La reiteración de una farsa

febrero 7 /2011
Daniel Tort

Deshidratación y desnutrición

No hace mucho tiempo por este mismo medio y en oportunidad de poner a consideración otra editorial anterior que titulara: ¿Yo? Argentino! por la circunstancia de la lamentable muerte de una joven mujer de la etnia Wichi en el norte de nuestra Provincia y, frente al apresurado viaje de funcionarios de gobierno para simular preocupación por el tema, advertíamos que ese dispendio de viáticos, choferes, autos oficiales y mucha prensa no servía absolutamente de nada.

La inmoralidad está en vivir a diario el crimen de ver morir niños de hambre, mientras Urtubey sigue defendiendo el sistema que los mata.

Es más, afirmábamos que sería más provechoso que ese dinero se remitiera en forma directa para paliar aunque sea parcial y temporariamente las necesidades de los habitantes de ese lugar y, expresamente advertíamos que si no se implementaba un drástico plan de inclusión social, en un futuro próximo habría que lamentar nuevas víctimas.

Las noticias de la semana, mal que nos pesen y se nos abrume el espíritu por la impotencia, nos han dado la razón.
Tres nuevos niños han fallecido ahora, y es un hecho innegable que la verdadera causal es la desnutrición que sigue haciendo estragos en la población rural y urbana de nuestra Salta.

Todos los anteriores decesos de ciudadanos salteños , como esas circunstancias no salieron del ámbito regional, al joven gobernador Juan Manuel Urtubey no le causaron mayor preocupación y solamente se limitó a enviar algunos funcionarios de segunda línea al área del suceso, los que por más buena voluntad que hayan tenido, por supuesto que no lograron cambiar absolutamente nada.

Pero ahora la situación ha sido distinta, ya que la prensa nacional tanto gráfica como televisiva se hizo eco de la noticia y Salta estuvo en las pantallas de los Argentinos mostrándose como una zona donde las asimetrías de un modelo perverso de millonarias exportaciones sojeras tienen como contracara la más extrema pobreza.

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Rápido de reflejos entonces, el primer mandatario contrató un espacio en la cadena TN, en el programa de Eduardo Van Der Kooy (Código Político) y hacia allá viajó – siempre en el lujoso, versátil y para él, económico avión sanitario de la Provincia - y allí intentó defender su cargo argumentando que habría una reducción drástica de la mortalidad infantil en el año 2010 en comparación con el año 2007, y ensayó que antes se morían cuarenta niños al año y ahora esa cifra había bajado a cinco. Nadie sabe por cierto cómo es que el joven gobernador tiene ya una estadística del año que recién finaliza, pero en fin.

Como la mentira tiene patas cortas y la desorganización informativa del gobierno demuestra aristas muy largas, al día siguiente el sub secretario de servicios de salud, el médico Juan José Esteban en el Nuevo Diario del 04/12/2011 explicó que en lo que va del año han fallecido ya cinco niños. Y estamos a comienzos de febrero. Con esta perspectiva la manifestación del gobernador no solamente es falaz y desvergonzada, sino que se proyecta al término del 2011 una cifra bastante mayor que la que pretende endilgarle a su actual enemigo y antecesor Juan Carlos Romero, a quien calificó en FM Aries como un inmoral. En todo caso el mismo inmoral que él mismo ha acompañado en distintos cargos durante doce años (1995-2007) y hasta con la dedicatoria de un libro elogioso, que llevó al actual candidato a gobernador Walter Wayar a calificar esa proeza editorial como un acto de obsecuencia y chupamedismo, aunque éste opinador inveterado también haya acompañado al ex gobernador calificado de inmoral.

Todo este circo electoral se lleva adelante en un ambiente impúdico donde todos tratan de denostar a su rival mientras, en ese afán incivil y humillante se habla de mayor o menor cantidad de niños muertos como si se tratara de estadísticas de tasas de interés o cotización del dólar. Para remate de la falta de credibilidad la CTA por medio de una experta en el tema la doctora María Lapasset, informó que uno de cada ocho niños menores de cinco años presenta desnutrición. Lapidario.

En tanto, y como no podía ser de otra manera viniendo de quien viene, al no tener intenciones serias de cambiar un modelo de explotación intensiva capitalista que es el que genera este caos alimentario y la barbarie acumulada, todo llevado adelante por intereses económicos a los que el joven gobernador representa literalmente, se reitera la farsa de enviar parte del gabinete a sesionar a la Ciudad de Tartagal y todo absolutamente al vicio, pues la cercanía transitoria de esos eternos presupuestarios en la región afectada prevista más para una nota televisiva que para otorgar soluciones, no podrá contrarrestar nunca las decisiones que desde el Grand Bourg o desde Finca Las Costas se seguirán tomando para favorecer una estructura de clase que no solamente gobierna impunemente a espaldas de esas necesidades extremas, sino que se prepara para no cambiar en nada ese esquema, pues sobre esa dependencia económica se sostiene el sistema electoral clientelar que les permite seguir monopolizando las decisiones de estado que les convienen a sus intereses.

Toda es una mascarada hipócrita que llora lágrimas de cocodrilo ante el evento innegable e irremediable de la muerte de niños. Pero detrás de esas caras de preocupación sigue firme el convencimiento oligárquico que han mamado desde la cuna y que no están dispuestos a variar. En nombre de desgastados líderes y apoyados en íconos emblemáticos de una época pretérita, siguen llevando adelante la sociedad anónima encubierta llamada Partido Justicialista, ligada a los negocios de la obra pública, la expansión de los servicios turísticos y la impúdica malversación de tierras.

En esa tarea, la pena por los cuerpitos desnutridos de los niños wichis recientemente fallecidos dura exactamente el mismo tiempo que tardan en volver a la Capital para seguir llevando adelante la economía liberal que comenzará a desnutrir a otros niños, para que cuando les toque el turno de morir se repita la farsa. Así entonces la facilidad para acusar de inmoralidad ratifica el precepto de que siempre es más fácil ver la brizna en el ojo ajeno que la viga en el propio.

La inmoralidad, señor gobernador, está en vivir a diario el crimen de ver morir niños de hambre, mientras Usted sigue defendiendo el sistema que los mata. Para muchos de nosotros su propuesta de cambio siempre fue una falacia, pero luego de tres años de repetir la misma cantinela sin vocación real de cambiar nada, seguir afirmando que ha habido un cambio profundo ya no lo pone en situación solo de mentiroso, sino de ridículo. Y desde ese lugar en política no se vuelve.