La marcha (o las marchas...)

Daniel Cadabón
marzo 28 /2012

Los editorialistas no editorializaron, y los cronistas no hicieron un fiel registro de los hechos, sea por estupidez, despolitización o mandato. Las corporaciones mediáticas, estatales y privadas, relataron las diferentes marchas de este 24 de marzo como si se tratara de una sola cosa, como si el oficialismo y la izquierda que rebalsó la Plaza de Mayo y las calles aledañas pudieran unificarse en un solo reclamo “contra el golpe”.

Los medios de la “corpo” destituyente y la “corpo” del propio oficialismo destacaron sus mejores plumas y charlatanes para denostar la marcha del 24.

La oposición burguesa que intento visibilizarse en una jornada de movilizaciones masivas no alcanzó a rodear un cantero de la histórica Plaza. Las decenas de miles movilizados, además, coronaron esta marcha con un documento durísimo, teniendo como eje central las políticas del oficialismo y su hipócrita política de DD HH. No sólo de recuerdos vive el hombre.

La ley antiterrorista; el proyecto de inteligencia para perseguir luchadores; la vida de 51 obreros muertos y cientos de heridos en la masacre de Once, el gatillo fácil, la impunidad para los represores del pasado, la represión del presente, los favores a las megamineras, la demagogia malvinera, mientras se firman contratos con las empresas y bancos ingleses y estadounidenses; y muy especialmente nuestro joven compañero Mariano Ferreyra, eran los componentes que llenaron el espíritu convocante de esas decenas de miles de personas movilizadas, que terminaron por empañar, sin ninguna duda, el “acto destinado a llenar la plaza de alegría” oficialista entre funcionarios y funcionales (puede parecer perverso que una recordación llena de sangre, tortura y desapariciones quiera cubrirse de alegría “risas y cantos” pero varios de los convocantes al acto oficial se pronunciaron a través de volantes en este sentido, no olvidemos que por otro lado el 24 de marzo fue consentido como feriado nacional, con todo lo que deja explicito el término feriado).

La impresionante movilización de los partidos de izquierda – en especial de los que integran el Frente de izquierda- en una fecha supuestamente tan cara al oficialismo kirchnerista tuvo de una relevancia extraordinaria que los medios se negaron a dejar ver.

Los medios de la “corpo” destituyente y la “corpo” del propio oficialismo destacaron sus mejores plumas y charlatanes para denostar la marcha considerándola exclusivamente como la consecuencia de una unidad nacional “en contra del golpe” y no dejaron de aprovechar la ocasión para volver a reclamar “la existencia de una oposición seria, que debata propositivamente con el gobierno” sin perder la calle.

Pero la calle no da lugar para desmentidas o infladores de opinión pública a partir de la saturación mediática. Porque ahí estuvieron presentes los “referentes progresistas” que tienen la seria tarea de exudar republicanismo en contra del bonapartismo de Cristina Fernández, mostrando el raquitismo que los conforma y dejando ver, para el que quiera ver, que los fenómenos televisivos no se traducen necesariamente en fenómenos de masa: el Fap de Binner, 80 personas; el Gen de Stolbizer, apenas 100 personas; los simpatizantes de la desmemoria estimulada por Carrió, 40 personas.

Apenas unos 500 radicales embanderados (UCR) participaron de la marcha. En el intento de enjuagar su pasado de obediencia debida, punto final y asesinatos, aun impunes, a luchadores bajo el gobierno alfonsinista y del último gobierno de la alianza con el tristemente célebre Frepaso hoy kirchnerista (Garré, Alvares, Bordón y figurones menores), recibiendo un repudio generalizado que se manifestó en una indiferencia masiva y en las miradas sarcásticas de la multitud.

La “gente”, como les gusta decir a los que desinforman hasta desde las caracterizaciones sociológicas, le dio la espalda a los partidos de la pequeña burguesía pro burguesa y marchó compactamente detrás de las banderas de Memoria, verdad y justicia, el Frente de izquierda y otras agrupaciones antioficialistas.

La elección de la fecha no fue casual. El repudio al kirchnerismo se jugó en el mismo campo que el gobierno eligió para engañar: la lucha por los DDHH.

