La única verdad es la realidad

marzo 2 /2014
Daniel Tort

Cuando el Gobierno Nacional a través de sus voceros oficiosos anunció que la española Repsol dejaba al País, lo hizo con tono de escarmiento, casi como una madre que reta a un hijo por una travesura. La señora Presidenta hablaba entonces de soberanía energética y de reestatización de YPF por innumerables incumplimientos de los inversores extranjeros al plan de desarrollo nunca puesto en práctica.

La reciente devaluación la pagan los asalariados y no Repsol, que cobrará en dólares y con altos intereses. La única verdad es la realidad.

Por su parte y desde el Senado Nacional Axeil Kicillof devenido en ministro de economía, iba más allá y afirmaba enfático que no solamente no pagarían un solo dólar, sino que como los expropiados habían extraído hasta la última gota de petróleo, ellos eran los que deberían pagarnos a nosotros, con más las indemnizaciones por el daño ambiental.

Ahora de la noche a la mañana se firma un acuerdo sin la intervención del tribunal de tasaciones que debería previamente emitir su dictamen, y con el apoyo legal de la regla estatal de expropiaciones de la dictadura del año 1977 –que increíblemente sigue vigente- se pagará a Repsol por lo menos entre 10.000 y 12.000.- millones de dólares.

Esta es la suma final que el Estado Nacional pagará hasta el año 2033, con la colocación de bonos a favor de los incumplidores, con garantías extraordinarias de pago en efectivo en caso de variación de los parámetros fijados al momento de la firma. Algo así como asegurarles a los que hasta el año pasado eran saqueadores y vaciadores de la empresa, un suculento acuerdo de pago constante y sonante.

Anunciar que en el peor de los casos sea abonará 6.000.- millones de dólares es una mentira objetiva. El monto del acuerdo es de 5.000 millones de la moneda norteamericana, con más una tasa del 8% anual, claramente usuraria si se tiene en cuenta que la tasa normal de plaza en préstamos internacionales es la mitad.

Con la colocación de los bonos por parte de Repsol a terceros –seguramente bancos- se generarán intereses de aproximadamente 400 millones anuales. Con este panorama la expropiada ganará casi lo mismo que cuando se dedicaba a vaciar la empresa en Argentina, pero sin hacer nada. Los españoles están de fiesta.

Pero para que la pérdida de soberanía sea total, cualquier diferendo sobre el acuerdo no será tratado en los tribunales Argentinos, sino que lo resolverá la Comisión de Derecho Mercantil Internacional de la ONU, es decir los Estado Unidos.

Cuando se arengó y cacareó sobre la sanción a los vaciadores de YPF, se lo hizo sobre el llamado “Informe Mosconi” que daba cuenta detalladamente de cómo se había desinvertido en todos los años de concesión y cómo la empresa estaba al borde de la quiebra por ello. Ahora no habrá reclamo alguno del Estado Argentino ni por ese incumplimiento ni por el daño ambiental. Renuncias claras a más soberanía.

Mientras la justicia argentina condena a prisión perpetua a los obreros petroleros en Caleta Olivia, el País firma este acuerdo trasnochado que pone la frutilla del postre al saqueo y da una lección importante al resto de los trabajadores que osen o intenten contradecir al modelo.

El sinceramiento de la tasa de inflación llevando el índice dictado por el FMI al 3,7%, al mismo tiempo que se pone techo salarial a las paritarias inferior a esos guarismos anuales previstos en por lo menos el 28% -índice oficial- implica la toma de medidas claramente ortodoxas de la economía.

José Alfredo Martinez de Hoz, fue el inventor de los techos que el Ministerio de Economía fijaba para las negociaciones de entonces. Se podía negociar libremente, pero luego si los aumentos salariales eran mayores de los autorizados, el Ministerio de Trabajo no lo ponía en vigencia.

De esta manera el trato que el gobierno nacional otorga a las multinacionales que hasta ayer eran vaciadoras de los recursos naturales no renovables y el que da los ciudadanos argentinos que pretender recuperar parte del salario frente a la inflación, es diametralmente distinto.

La cara del peronismo de siempre su muestra otra vez más ante los ojos de la población, que merced al bombardeo de información interesada termina por aceptar que les ganamos a los gallegos la pulseada.

Pero si analiza que los que violaron todas y cada una de las clausulas de compromiso de inversión en YPF, se llevan ahora a su casa un festival de bonos con seguros de cambio y garantías varias, que podrán disponer de los mismos ante los bancos colocándolos para una renta segura, se podrá comprender que no hay nada que festejar.

El presidente de la empresa Repsol ha declarado en los medios de su país que con el acuerdo que se ha firmado se han acabado los desencuentros. Con semejante regalo habría que ser muy caradura por tener todavía de qué quejarse.

Después de este mal trago vendrán los acuerdo con el Club de París, los bonistas que litigan en Estados Unidos, y la renovada injerencia del FMI del que supuestamente el extinto esposo de la Presidenta nos había liberado con el pago anticipado de deuda por 10.000 millones de dólares en el año 2007.

El discurso progresista del llamado “Modelo” está cada vez más desgastado, y llegará un momento no muy lejano en el que ya nadie podrá seguir creyendo en cuentos de hadas.

Un país distinto al real será el que seguramente el sábado 1 de marzo verá la señora Presidenta cuando inaugure el periodo legislativo en el Congreso Nacional, pero a la vuelta de la esquina los muchachos de “La Cámpora” que amenazan con profundizar el modelo, seguirán girando en reversa con medidas claramente liberales y ortodoxas, con el seguimiento del FMI.

La reciente devaluación la pagan los asalariados y no Repsol, que cobrará en dólares y con altos intereses. La única verdad es la realidad. Y la realidad que enfrentan los que deciden enfrentar al modelo es la represión, que tampoco se puede seguir ocultando.

  • Daniel Tort
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