La educación en llamas

diciembre 17 /2010
Antonio Gutiérrez

Guitarreando la educación

Se observa hoy en la Argentina y especialmente en provincias como Salta, un marcado deterioro educativo que comenzó, o se agudizó, a partir de la última dictadura militar y que tuvo su punto más alto durante el período menemista y se propagó en los gobiernos posteriores.

Cabría decirles a los funcionarios que hay diferencias entre pobreza y marginalidad, que la marginalidad no es solamente económica sino fundamentalmente educativa y cultural.

Los estragos están a la vista y se evidencian no sólo en las aulas, en donde es ya casi imposible dar clases, sino también en la calle: fenómenos de creciente desculturación, caída de una parte de los ciudadanos en la condición de semianalfabetismo, total inobservancia de las reglas del tránsito y de las leyes de la convivencia, deterioro del entramado social, aumento de la marginalidad, pérdida de los valores civilizatorios, imposibilidad de una tramitación simbólica del malestar, proliferación de las conductas psicopáticas y de los pasajes al acto.

Pero quienes trazaron esta suerte educativa, ayudados por los tecnócratas de siempre, que ponen sus débiles teorías al servicio de la justificación científica de las acciones de los amos, tuvieron en realidad éxito en lo que se habían propuesto, que era cumplir con los mandatos de los organismos de crédito internacional, principalmente del Fondo Monetario Internacional, para destruir intencionalmente la Educación en la Argentina y reducir la enseñanza a una mera creación de mano de obra barata, destinada a satisfacer las exigencias de la especulación neoliberal, es decir, producir sujetos no-pensantes, fáciles de ser manipulados electoralmente por los grupos de la derecha asociados a los intereses neoliberales.

Ese derrumbe educativo fue consustancial y correlativo con la reforma de las leyes laborales, con la precarización del empleo y con la caída de las funciones del Estado que pasó de este modo a cumplir tareas de mero gerenciamiento de la especulación financiera internacional, de gestoría de los negociados de los grupos de la economía concentrada.

En la ciudad de Salta ni siquiera se cumplió, hasta el día de hoy, con la derogación de la llamada Ley Federal de Educación, engendro neoliberal que vació a la Escuela argentina de todo contenido formativo de la personalidad. Materias como historia, matemáticas, física, química, literatura, filosofía, etc. cedieron buena parte de sus cargas horarias a materias como “Tiempo libre”, “tutoría” y otros inventos carentes de seriedad y sentido.

Los tecnócratas, al servicio de los intereses económicos de los grupos dominantes de la tiranía del mercado, quisieron hacernos creer que se trataba de fomentar la creatividad, de salir de los modelos tradicionales de la educación (basados en la erudición no reflexiva) para facilitar ahora la innovación y la iniciativa de los estudiantes, como si alguien pudiera acaso crear desde la nada o de borrón y cuenta nueva, sin contenidos culturales previos. Los resultados están a la vista.

A toda esta calamidad anterior se suma la desregulación (término caro al neoliberalismo) de toda la formación docente. Desaparecieron entonces las escuelas Normales y los colegios Nacionales y proliferaron, sin un mayor control del Estado, principalmente en la provincia de Salta, los institutos terciarios mal puestos, que no podían asegurar un mínimo de capacitación ni una calidad educativa a los futuros maestros y profesores. Muchos de esos “institutos terciarios” no constituían en realidad más que una simple alternativa comercial a una choripanería o a una venta de pollos, con el perdón por la ironía.

Pero la cosa no ha cambiado mayormente, el nivel docente continúa en general siendo malo y no ofrece posibilidad alguna de una transmisión de conocimientos ni facilita una identificación de los estudiantes con los profesores. La Educación ya no educa. Los Ministerios de Educación se ocupan más en tratar de cumplir con las estadísticas y con los días de clase, que garantizar una enseñanza.

Hay que decirlo aunque suene duro, si es que queremos cambiar todo esto: En las escuelas y colegios secundarios hay alumnos que no saben siquiera utilizar utensilios, sanitarios ni modales mínimos de la convivencia. Una parte de ellos está perdiendo inclusive las palabras del idioma y comienza a manejarse con unos pocos vocablos y frases hechas.

Se escucha sin embargo decir, a los funcionarios políticos, que sus gobiernos invirtieron en Educación, que construyeron cientos de nuevas escuelas, que mejoraron los salarios docentes, como si eso fuera suficiente y bastara para revertir esta “tragedia educativa” en la que se encuentra la provincia y el país en su conjunto. Por supuesto que está bien edificar escuelas y aumentar los salarios de los maestros, pero ello no basta, hay que ponerse a pensar en otra cosa que no sean las alianzas partidarias y los votos. Estamos a pocos meses de las elecciones para elegir gobernador y ningún candidato ha dicho hasta ahora que va hacer en materia de educación, cómo se puede salir del creciente derrumbe.

Hoy en día más que una pobreza económica, que desde luego existe, hay un notorio empobrecimiento cultural que se traduce en una mayor fragilidad de los pobladores a la hora de defenderse de las condiciones actuales del capitalismo en el mundo y de los efectos de exclusión y desinserción que provoca.

Un nuevo proyecto, una nueva concepción de la escolaridad, una verdadera “revolución educativa” que implique reales cambios en la formación docente y en la transmisión del conocimiento, un plan intensivo mediante el arte, la literatura, la música, la historia, la creación de centros educativos culturales en todos los barrios de la ciudad y de la provincia, son necesarios y urgentes para detener la destrucción civilizatoria y atenuar, aunque sea en parte, los estragos causados por las pésimas políticas en educación de las últimas décadas.

  • Antonio Gutiérrez
    Escritor y psicoanalista.