Los civiles cuarteleros del 76 continúan convocando al golpe

marzo 25 /2011
Nicolás Juárez Campos

El 24 de marzo se cumplen 35 años del inicio de la noche más negra de la historia nacional. Una banda de civiles y militares usurpó el poder y cometió los delitos más ultrajantes con la excusa de salvar al país del caos dando como resultado la multiplicación del caos. Esa fecha inaugura la planificación racional de la muerte. Los conjurados decidieron inspirarse en el ejército francés en Argelia: la represión se haría secretamente. Esta fue la “muerte argentina” y se planificó con esa precisión matemática que Hannah Arendt denominara “banalización del mal”.-

La Argentina debe al capitalismo neoliberal el mayor horror de su historia.

Las Fuerzas Armadas fueron parte de un engranaje prolijamente diseñado. El concepto de “guerra” será siempre el que elegirán los ideólogos del 24 de marzo para justificarse. Detrás de esta idea pueden deslizar la justificación del horror. Así, expresan:”... En una guerra mueren inocentes, en una guerra se cometen excesos..”.

Magnificaron enormemente toda acción guerrillera, para sentirse justificados. Y torturaron niños, barrían comisiones internas de fábricas, secuestraban profesores, etc. etc. Aniquilar a una guerrilla exangüe que ya no tenía amarras en lo popular, sin un trabajo de base que la insertara en los sectores humildes, profundamente agredidos por la economía de Martínez de Hoz, no fue una guerra.

La tortura fue constitutiva de la dictadura cívico-militar. En su Carta abierta a la Junta Militar, Rodolfo Walsh denuncia la relación entre el terror y el proyecto económico: “…En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada..”.

No se equivocó. Los crímenes de la dictadura tuvieron como propósito final entregar la sociedad argentina a las garras de la economía de mercado. Además se configuró una compleja infraestructura semiclandestina de control, represión y producción cultural, que se articulaba con el terrorismo de Estado y la política económico-social. Picana, cultura y mercado de capitales, iban de la mano.

La Argentina debe al capitalismo neoliberal el mayor horror de su historia. Los profesionales de la tortura pontificaban “Achicar el Estado es agrandar la Nación”, “ Resulta indiferente producir acero o caramelo”, “Para la Argentina da lo mismo que un empresario local invierta en Nueva York o en Buenos Aires” ,”..el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos no debe preocupar porque entran capitales y se puede tomar deuda en el exterior sin problema alguno..”. etc.

Para posibilitar el desatino se retrotrajeron las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial y - sigue Walsh – “cuando los trabajadores han querido protestar los han calificado de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron..”. También acertó acerca de los únicos beneficiarios de esta política económico-represiva dictada por el Fondo Monetario Internacional: “la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S. Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete..”. Los militares siempre han manifestado que fueron derrotados políticamente. No lo fueron en el plano económico, porque la Argentina fue hasta el 2003 la apoteosis de lo que el Proceso se propuso.

Martínez de Hoz es la otra cara de Videla y Massera, el que inicia el proceso de concentración económica imperialista que con Menem se consolida de tal forma que ya no necesita la espada para imponerse. Las leyes de Punto Final y Obediencia Debida sancionadas en el gobierno de Alfonsín fueron para cubrir a los represores, que estuvieron al servicio de la destrucción del modelo de “industrialización por sustitución de importaciones (ISI)”, los “años gloriosos” argentinos (1945-73), parafraseando a Fourastié.

La postura de Rodolfo Walsh fue la de un intelectual crítico, que ofreció con honestidad y coraje su testimonio, “… sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles..” En este Marzo de 2011, los argentinos tenemos el deber de volver a escuchar su voz.-

El regreso de los muertos vivos

2.- Por su parte los voceros de los “beneficiados” por la política económico-represiva de 1976, vuelven a pedir sin ningún rodeo un nuevo Golpe. Alberto Solanet, en La Nación On Line del 21 de marzo/2011, repite las excusas que se dieron antes del golpe:

“…Seguramente el jueves, 24 de marzo, el Gobierno desplegará toda su artificiosa liturgia para celebrar el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia. La institución de ese feriado y su denominación muestran una visión sesgada, parcial y engañosa de la historia. Si de memoria y de verdad se trata, resulta inconcebible que el 24 de marzo de 1976 no sea considerado como la consecuencia de una profunda y caótica crisis que estaba caracterizada por la degradación, el vacío de poder, la corrupción y una guerra ya desatada contra un terrorismo apabullante. Así fue visto en aquel entonces por la mayor parte de los argentinos…”.