El golpe recibido por el oficialismo frente a semejante movilización no puede ser ignorado, y la marcha ha logrado, de hecho, que se haya establecido un frente único que hasta acá parecía desopilante: el gobierno y sus medios, Magneto y La Nación, no escatimaron esfuerzos para desacreditar la más grande movilización popular en contra del gobierno kirchnerista de los últimos años y a menos de 4 meses de la reasunción de Cristina Fernández a cargo del ejecutivo.

Un día antes, esta tendencia ya se había manifestado en la ciudad de La Plata, donde después de muchos años se logró que casi 4 mil personas marcharan recordando a Julio López -acusando a la justicia y al ejecutivo (nacional y provincial) de complicidad con su desaparición-, condenando las políticas de ajuste, los tarifazos y demandado aumentos salariales acordes a la canasta familiar.

Las denuncias del documento leído frente a la cara de Scioli, fue inapelable en cuanto al trazado de relaciones entre las políticas dictatoriales y su continuidad hasta la actualidad. La denuncia abarco a la complicidad de la burocracia sindical y de las patronales en la entrega de activistas a las fuerzas represivas. En el mismo sentido, que se caracterizó al golpe como una herramienta activa de la burguesía para frenar los reclamos obreros y el crecimiento del clasismo de los años 70, cuyos antecedentes los encontramos en el gobierno peronista y la construcción de los escuadrones de la muerte y las triple A.

A la participación de la burocracia sindical en las tareas golpistas, se le sumaron los que “lealmente apoyaron al proceso” entre peronistas, radicales, socialistas y comunistas. El golpe, fue cívico militar, sin duda, y en declaraciones recientes el genocida Videla da cuenta de como estuvieron conformadas sus tropas.

La caída de imagen que viene soportando el gobierno nacional, se traduce además, en una fuerte agudización de las contradicciones entre los grupos que participan del armado kirchnerista. Las camarillas que se han acercado al oficialismo desde diferentes afluentes, han quedado prendadas en cada una de las distintas medidas oficiales sin participar en la confección de un programa de gobierno común. El progresismo kirchnerista no puede firmar ni avalar ninguna de las sentencias que los documentos de las marchas propusieron. Están al margen de la real lucha por los derechos humanos hoy y en mora con las denuncias de los partidos cómplices de la dictadura a los cuales llaman a apoyar (PJ)

Una de las virtudes del kirchnerismo, en sus “dos versiones” (Néstor y Cristina) fue la actualización constante de este debate sin principios entre postulados de progresistas y de derecha que se amalgaman en función de una estrategia basada en la posibilidad de gobernabilidad.
La gobernabilidad, es el catalizador de esta bolsa de gatos que representa el kirchnerismo, tanto en la acciones como en el relato.
Acusar a FPV de que el relato es progresista mientras las acciones son conservadoras y antipopulares es solo una forma de encubrir la realidad.

La calle, desmiente que el gobierno sea un elemento en disputa entre diferentes corrientes dedicadas a presionar mutuamente y donde las plazas tomadas por cada una de ellas están dentro de una dinámica permanente progresista o conservadora. La calle tomada por manifestantes demostró que el recurso a los DDHH es una estafa ruin del oficialismo.

Las cuentas no pueden ser más claras: 700 centros de detención clandestina no podrían dar lugar a 1300 procesamientos, a no ser que pensemos que miles de detenidos desaparecidos, muchos de ellos combatientes, fueran torturados, asesinados, y puestos en custodia por 1, 85 esbirros, por centro. Si, en cambio, dijéramos siendo moderados: diez torturadores por centro; ya estaríamos hablando de 7 mil represores y si a estos le sumamos la red de encubridores, de colaboradores, de financistas, de oficiales mayores que ejecutaban tareas de orientación política, etc. estaríamos hablando de casi el doble.

¿Cuántos pagan condena por esto? Solamente 214, de los escasos 1300 procesados. Los organismos denuncian que 284 más murieron de viejos y otros tantos se van muriendo también después de 36 años de impunidad. ¿Qué hay que festejar con risas y cantos?

