Panorama nacional

Hegemonía o fraude

noviembre 3 /2007
Daniel Cadabón

Cristina presidenta

Buenos Aires, (Especial para Salta Libre) La candidata, hoy presidente de los argentinos, alcanzó la aceptación de los principales representantes del capitalismo internacional para asegurar su futura gestión. A cambio, el kirchnerismo prometió que sus futuros pasos, con respecto al FMI, el Club de Bancos, las privatizadas, etc. La crisis que se avecina que obligará al aumento de tarifas, al congelamiento de salarios, a un incremento de la inflación, el recorte del gasto público y otras medidas antipopulares.

La democracia en el último domingo electoral fue representativa de muchas cosas, menos la de mostrase como el resultado de la “expresión mayoritaria de la ciudadanía”.

Cuando un numeroso grupo de mujeres en una escuela de la Plata comenzó a golpear palmas y a exigir a los gritos que los presidentes de mesa les firmaran el documento para retirarse sin votar, estaban sacando a la luz lo que debería haberse transformado en una radiografía del escandaloso fraude electoral kirchnerista.

¿Qué había pasado para que estas sufridas ciudadanas, que habían esperado durante horas su turno de votación, reaccionaran en forma tan vehementemente “antidemocrática”?

Simple, los medios de comunicación a esa hora ya estaban anunciando los resultados electorales que consagraban a Cristina Kirchner como presidenta de los argentinos, con porcentajes superiores al 45 % (con la excepción de Crónica TV que hacia que esos porcentajes subieran hasta un impensado 53%) Si la elección había concluido, para que seguir con el penoso ritual sostenían las mujeres: “que nos firmen las libretas que queremos ir a cenar con nuestra familia” decían entre indignadas y
jocosas; la multitud de hombres, en tanto, callaban en ordenada fila india.

¿El kirchnerismo se hizo abstencionista?

El kirchnerismo perdió en La Plata, aunque esta contingencia, también era conocida por el oficialismo desde antes del cierre de los comicios. Era menester entonces, desalentar a los electores en la ciudad natal de la actual presidenta que se mostraba tan profundamente hostiles a la continuidad del “cambio que recién se inicia”. Es preferible – sostuvieron los funcionarios- que los ciudadanos no voten, para que la suma de votos positivos opositores no logren provocar porcentajes que oscurezcan el triunfo oficialista o, en el peor de los casos, una
fatal segunda vuelta.

El mecanismo abstencionista impulsado por el gobierno fue simple, se trató de abultar los padrones de mesa a casi el doble de los de elecciones anteriores, con la intención de provocar una congestión descomunal cuyo efecto fue que la gente se retirara sin votar después de verse frustrado en varios intentos.

Cerca de las 18 hs. en la mayoría de las escuelas, largas colas de electores pugnaban por la emisión de su sufragio, cosa que, a esa altura del partido aparecía como una tarea épica. Los demócratas más consecuentes lo lograron cerca de las 20 o 21 horas; el resto, acuciado por la desesperanza ya se había retirado más temprano sin votar y terminó leyendo las tendencias nacionales por televisión, sospechando que algo raro estaba pasando.

Rehén de los aparatos y la patota

La situación relatada en La Plata se vivió en otras grandes ciudades donde la nueva presidente de los argentinos intuía una derrota sin atenuantes. Rosario, Córdoba, Mar del Plata, Bahía Blanca mostraron el mismo fenómeno. Esto lleva a que muchos analistas consideren que el voto que llevó al triunfo al kristinismo estuviera traccionado por los sectores populares, mientras que entre los sectores medios y altos le fuera más medido.

Estas posturas tienen algo en común: seguir destacando la voluntad del electorado como el aspecto sustantivo de la jornada cívica, por encima de cualquier maniobra fraudulenta.

La democracia en funcionamiento del último domingo electoral fue representativa de muchas cosas menos la de mostrase como el resultado de la “expresión mayoritaria de la ciudadanía”.

Datos curiosos: una persona que una escuela de barrio le indicó tímidamente al presidente de mesa que faltaban las boletas del partido que quería votar, se le respondió, que ponga un papel escrito con el nombre del candidato que el presidente de mesa en persona le aseguraba que lo iba a tener en cuenta a la hora del escrutinio.

Cientos de personas, denunciaron por diferentes medios que ante la falta de boletas le sugerían que pusieran cualquier otra o que votaran en blanco. Valiente prédica la del kirchnerismo a favor de la abstención y el votoblanquismo.

Las mesas en los distritos del conurbano funcionaron sin presidentes; se sabe que los telegramas de convocatoria, pese a las durísimas criticas realizadas por todos los medios en contra del “antidemocrático ausentismo” de autoridades de mesa, no fueron enviados. Esto provocó que los fiscales oficialistas actuaran discrecionalmente liquidando las boletas de la oposición.

En las grandes ciudades, los partidos tuvieron mayores posibilidades de apuntar fiscales lo que hizo que estas maniobras fueran menores. Las colectoras del aparato peronista bonaerense y hasta los sectores vinculados al proceso trabajaron fervientemente en sus regiones para que el triunfo de Cristina fuera contundente, recurriendo a todos los recursos a su disposición en primer lugar el clientelismo y la promesa de alguna migaja. En segundo lugar con la amenaza y el apriete directo, “si no hay boletas y no te gustan las que hay andá cagar”.

El sueño progresista de un presidente derecho y humano quedó en manos de los viejos punteros asociados a la patota y de algunos exprocesistas como Rico, en San Miguel, o Jorge Ugarte, en Rauch, solo para nombrar a los más conocidos.

El rol de la oposición, rehenes del fraude “acá no pasó nada”. La crisis que se avecina que obligará al aumento de tarifas, al congelamiento de salarios, a un incremento de la inflación, el recorte del gasto público y otras medidas antipopulares, ha logrado disciplinar a la oposición en un frente único con el fraude.

La candidata, hoy presidente de los argentinos, alcanzó la aceptación de los principales representantes del capitalismo internacional para asegurar su futura gestión. A cambio de tan importante apoyo, el kirchnerismo prometió que sus futuros pasos, con respecto al FMI, el Club de Bancos, las privatizadas, etc. Tendrán la moderación del colonizado.

De las elecciones debería surgir un gobierno semi plebiscitado para realizar estas ingratas tareas. La única garantía, para que este programa de crisis tenga la anuencia ciudadana, pasa por robustecer el hasta hoy enclenque pacto social.

Ni Carrió, ni el resto de candidatos burgueses, por más que se autoproclamen como alternativa al futuro, están en condiciones de denunciar esta política porque la comparten.

La denuncia del fraude y una campaña consecuente en ese sentido, debilitaría las posiciones ganadas por el kristinismo y pondrían en peligro la futura gobernabilidad.

Las elecciones del domingo último aunque dejen mucha tela por cortar, muestran dos aspectos fundamentales que no se pueden dejar de tener en cuenta a la hora de realizar un análisis. En principio, han herido de muerte la ilusión progresista de un kirchnerismo transversal alejado de la vieja política; mientras que, por otro lado, dejaron al descubierto al propio sistema representativo: “el más perfecto de todos los sistemas creados por el hombre para gobernarse”, como un simple sistema de manipulación en beneficio de los poderosos.