Los Unos y los Otros

noviembre 14 /2011
Daniel Tort

La agencia de noticias DDN ha reproducido la información conocida con fecha 11 de noviembre de 2011, de que los funcionarios de la Provincia de Salta han realizado más de doscientos setenta viajes al exterior, han recorrido casi un millón de kilómetros y han gastado en ese periplo más de cinco millones de pesos. Ambas cifras son aproximadas solamente, porque hay que tener en cuenta que los decretos que firma el joven gobernador Juan Manuel Urtubey –un chico diría el ex gobernador de Salta- aluden a posteriores rendiciones de cuentas y en todos los casos se hace mención a gastos imprevistos y eventuales que no permiten tener certeza del discrecional manejo final de esos fondos.

En dos meses se gastaron casi nueve millones de pesos en propaganda partidaria, que es llamada eufemísticamente como publicidad oficial.

Todo esto en vigencia plena de la ley de emergencia económica que lo prohíbe, sin que ninguno de los hipotéticos y casi invisibles organismos de control digan una sola palabra.

La Dirección de Aviación Civil de Salta por su parte sigue sin dar a conocer los planes de vuelos e itinerarios de las aeronaves que deberían ser para uso sanitario, y mantiene en el más cerrado secreto de Estado el listado de pasajeros que reglamentariamente se debe confeccionar antes de cada partida. Esta actividad desarrollada antes y ahora por el piloto Ricardo Funes –piloto de la misma repartición oficial y del avión vecino de la firma Avionsur -que nominalmente está a cargo de quien fuera su segundo durante todo el gobierno de Juan Carlos Romero el señor Gabriel Horacio Muñoz, sigue siendo para los ciudadanos comunes y para el periodismo una materia intencionalmente oculta, para evitar que se conozca el desquicio del uso indiscriminado de ese costosísimo medio de transporte por parte de la clase política gobernante.

Me refiero a la anterior y a la actual. Muchos de ellos –casi todos diríamos- son exactamente los mismos, ya que tienen una versatilidad increíble para ser lo que fueron antes y trocar a la velocidad de un muón para ser lo que son hoy. Esta actividad nunca es revisada por la Auditoria General de la Provincia, que precisamente por la vigencia de la emergencia económica es –o debería ser si cumpliera la actividad para la que fue creada- la encargada del tema.

El vicegobernador de la Provincia el señor Andrés Zottos protagoniza un accidente de tránsito en un fin de semana, se falsifican los datos del siniestro, nunca puede explicar qué hacía en un vehículo oficial a esa hora y con una candidata a diputada del oficialismo, se sustituye al conductor, la policía en vez de bloquear el tránsito y tomar datos de huellas y frenadas borra todo rápidamente y encubre el evento. Así de simple y rápido.

La Secretaría de Prensa por su parte informa que solamente en dos meses se gastaron casi nueve millones de pesos en propaganda partidaria, que es llamada eufemísticamente como publicidad oficial. Aclaremos. La publicidad de los actos de gobierno como mandato legal se cumple acabadamente con el boletín oficial que cada día es publicado en papel y virtualmente con posibilidad de lectura a todo aquél que tenga a mano un computador.

Los pases televisivos de cómo el gobernador cumple con su palabra inaugurando obras, las profundas disertaciones que brinda en cuanto seminario congreso o coloquio pueda hacerse invitar, los regalos de ponchos salteños a lobistas financieros y artistas o deportistas, y toda su inserción pública como eventual futuro candidato del establishment económico de clase para posicionarse como presidenciable en el año 2015, es simplemente un gasto ilegal de fondos públicos para un proyecto personal. Por supuesto que los porcentajes de cómo, cuánto, porqué, a quién y con qué fundamentos se distribuyen esos fondos ya no es una discreción, sino un misterio. Cuando escribo este párrafo vuelvo a pensar en la emergencia económica vigente.

Los vehículos oficiales de esos funcionarios que pululan haciendo las veces de los que trabajan, tienen los vidrios polarizados y choferes de tiempo completo, y cuando recientemente sufrimos la escasez de combustibles y se formaban largas filas en espera de ser atendidos, ellos tenían un surtidor especial para no esperar.

El secretario de prensa de la Provincia, el señor Juan Pablo Rodriguez en un partido de fútbol en el Club de Gimnasia y Tiro, con sus dos hijitos de la mano, invoca su nombre a un empleado de seguridad que tiene una lista y pasan los tres sin abonar las plateas. Los socios que venimos detrás y que pagamos la cuota del club todos los meses, y que además acabábamos de pagar en ventanilla la entrada propia y de nuestros hijos, miramos asombrados la escena. Privilegios obscenos derivados de una malformación cultural que llegan hasta el extremo minúsculo de evitarse el pago de una entrada de fútbol. Pienso que a ellos por la forma de vida que han adoptado tras la función pública, les parece normal. A otros nos parecería literalmente vergonzoso garronear de esa manera, pero eso ya es una cuestión de valores. Todo parece indicar que la escala de esos valores para esos funcionarios es claramente diferente.

Y así podríamos seguir enumerando hasta la Noche Buena casos como los que describimos. Claramente el sistema político imperante ha formado dos Estados distintos. Y muy distintos. Uno donde viven y transitan los hombres y mujeres que integran el grupo gobernante y ejercen las funciones administrativas que eventualmente han asumido para dirigir los destinos de la organización estatal, en el que se desenvuelven no como si cumplieran actos de servicio sino como un ejercicio permanente de privilegios por sobre el resto de los ciudadanos para quienes esa misma organización no es para nada igual. La igualdad ha desaparecido, y a ellos les encanta.

Al fin y al cabo –pensarán creo yo- soy un elegido, un funcionario del gobierno, lo que se dice un tipo importante. De hecho existen en varios sitios públicos las salas o ingresos VIP (very important person), y estos personajes ingresan o permanecen en esos lugares como si ejercieran un derecho.

Hay que cambiar y el cambio somos nosotros, dicen cada vez que hay que cumplir con el rito de optar entre candidatos previamente elegidos por ellos mismos, quienes precisamente se han organizado para que esa organización que les favorece no cambie. Y así el ciclo se volverá a repetir, una y otra vez para que los dos estados paralelos se mantengan. Los unos y los otros