Los progresistas creen ser dominantes en términos de relato revolucionario y apelan permanente al recuerdo de los cuadros descolgados; “desconociendo” que la que está colgada en algún archivo enmohecida y pudriéndose lentamente, es la ley de medio, que ellos usan como justificativo progre del gobierno nacional y popular.

Se conforman con que en esta disputa inacabada se trata de dinamizar las presiones para que el kirchnerismo de una volcada hacia la izquierda y que el estado se llene de funcionarios ideológicamente progresistas; pero mientras cada uno lucha por su propio sillón no salen a la calle a reclamar. porque entienden que es tiempo de festejar.

Esta estrategia, conocida como la de “furgón de cola”, es un seguidismo sin principios que termina por explicar que las políticas volcadas a la derecha del cristinismo son presiones que el gobierno se ve obligado a soportar y que por esto “hay que apoyarlo más que nunca”. Todo esto es viejo, muy viejo, ya fue ensayado en las décadas pasadas y parece extraño que pese su repetición esta teoría “del entorno malo” que impide al presidente del ejecutivo ser soberano a la hora de tomar las decisiones siga vigente.

Fue así con Perón, con Isabel, fue así en épocas de la dictadura con los stalisnistas (hoy kirchneristas) y morenistas que consideraban a Videla como el último eslabón de una cadena de presiones que de romperse daría lugar a la llegada al poder de un ala más derechista de la dictadura, Videla como dictador se diferenciaba en su “dictablanda” de una verdadera dictadura. Menos mal.

Visto hoy a la distancia, y para las nuevas generaciones, puede parecer un espectáculo grotesco de caracterizaciones políticas equivocadas pero no es eso lo que nos ocupa sino el mecanismo de “mal menor o del entorno hostil” que la pequeña burguesía “progre e intelectual” siempre reactualiza para conservarse dentro de los marcos de la gobernabilidad que es en definitiva lo que le da de comer.

La reiteración de esta teoría se ha agudizado con el tiempo y jalona la aventura intelectual kirchnerista invistiéndola de una mística revolucionaria cuando la realidad es que el kirchnerismo vino a sacar a la gente de la calle, es decir de plantarse como un reaseguro contra cualquier proceso revolucionario que tenga como protagonistas a los trabajadores y el pueblo.

No es cuestión de andar demandando que estos intelectuales sean consecuentes con sus planteos ya que de hecho no tiene ninguna otra alternativa que surfear sobre la ola. Pero el clima social que ayudaron a construir, embellecer y consolidar empieza a agrietarse de modo sustancial y muy probablemente el modelo sea pasible de una sanción social que los obligue a un conjunto de replanteos. Para que decirlo tan difícil, mejor es: a abandonar el barco más temprano que tarde.

La inconsistencia de estos sectores ha sido histórica se han ido sumando a diferentes proyectos sin solución de continuidad los que los ha posicionado como personal estable del plantel estatal y desprestigiado ante sus propios núcleos de sustentación.

Dilapidaron caudales electorales inéditos cuando se conformaron como fuerza política (FREPASO), y pasaron a militar en la Alianza cuya diáspora los acomodó en el kirchnerismo como parte del proceso donde se cumplirían sus propósitos emancipatorios. Gente de principios blandengues de tanto andar y andar de un lado para el otro ya no tienen una visión propia de las cosas y en su cinismo fortalecido por tantos años de frustraciones e impotencia toman prestado lo que no pueden construir de propia mano.

Quizá la actitud de la burocracia sindical cegetista sea más coherente que la de estos arribistas. Moyano directamente no fue. ¿Qué hay de aquellos que hoy lo visten como la nueva resistencia a la opresión kirchnerista? La tendencia al acuerdismo con estas fracciones de la burocracia sindical es la otra pata del desbarranco progresista.
Un párrafo final sobre la marcha. Nada se vio entre las bases del kirchnerismo que hable de una profundización de la política en la conciencia popular. Nada, diferencia la masa movilizada por el kirchnerismo de lo que en su momento movilizó el menemismo o el duhaldismo. No se observa ni entusiasmo ni politización, quizá, eso sí, cambió la mano que entrega “el bono”.

La marcha marcó un cambio de rumbo, que las instantáneas de la calle nos dejan ver con claridad.

  • Daniel Cadabón
    Desde Buenos Aires
    Especial para Salta Libre