Héctor Tizón un escritor latinoamericano y universal

Liliana Bellone
julio 31 /2012

La narrativa de Héctor Tizón puede situarse dentro de un ámbito genuinamente latinoamericano, no solamente por los temas que aborda, sino por una particular posición ante el proceso de narrar, en el cual el entramado de una realidad abigarrada, híbrida y compleja dirige los caminos del escritor, quien se acerca a los sueños, a ámbitos mágicos y míticos que surgen de esa realidad.

"Conversé un par de veces con Tizón, en Salta y en Jujuy, suficientes para comprender que su elección de vida eran las letras y la existencia reposada en Yala para plasmar esa marea de fantasmas que lo habitaba..."

Hermano literario de Juan Rulfo, Monterroso, García Márquez, Roa Bastos, Tizón encontró en los motivos del altiplano la veta para sus relatos y novelas. Entre lo épico, lo ritual, los mestizo y lo indio, en esas coordenadas que reúnen las arcadas de España y los pucarás indígenas, las frías lunas y fiestas de Casabindo, las vías inacabables del ferrocarril a Chile, el viento de la puna, los rostros cobrizos y andaluces de Jujuy y Salta, y la llegada de inmigrantes románticos desde Italia o Alemania, se sitúan los mejores textos de este escritor nacido en Salta y que falleció en su querida Yala, Jujuy, este pasado lunes 30 de julio de 2012.

Las editoriales más importantes en lengua española publicaron sus libros. Había recibido grandes distinciones como la de Caballero de las Artes y las Letras de Francia, En 1972, su novela Cantar del profeta y el bandido obtuvo mención en el Concurso Casa de las Américas de Cuba.

Críticos y estudiosos universitarios abordaron su obra para señalar la contundencia de una escritura con un perfil definido e inconfundible, consciente de que el acto de escribir es único y ético, comprometido e irrenunciable y dispuesto a la búsqueda constante de su completud en los lectores.

Nacido en 1929, contemporáneo de los poetas de La Carpa y de Tarja, como Castilla, Galán, Aráoz Anzoátegui, gran amigo suyo, Ardiles Gray, Néstor Groppa, Andrés Fidalgo, Jorge Calvetti, Héctor Tizón comenzó a plasmar en narrativa lo que la poesía de la región describía y metaforizaba: todo un hito en la producción del noroeste argentino, lo que redundó en su reconocimiento en todo el país y en esa patria grande de la que los escritores del NOA formamos parte, tal vez, con mucha más convicción: Latinoamérica con sus montes, ríos, selvas gigantescas, desiertos, misterios y ese mestizaje en la sangre y en el arte, cuyos lazos nos unen al Caribe, a la dulce y enigmática literatura del Cauca, a Jorge Isaac, al silencio del indio en Bolivia y en el Perú, a Ciro Alegría, a Alcides Arguedas y su raza de bronce, a la rígida sociedad aristocrática e indiana de José Donoso, al decir íntegro de José Martí, al barroco luminoso y muy siglo de las luces de Carpentier, a los cafetales, a los tabacales, a los cañaverales de Salta y Tucumán en concordancia y diálogo secreto y no tan secreto con los del Brasil, Martinico y Cuba…

Conversé un par de veces con Tizón, en Salta y en Jujuy, suficientes para comprender que su elección de vida eran las letras y la existencia reposada en Yala para plasmar esa marea de fantasmas que lo habitaba: los personajes de sus ficciones, tan reales como todas las obsesiones que pueblan el alma de los novelistas.

  • Liliana Bellone
    Escritora
    Especial para Salta Libre