Inundaciones: diez años después

mayo 6 /2013
Lic. Carlos Liendro

Los alertas meteorológicos tienen otro significado en estos tiempos. Luego de las catástrofes sucedidas primero en Capital (barrios que antes no se inundaban) y luego en La Plata, nos dejan ese sabor amargo y doloroso como una nueva convulsión social. Lo que se comenzó a analizar es si estas inmensas lluvias con sus consecuencias, era algo atribuible a la naturaleza [1] y si la muerte de tantas personas se hubieran podido evitar.

Las imágenes que diez años después hemos visto por televisión, vuelve a hacernos recordar aquello de que solo aprendemos en el dolor. Se podría hacer una simple comparación de lo que sucedió hace diez años, solo que ahora en el 2013 ha sido a mayor escala.

El 29 de abril del 2003, quedaron bajo las aguas un tercio de la ciudad de Santa Fe. Hubo 23 muertos reconocidos, luego por una demanda judicial se elevo la cantidad de muertes a más de cien. Hubo aproximadamente 140 mil evacuados en 28 mil familias.

Representaban el 35% de los habitantes de la ciudad. Después de un tiempo se probó por peritajes técnicos que el agua entró por un boquete que dejaba abierta una obra inconclusa. Comienza a tomar forma entonces quienes fueron los responsables desde el poder político de este tiempo en Santa Fe. Si bien el río Salado subió de un día para el otro lo que hoy se evalúa- ya que nunca había sucedido una inundación tan devastadora y luego no se repitió- es que se tenía conocimiento como probabilidad.

La Municipalidad había cerrado el paso en algunas calles (Gorostiaga y el Hipódromo). Es el viejo tema de quién toma las decisiones políticas y luego de quien se hace cargo. Actualmente están imputados quienes ocuparon cargos de intendente, Ministro de Obras Públicas y en la dirección de Hidráulica. Están acusados de estrago culposo agravado por la muerte de 18 personas. La justicia solo tomó 18 casos, aunque la provincia reconoce 23. Falta que aún vuelva a declarar el actual senador Reutemann, que aquel momento era el gobernador. Hoy existen libros y documentales que suman y aportan historias y explicaciones de aquellos dramáticos sucesos.

Jorge Castro escribió ‘Verdades locas sobre impunes mentiras’, él junto a su esposa habían perdido todo y luego trabajaron en la ayuda con las personas de su ciudad. El documental ‘La lección del salado’ (realizada por un canal de cable) muestra los gastos del ‘Comité de crisis’ que se habían hecho: 10 mil colchones, miles de frazadas y zapatillas. Este dato es interesante para luego comprender dónde fue esa ayuda.

Inundaciones en Santa Fé

Quien escribe estas líneas tuvo la posibilidad de participar por intermedio de Médicos del Mundo [2] El equipo salió de Buenos Aires, con médicos, enfermeros, psicólogos y trabajó junto a estudiantes de la Universidad Nacional de Entre Ríos. Ver las condiciones de catástrofes, en las calles inundadas, donde el agua poco a poco iba bajando, era solo una parte, lo más grave era en qué condiciones quedaba la gente luego de la inundación. Hoy el nombre técnico en salud se lo conoce como ‘pos- trauma de catástrofe’. Nos tocó intervenir en la contención de la gente. La primera parte era la del cuidado de la salud (evitar infecciones) en aquellos que ya podían ir volviendo a sus domicilios.

Otro aspecto era el agua que podían consumir, la limpieza de esas paredes que aún tenía las marcas de hasta donde había llegado el desborde del Salado. Pero lo más impactante era el relato de quienes sufrieron esa sensación de impotencia y de terror en medio de la noche. Algunos comentaban como veían pasar cuerpos, otros contaban que vieron gente atada a los árboles para que la correntada que entraba a las casas por las calles, no se llevara a los abuelos o niños discapacitados. La depresión es uno de los síntomas primeros que aparecen. La sensación profunda de haber perdido todo. Una docente jubilada nos contaba que había perdido sus títulos, fotos de sus hijos, de sus alumnos.

Esos pequeños recuerdos afectivos que se guardan en un cajón. Para eso se debían preparar equipos de salud mental que siguieran trabajando con la población [3] De parte de las autoridades de salud era poco lo que se podía contar. Por un lado por falta de preparación y prevención, pero por otro lado de querer buscar soluciones en medio de la improvisación.

Se sabía que había galpones llenos de alimentos, ropa, pañales, medicamentos, pero eso no se distribuía. Había una fuerte presencia del ejército, ya que tenía temor de algún saqueo. En la vieja estación terminal abandonada de Santa Fe, estaba otro tipo de población, hacinados dormían chicos en los vagones abandonados. Allí estaban como guardados (encerrados). Recibían comida, vacunas, controles de salud, pero todo allí adentro. Un mundo aislado. Recuerdo la sonrisa de esos chicos jugando, inocentes de no saber qué vendría. Era un sector socio- económico bajo. Muchas de sus padres no sabían leer y no tenían trabajo.

Las imágenes que diez años después hemos visto por televisión, vuelve a hacernos recordar aquello de que solo aprendemos en el dolor. Se podría hacer una simple comparación de lo que sucedió hace diez años, solo que ahora en el 2013 ha sido a mayor escala. La falta de planificación de las ciudades, sin tener en cuenta el crecimiento demográfico, la falta de regulación de los negocios inmobiliarios, hace que estos ‘desastres naturales’ sean hoy menos justificados [4]

Por eso valen estas preguntas: ¿cómo actuaría la clase política ante una explosión nuclear?, ¿están preparados los mecanismos o dispositivos de defensa civil, de redes de evacuación en la población? En otros lugares esto se aprende desde la escuela primaria. Niños del Jardín de infantes, aprenden que en caso de incendiarse su campera de abrigo debe rodar por el piso como una forma de apagarla. Técnicas elementales de una situación de riesgo.

Se cumple un mes de las trágicas inundaciones y comienzan a realizarse marchas. La gente se moviliza para pedir subsidios y recodar las víctimas fatales: ‘Justicia por los muertos’ dice uno de los petitorios. Vuelve otra vez a no quedar claro cuántos fueron los muertos. Ante la gobernación los manifestantes mostraban un muñeco gigante del Intendente con una palmera, en referencia a que mientras sucedida todo el desastre, él estaba en Brasil, como el otro Intendente de Capital. El toque de distinción lo siguen dando los medios. El alerta meteorológico es la alarma del terror.

Al principio comenzó con el granizo (malo para el campo en las pampas y sufrimiento para quienes tienen autos en las grandes urbes), pero con lo sucedido por la cantidad de lluvias que debían producirse en un mes, en unas horas, ya tienen ‘siempre listo’ a los ‘movileros’, transmitiendo antes que se produzca la noticia. Es lo que se conoce como ‘construcción del acontecimiento’. El fin es el de siempre: tener en tensión a la gente.

Quienes manejan los medios, conocen las teorías de la comunicación de la posmoderidad, contemporáneas del liberalismo de los 90: “ahora habitamos un reino de apariencias ilusorias o puramente ficticias; la ‘realidad’ se define totalmente mediante la acción de multiplicados ‘simulacros’ o efectos de la realidad” [5]

  • Libro: REICHIANAS- DIVULGACIÓN DE LA OBRA DE WILHELM REICH
    Carlos Liendro (compilador)
    Presentación:10 de mayo a las 20 en la 39° Feria del Libro de Buenos _ Aires. Stand 116 de la SADE (Sociedad Argentina de Escritores).