¿La hora del repechaje radical?

Dr. Carlos H. Saravia
agosto 27 /2008

Senadora Silvina Vargas

El sábado 30 se reunirá la Convención Provincial de la UCR salteña. Si bien temario se restringe a la aprobación de los balances económicos y el informe de los legisladores, podría ampliarse el debate a la posición partidaria respecto de la gestión de gobierno de Juan Manuel Urtubey.

El gobernador apuesta ahora a una inserción del justicialismo a su gestión y solamente muestra alguna consideración con los renovadores.

Como es sabido, esta expresión partidaria sufrió varias fracturas a nivel local, primero con el éxodo de dirigentes al romerismo y, luego, con quienes advirtieron en el kirchnerismo una oportunidad para acceder al poder en Salta. El exagerado pragmatismo de todos ellos se encuentra actualmente en crisis.

La devaluación del oficialismo nacional tras el conflicto agropecuario y el voto “no positivo” de Julio Cleto Cobos, ha provocado un cisma en la llamada política de la “transversalidad”. Las repercusiones en el radicalismo son casi directas y desde la conducción nacional, a cargo del senador jujeño Gerardo Morales, se han enviado señales de que podrían autorizar el regreso de quienes hoy no se sienten contenidos
por el kirchnerismo.

La diáspora entre el “cobismo” y los “ultra k” se ha hecho pública en estos días. Mientras los primeros tratarán de armar una estructura que el año próximo compita con autonomía en algunas provincias (Mendoza y Corrientes, por ejemplo), los segundos anunciaron que fundarán el “Partido de la Concertación”.

Los pragmáticos salteños transitan por un período confuso y esta incertidumbre es alimentada por cada acto de gobierno de Urtubey. Sólo un par de cargos de tercera línea y algunos contratos que simulan ingerencia, es lo recaudado luego del apoyo electoral, inorgánico pero efectivo, en las elecciones del 28 de Octubre pasado. Los
dos diputados que se sumaron sin reservas al urtubeysmo navegan en la hibridez.

En la última semana, los llamados radicales “k” salteños han realizado distintas reuniones en la que no solamente intentaron recobrar notoriedad sino que -al igual que el PRS, el PV y el Frente Grande- pretenden que el mandatario anuncie un relanzamiento de la coalición. Saben que del deseo a la realidad existe una distancia importante, pero necesitan definiciones con vistas a la renovación de bancas legislativas. También tienen plena conciencia que, de no ser incorporados a las listas de candidatos con el sello que los traccionó el año pasado, sus proyectos comarcales fracasarán.

Cualquiera fueren los pasos que den los seducidos para salir de su letargo, éstos no se advierten como decisivos. El gobernador apuesta ahora a una inserción del justicialismo a su gestión y solamente muestra alguna consideración con los renovadores que, por su caudal electoral, tienen más autoridad para la queja. Está convencido, también, que mientras maneje el presupuesto podrá controlar las protestas de los promiscuos.

A nivel nacional los correligionarios han comenzado, lenta pero progresivamente, a recuperar la credibilidad de sus afiliados. Desde afuera, otros ciudadanos también han comenzado a percibirlos como una fuerza a la que puede encomendársele el control parlamentario. Cada una de las coyunturas ha mostrado a sus bloques legislativos con
referentes solventes y compenetrados de la problemática. Basta para ello hojear los periódicos.

En Salta, no es descabellado pensar en la recuperación luego de la exagerada concentración de fuerzas heterogéneas en un gobierno que exhibe contradicción entre el discurso electoral y sus actuales decisiones. Por intermedio de sus senadores, el Comité Provincial ha realizado aportes que deben ser valorados.

Siguen pendientes sus iniciativas para la creación del Consejo Económico y Social, la Oficina Anticorrupción, el recupero de los fondos provinciales escamoteados por la Nación y la reformulación del reparto de las pautas de publicidad oficial, entre otros proyectos. Los pedidos de informes de Claudia Silvina Vargas y José Luis Valle duermen en los cajones de la conveniencia política pero dejan constancia de la siembra cívica.

No es fácil para ningún partido sobresalir sin recursos y en un medio caracterizado por la mezquindad y la especulación. Por ello, el repechaje radical no puede estar huérfano de coherencia y perseverancia.