendicidad? Al menos, cada vez que hay una campaña, 1 de cada 10.000 niños es besado ante las cámaras por un candidato.

13º: Un gobierno sin doctrina es un cuerpo sin alma. Por eso el Peronismo tiene su propia doctrina política, económica y social: Bien, la mayoría de los dirigentes peronistas, según Perón, son desalmados.

14º: El Justicialismo es una nueva filosofía de vida simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista. Sin comentarios.

15º: Como doctrina política, el Justicialismo realiza el equilibrio del derecho del individuo con la comunidad. ¿Qué derechos? ¿Cuál equilibrio? ¿Qué comunidad?

16º: Como doctrina económica, el Justicialismo realiza la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y está al servicio del bienestar social. ¿Dónde dice de poner al capital al servicio de amigos y parientes?

17º: Como doctrina social, el Justicialismo realiza la Justicia Social, que da a cada persona su derecho en función social. La Justicia Social solo forma parte de la retórica mentirosa y engañosa que los distingue.

18º: Queremos una Argentina socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana. Tenemos una Argentina socialmente injusta, económicamente incapaz y políticamente corrupta, funcional a los caprichos del jefe de turno.

19º: Constituimos un gobierno centralizado, un Estado organizado y un pueblo libre. Y centralizado está, pero nada más que eso.

20º: En esta tierra, lo mejor que tenemos es el Pueblo. Pues ya va siendo hora que alguien se lo anuncie a la dirigencia peronista actual.

Como se puede ver –al menos, puede el que quiere- la verdad peronista no tiene nada que ver con los peronistas, no, al menos, con los actuales, o con la mayoría de ellos. Creer que Kirchner, Urtubey, Capitanich, Scioli, Gioja son peronistas, es casi tan ingenuo como creer que Fidel es comunista, pero ese será otro tema. Mientras tanto y para bien de todos, enterremos al viejo caudillo de una buena vez.

  • Bibliografía consultada:

“Nuestro presidente es el primer trabajador” (Privilegiados – Ángela Gutierrez Bueno – Kapelusz, 1955 – Pág. 81); “Esa dama es Evita. Es tierna y dadivosa. Dio su ayuda a todos. Nadie la olvidará” (Ídem – Pág. 34); “El 17 de Octubre / fui a la plaza con papá. / ¡Cuántas personas había / para oír al General! / Se agitaron los pañuelos / cuando él se asomó al balcón. / Miles y miles de voces / clamaban: ¡Viva Perón!” (Ronda infantil – María Alicia Domínguez – Kapelusz, 1955 – Pág. 78); “Justicialismo. ¡Qué hermosa palabra! Justicialismo es justicia y verdad. Todos iguales por ser argentinos, todos hermanos; amor por igual para el que labra la tierra, el que estudia y el que trabaja en el hierro o el pan” (Ídem – Pág. 66).

.*José Aguero Molina, escritor y periodista
Especial para Salta Libre.