Las censuras directas

febrero 9 /2009
Hernán Rossi

Nelson Castro

Al periodista Nelson Castro se le rescindió su contrato en la emisora radial que trabajaba hacía años, luego de que ésta fuera comprada por un grupo vinculado al matrimonio presidencial. Debemos leer este lamentable episodio en el marco de un conjunto de situaciones similares que vienen sucediendo en nuestro país en los últimos años y meses.

¿Por qué tanto esfuerzo en controlar la palabra pública? ¿A qué se le teme desde el oficialismo?

La historia: La empresa Electroingeniería, según demasiadas fuentes periodísticas, es una compañía con vinculaciones con los Kirchner que adquirió Radio del Plata. Una de las primeras medidas tomada por dicha empresa en la emisora, fue dar por finalizado el contrato del periodista Nelson Castro, responsable del primer segmento matinal de la AM 1030.

Consecuencias: Nelson Castro sin aire y un punto de vista sobre nuestra realidad nacional silenciado. Motivaciones: Los argentinos vamos a las urnas y cuantas menos palabras contaminen nuestros oídos y cabezas, menos posibilidad de equivocarnos tenemos: (Ni los más apresurados teóricos de la comunicación aceptarían dicha sentencia que parece estar presente en los cerebros de Olivos.)

Demasiadas deudas tiene nuestra democracia como para que toleremos
semejante retroceso. La libertad de expresión es un valor supremo de
nuestra democracia. Es imposible pensarnos ciudadanos de una República sin el derecho a buscar información y opinar libremente. Aún más, es necesario convocar a un gran debate nacional en relación a la situación de las condiciones para la libertad de expresión y de prensa en nuestro país.

Hay allí una agenda esperando ser tomada por los sectores dirigentes y la comunidad toda: Avanzar en las imperiosas reformas a la vigente ley de radiodifusión, legislar integralmente sobre el derecho al acceso a la información pública, trabajar en la construcción de un sistema que de por finalizada la arbitrariedad en los manejos que se dan alrededor de la
pauta publicitaria oficial, abrir la agenda de los medios de comunicación
del estado con sentido, precisamente, público.

En definitiva, construir marcos legales y nuevas institucionalidades que
funcionen de manera de garantizar plenamente el derecho inalienable de la libertad de expresión.

Debemos plantearnos en el horizonte la posibilidad de debatir una política nacional de comunicación. Entre todos. Aunque en las condiciones actuales, se torne difícil y sólo pueda sonar a expresión de deseo. En ese sentido, debemos tener en claro que al futuro lo comenzamos a construir ahora.

Es imperioso que se produzcan condiciones para fomentar la presencia
pública de la mayor diversidad de opiniones.

La situación generada en torno a Nelson Castro, crea tanto malestar, porque nos acerca a la certeza de que existe un clima propenso a acallar voces independientes (clima compuesto por opiniones públicas y por acciones concretas de actores del oficialismo o vinculados a él). O, más bien digámoslo simplemente y como se debe: censura.

Decimos esto, porque como telón de fondo de este caso, aparecen
preocupantes antecedentes: La expulsión del periodista Pepe Eliaschev de Radio Nacional, al comienzo del gobierno de Néstor, o la imposibilidad del periodista Jorge Lanata, por él mismo denunciada, de encontrar un espacio en la Televisión argentina, debido a las presiones del oficialismo. O más recientemente, el discurso presidencial en el marco del conflicto por la resolución ministerial 125, en donde se hace referencia a "los generales de los medios", o la acusación a Hermenegildo Sabat de generar un mensaje
"cuasimafioso" cuando el editorialista dibujó con una venda en la boca a
la Presidenta, las censuras directas en Canal 7 cuando aparecen en algunos de los festivales folklóricos referentes opositores como el Vicepresidente de la nación y el Gobernador de Córdoba, o cuando el Melli De Angelis, hermano del dirigente agrario, quiere recitar poesía gauchesca?

Algunas de estas escenas de nuestra vida nacional no se le hubieran
ocurrido ni al mejor guionista que pretendiera construir una sátira sobre
el poder. Por lo tanto queda por formular esa pregunta que tanto duele:
¿Por qué tanto esfuerzo en controlar la palabra pública? ¿A qué se le teme desde el oficialismo?

Desde aquí nuestra solidaridad con el periodista Nelson Castro.

  • Hernán Rossi, Presidente del Instituto Moisés Lebensohn.