Sigue afirmando el libelista “... Como siempre, la fiesta abundará en la exaltación de los derechos humanos a través de genuinos intérpretes de una concepción restringida de tales derechos, opuesta a la nota esencia de universalidad que debe caracterizarnos. Es una concepción viciosa, para no andar con eufemismos, que hoy, para una parte importante de los argentinos, sustituye a la legalidad. Ya no rigen ni las garantías constitucionales ni el Código Penal para aquellos que han sido fulminados por la acusación de haber cometido delitos de “lesa humanidad”, figura difusa que alcanza, además de a los militares y fuerzas de seguridad que participaron en la guerra contra la subversión en los años 70, a cualquier ciudadano a designio del Gobierno…

Con esa calificación utilizada para alegar la imprescriptibilidad, la señora Herrera de Noble y sus hijos sufren una implacable persecución judicial; José Alfredo Martínez de Hoz y Jaime Smart están presos y desde la Presidencia de la Nación se impulsó el procesamiento y encarcelamiento de conocidos empresarios vinculados a los medios de prensa más importantes…”.
Luego de otros improperios, finaliza diciendo “…Esta política de venganza por motivaciones ideológicas y resentimiento se intensificó a partir del gobierno de Néstor Kirchner… El desprecio por los grandes principios del derecho y el abandono de la legalidad significan la destrucción del sistema civilizatorio de convivencia. Ningún ciudadano debería consentirlo y ningún hombre de derecho debería dejar de denunciarlo…”.

A que se refiere este “asesino de escritorio”(Adorno dixit)cuando afirma que el Gobierno nacional ha destruido “el sistema civilizatorio de convivencia”?. La única convivencia civilizatoria que acepta es la del terrorismo de Estado y la complicidad civil. Como manifiesta Nora Cortiñas, Madre Fundadora, al referirse a la desaparición de su hijo Carlos Gustavo: ”… No se lo llevaron porque era revoltoso, sino porque molestaba a un proyecto económico. El costo humano de la deuda externa fue la sangre de nuestros hijos…”. Por eso habla de terrorismo económico:”..El genocidio de implementó para llevar adelante el modelo neoliberal del que aún hoy cuesta desprendernos, y que llevó a la violación de todos los derechos humanos, civiles, culturales y sociales..”.

Cuando el libelista Alberto Solanet dice que “Así fue visto en aquel entonces por la mayor parte de los argentinos…”, se refiere a la versión dictatorial que prevaleció durante décadas acerca de que la mayoría de los argentinos simpatizaban con el golpe y luego con la dictadura, dando consenso primero para interrumpir el gobierno constitucional de Isabel Perón y luego para sostener el régimen más criminal de la historia argentina. La mayoría del pueblo argentino no sabía de la existencia de 500 campos de concentración. La censura férrea y la complicidad de la prensa no les permitía saberlo. Los argentinos sabían retazos de realidad: tiros en la noche, secuestros en la madrugada. Sobrevino el terror, que es un estado superior al miedo. No había con quién hablar.

