Actualidad Miércoles 16 de octubre de 2013
Por Elena Corvalán

Los militares retirados Gatto y De la Vega cargan culpas sobre Mulhall

“Asesoramiento y contribuciones”

Los militares retirados Marcelo Diego Gatto y Ricardo Benjamín Isidro de la Vega, que están siendo juzgados como partícipes de la desaparición del soldado Víctor Mario Brizzi, descargaron responsabilidades en el jefe de la Guarnición Ejército Salta y el Regimiento 5º de Caballería, Carlos Alberto Mulhall, que también es juzgado en este proceso y ya cuenta con condenas por crímenes de lesa humanidad.

Gatto y De la Vega prestaron declaración indagatoria en la audiencia del 15 de octubre ante el Tribunal Oral en lo Federal de Salta en el marco del megajuicio por delitos de lesa humanidad que se lleva a cabo en esta ciudad.

Gatto y De la Vega prestaron declaración indagatoria en la audiencia del 15 de octubre ante el Tribunal Oral en lo Federal de Salta en el marco del megajuicio por delitos de lesa humanidad que se lleva a cabo en esta ciudad.

Durante unas 9 horas, 5 ocupadas por Gatto, trataron de convencer sobre su inocencia respecto del terrorismo de Estado en general y, en particular, en relación al secuestro y desaparición de Brizzi, el 8 de marzo de 1976, cuando estaba en la instrucción básica en el Regimiento de Caballería Ligero 5 “Martín Miguel de Güemes”, en esta ciudad.

Gatto está imputado porque integraba el grupo de oficiales instructores y la esposa de Brizzi, Cristina Cobos, lo señala como uno de sus interrogadores, y De la Vega, porque era jefe de Personal (S1), como tal integraba la plana mayor y era ayudante “de confianza” del jefe del Regimiento, Mulhall, que además era jefe de la Guarnición Ejército Salta. Tras la desaparición de Brizzi, el Ejército adujo que había salido con un permiso especial y no había regresado, por lo que lo declaró desertor.

El 15 de octubre ambos acusados (con ayudas memoria) mostraron elocuencia al exponer sus conocimientos sobre las formas y los usos militares; sin embargo, adujeron desconocer las directivas y reglamentos referidos a la lucha contra la subversión. Y ambos negaron la existencia de detenidos en dependencias del Ejército, y negaron participación en el secuestro y desaparición de Brizzi.

Gatto, que lamentó tener que defenderse “de una acusación tan vil”, hizo un croquis de las dependencias militares. Quería mostrar la diferencia entre los cuarteles y el sector dedicado a la instrucción básica de los conscriptos.

El militar basó su defensa en dos pilares: su juventud e inexperiencia al momento de la desaparición de Brizzi, dijo que era “el de menor jerarquía” y no podía otorgar un permiso especial a los soldados, algo que solo podía hacer, “el jefe de Unidad, que para mí no era otro que Mulhall”. Por otra parte, sostuvo que para cuando Brizzi desapareció él ya no estaba en Instrucción, sino que se le había ordenado armar una Sección de combate para participar en el Operativo Independencia en Tucumán.

El discurso del oficial comenzó a perder ilación con las preguntas del fiscal Ricardo Toranzos, lo que siguió con los otros interrogatorios: al abogado Orfeo Maggio, defensor de De la Vega, llegó a pedirle que no hiciera preguntas “tan largas, porque me puede hacer decir cosas que no son ciertas o que no quiero decir”.

A su turno, De la Vega sostuvo que “los únicos” que podían autorizar un franco entre los conscriptos recién ingresados eran “el jefe de Unidad (Mulhall) o el segundo jefe (Joaquín Cornejo Alemán, también juzgado en este proceso)”.

Dijo que no conoció a Brizzi ni sabía de sus antecedentes, pero reconoció haber recibido “varias veces” a Cobos, quien concurría al Ejército a preguntar por su marido. A pesar de que empezó negando “absolutamente” haberla interrogado, ante el querellante David Leiva reconoció que le preguntó sobre los lugares donde podría encontrarse Brizzi.

Cobos sostiene que De la Vega la interrogó reiteradamente y que la hizo pasar a una sala llena de oficiales que también la interrogaron. De la Vega concedió que pudo haberla “contactado” con otros oficiales.

“Asesoramiento y contribuciones”

El coronel Ricardo de la Vega negó en la audiencia del 15 de octubre que la plana mayor, que él integraba, tuviera conocimiento sobre la represión estatal; sostuvo que el Ejército “estaba empeñado en la lucha contra la subversión” pero afirmó que sus acciones se llevaban a cabo en Tucumán, no en Salta. Este argumento se desdibujó cuando Leiva lo confrontó con la declaración que prestara Mulhall en la Causa 13, el juicio a las Juntas, en la que dijo que comandó la lucha contra la subversión y para este fin su plana mayor le brindaba “asesoramiento y contribuciones”.

El ex jefe de la Guarnición describió también el uso de un cuerpo de interrogadores. De la Vega empezó su declaración negando haber recibido instrucción sobre inteligencia, interrogatorio y torturas, aunque reconoció que como cadete participó de una capacitación en la Escuela de las Américas. Y terminó negando haber participado de actividades de inteligencia durante toda su carrera, a pesar de lo cual en 2001 fue jefe de Inteligencia del Estado Mayor Conjunto.

Sobre el final, tuvo que soportar una andanada de datos que le tiró el fiscal, luego de que el coronel negara insistentemente la existencia de detenidos en el Ejército y su presencia en la cárcel de Villa Las Rosas. Toranzos le recordó que en el libro de guardia del penal consta que el 27 de enero de 1976 ingresó a la cárcel en compañía del director y subdirector, y enumeró también una lista de constancias que dan cuenta del ingreso de detenidos provenientes del Ejército. De la Vega se limitó a balbucear que nunca fue al Penal.

La audiencia seguirá el 16 de octubre. Ya se adelantó que otros acusados pretenden declarar, entre ellos el civil Juan Manuel Ovalle. Se sabe que también declararían los militares Virtom Mendíaz y Joaquín Cornejo Alemán, y los policías Raúl Toledano y Felipe Caucota. Si todos deciden hablar, es evidente que los alegatos no comenzarán el 16 de octubre.

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