Jóvenes perdidos entre las drogas y el alcohol

diciembre 14 /2007
Lic. Carlos Liendro

(Especial para Salta Libre) Análisis y aporte a la amenaza de pérdida de una generación juvenil por las drogas. El Licenciado en Psicología de la UBA Carlos Liendro afirma que desde el Estado no existe una política clara sobre el tema. Se refiere a la la connivencia entre los que reparten drogas y los que la producen. Y reafirma la falta de lugares rehabilitación y de contención de los jóvenes consumidores. Sostiene que 30 años atrás toda una generación de jóvenes desapareció ante el terrorismo de Estado, ahora podría perderse otras generaciones por el consumo de drogas.

Aun se niega que la dorga y la delincuencia en los adolescentes tenga que ver con la pobreza y la falta de futuro para esas generaciones.

Cuando algún funcionario en nombre de Michel Foucault cita el tema del poder y los encierros, pero no da las cifras de cómo ha crecido la población adolescente en los institutos de menores (que funcionan como cárceles); cuando las leyes sobre la infancia y adolescencia existen, pero no se cumplen (violando todos los acuerdos internacionales); cuando algún periodista afirman de que algo malo habremos hecho para que estos jóvenes necesiten drogarse para soportar este mundo (y ese periodista solo se preocupa de por qué no está en televisión), vamos entendiendo el gran ‘rompecabezas’ en que han transformado un ciclo vital tan importante como la adolescencia.

En estos últimos diez años, década del 90 y crisis del 2001 mediante, los medios se han encargado de llevarnos a la velocidad de su información. Cuesta buscar lugares de reflexión. Todo es lo instantáneo. Las noticias rápidamente quedan viejas, porque una supera a la otra y ese es el negocio del periodismo amarillo.

Sobre esto último vuelve a aparecer en los medios de comunicación la información de los asaltos y la toma de rehenes que cometen los adolescentes, de las muertes que realizan en robos, del consumo de drogas, el alcoholismo, de los suicidios. La impronta de las imágenes de la televisión es más fuerte que la prensa escrita. Ese tipo de periodismo no permite el análisis, la intervención de otros especialistas en la opinión, la investigación o la difusión de los miles de personas que trabajan por niños y jóvenes.

Se necesita construir nuevos espacios. Esos son los nuevos desafíos para nosotros desde la salud, la educación, las ONGs, las redes sociales. Debemos seguir trabajando en lo asistencial pero mucho más en lo preventivo. El tema de la violencia que repercute en las escuelas como una caja sonora, es lo que está sucediendo en la sociedad y las familias. Determinados sectores sociales no solo han quedado desamparados económicamente, han quedado sin redes sociales que anteriormente les permitía integrarse. La escuela sigue siendo ese medio (aunque algunos docentes no lo entienden así). Los procesos educativos son sociales: derivan del conocimiento que produce el hombre en su cultura.

Las noticias sobre como los jóvenes construyen ocupan pocos espacios en los medios. Algunos diarios muestran como filman en videos mostrando las necesidades de sus pueblos, como intervienen en programas preventivos de salud (en temas de sida), en grupos de artes (en teatro, música, plástica, la danza) como una forma de salir de una vida de riesgo en la calle.

Aquellos que piden ‘mano dura’ (y hasta pena de muerte) han querido generar ‘escuadrones de la muerte’ (lo que conocemos como ‘gatillo fácil’) en nombre de la justicia. Son alarmante las cifras de muerte de adolescentes que aparecen fusilados ó muertos por ‘ajustes de cuentas’. Niegan que la delincuencia en los adolescentes tenga que ver con la pobreza y la falta de futuro para esas generaciones.

Argentina va primero en Iberoamérica en el consumo de psicofármacos (drogas legales). Ha habido un aumento de la automedicación, que ya los niños ó los jóvenes ven en sus propias familias. Por el otro se fue conociendo la connivencia entre los que reparten drogas (y los que la producen y la traen por las fronteras), la policía y el poder político. Están faltando lugares de rehabilitación y de contención de los jóvenes que consumen. Se sabe que treinta años atrás toda una generación de jóvenes desapareció ante el terrorismo de Estado, ahora están haciendo sucumbir otras generaciones con el consumo de drogas.

  • Carlos Liendro, Licenciado en Psicología de la UBA
    Editor del períodico "Pulsación"
    www.cewr.galeon.com.