Pero los argentinos tampoco podían ignorar lo que veían y sentían. El terror hizo su faena más siniestra: transformar el silencio, por la alquimia del miedo, en culpa. Fue la mejor estrategia del régimen: culpabilizar a las mayorías por haber permitido lo que no podían impedir porque estaban despojados de ciudadanía y de libre albedrío.
No hubo consenso, ni complicidad, ni delación. No hubo más que terror y silencio. Los genocidas militares y civiles- como Solanet- sabían que no contarían con la obediencia de la mayoría de los argentinos para una matanza. Videla lo dijo en una entrevista:

”…No se podía fusilar. La sociedad argentina no se hubiera bancado hoy un fusilamiento en Córdoba, mañana tres en Rosario, pasado cinco en Buenos Aires..”. No podían fusilar, debían hacer desaparecer, ocultar, negar. Culpabilizar a la sociedad fue el plan más perdurable del régimen dictatorial. Los argentinos en su gran mayoría fueron víctimas y no victimarios.-

Haciendo un poco de historia

3.- El Golpe de 1976 significó la restauración del poder civil más rancio de la Argentina. El ministro de economía Martínez de Hoz fue acompañado por una troupe tan encorbatada como cuartelera, el Partido del Orden sin Votos, que se había extraviado con la vigencia del sufragio universal y secreto, que vuelve con el golpe del 30 y la Década Infame y se queda sin brújula con la irrupción del peronismo en 1945.

Tras el triunfo de la fórmula Perón- Quijano, un grupo de jóvenes de clase alta conformaron el Ateneo de la Juventud Democrática Argentina (Ajda),siendo su primer presidente un muchacho orejudo de 20 años, llamado José Alfredo Martínez de Hoz(h). Los “Atenienses”, son un arco gorila que va del nacionalismo católico al conservadurismo liberal, a pesar de que se presentan como demócratas liberales. Con su revista “Demos” difundían una ideología golpista y ciertas figuras románticas como la “segunda tiranía”, emparentando a Rosas con Perón. Allí escribía Carlos Pedro Blaquier, futuro propietario del ingenio Ledesma donde se consumó una de las peores matanzas del videlismo : “ la democracia nos ha llevado al autoritarismo”, similar latiguillo que aún repiten Mariano Grondona, La Blonda Apocalíptica y otros.

En 1973, ante el triunfo del peronismo, el militar Federico de Álzaga, integrante del Ajda, reprodujo la asociación del “Ateneo” con fines conspirativos. Así nació el Club Azcuénaga, esencia del gorilaje, donde se elaboro el plan económico del 2 de abril de 1976, cobijando en su seno a Jaime Perriaux, Martínez de Hoz, Mario Cadenas Madariaga, Horacio García Belsunce (p), Guillermo Zubarán, etc. Si a esto le sumamos el clericalismo integrista y cerril que muchos practicaban y la determinación de dominar a la sociedad por el terror, estaremos frente al núcleo duro de la ideología de la dictadura cívico-militar iniciada en 1976. Como nunca antes los civiles cuarteleros gozaron de la alternativa de emplear el Estado como paraguas protector de sus negocios.

Con el programa económico del Club Azcuénaga, se destruyo la Argentina industrial y se intentó terminar definitivamente con el justicialismo. El ministro de Economía de Galtieri, Roberto Alemán, decía que el próximo gobierno democrático estaría tan inhibido para actuar que virtualmente estaba condenado al fracaso. Su hermano Juan Alemán, Secretario de Hacienda, dijo a fines de 1983 que Alfonsín tenía que agradecer su triunfo al proceso cívico-militar, porque había transformado a miles de obreros industriales en vendedores ambulantes. Recordemos además, que los partidos políticos le habían cedido a la dictadura 878 intendentes.

Esa “vieja oligarquía ganadera y nueva oligarquía especuladora y el grupo selecto de monopolios internacionales”, sindicados por Rodolfo Walsh como los beneficiarios de la política económico-represiva instaurada por el Golpe cívico-militar en 1976, continúa diariamente desde la corporación mediática convocando al “golpismo destituyente” del Gobierno nacional. Con mayor razón ahora para impedir la reelección de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

El mejor homenaje a quienes ya no están es mantener vivos sus sueños y luchar para alcanzar un país justo, libre y próspero, terminando con la injusta distribución de la riqueza. Para acumular capital y tecnología es necesario acumular sabiduría institucional, madurez en los sistemas políticos, sinergia entre lo público y lo privado, un sistema nacional de ciencia y tecnología, soberanía y capacidad de decidir en un mundo globalizado.

Nicolás R. Juárez Campos