Los muertos de la inequidad

junio 14 /2013
Daniel Tort

Proyecto millonario de un mirador turístico

Apenas horas después de que nuestro incansable viajero gobernador volviera de Nueva York, luego de casi una semana de relax y hoteles lujosos a costa del erario salteño, y anunciara una faraónica obra en el Cerro San Bernardo a cargo de un famoso arquitecto, se derrumbó una pared precaria del Hogar Escuela, al pie de donde supuestamente se erigirá el delirante proyecto.

Por eso no se sonrojan siquiera de anunciar un mirador turístico millonario, o nuevos museos para la morbosa exhibición de cadáveres de niños originarios, mientras a escasos metros de esos engendros planificados para la renta turística que queda en manos de pocos, se mueren los niños de hoy.

El derrumbe de esa pared se llevó la vida de un niño de nueve años. La absurda muerte de Ezequiel Cardozo, perteneciente a una muy pobre y numerosa familia del barrio Divino Niño II en la zona Oeste de nuestra Ciudad, puso nuevamente en evidencia la triste realidad de la vigencia de un sistema perverso de gestión estatal que condena a los que menos tienen a seguir siendo los muertos de la inequidad.

Ezequiel no murió por un accidente, ni por la fatalidad de un derrumbe inesperado de la pared de su escuela, ni por la imprevisión de un funcionario, ni por la negligencia de un docente. Murió por ser pobre, por ser la parte más vulnerable de un sistema impuesto por la clase económica dominante que condena a la mayoría de la población a conformarse con el reparto discriminatorio de los recursos, que con total perversidad distribuye el mandamás de turno a su antojo.

Esa es la única realidad, todas las explicaciones que se den sobre este contraste obsceno son meras argucias de los funcionarios para sacarse el sayo. Juan Manuel Urtubey incluido, que por enésima vez y en un apresurado ingreso a la reunión de ministros no supo inventar otra cosa que la remanida muletilla de que todo esto es una campaña en su contra, frase que además de conformar una mera excusa llorona ya no convence a nadie.

No hace mucho tiempo, el 11 de Enero de 2012 y tal como ya nos tienen mal acostumbrados, el joven gobernador anunciaba con bombos y platillos en el Centro de Convenciones del Grand Bourg que se lanzaba un plan provincial de refacción de edificios escolares. El parte de prensa del ministerio, literalmente agregaba en esa oportunidad, para hacer más ampuloso el anuncio, que con esa iniciativa nunca había existido mayor previsibilidad.

A la luz de los resultados queda muy claro que Salta está necesitando menos discursos y partes de prensa fantasiosos, más eficiencia en la asignación de los recursos, más y mejor distribución de los fondos públicos, y más funcionarios capaces de llevar adelante una gestión, con especialización en las áreas bajo su responsabilidad.

Con esta manera improvisada de gobernar los resultados están a la vista.

La gestión del contador público Dib Ashur que pasó de manejar estadísticas o hacerse cargo del financiamiento internacional a ministro de Educación, muestra estas grietas y es lógico. Para ser eficiente en una gestión ministerial se necesita algo más que el insustancial y menor detalle de compartir la pasión por el rugby con el gobernador, o identificarse con él en la discriminatoria ilegalidad de hacer rezar a los alumnos en las escuelas.

El Estado dedicado a la gestión de negocios privados y no a la administración de recursos con miras a la satisfacción de elementales necesidades de la población, es el modelo que proponen los gobernantes de turno en Salta. Por eso no se sonrojan siquiera de anunciar un mirador turístico millonario, o nuevos museos para la morbosa exhibición de cadáveres de niños originarios, mientras a escasos metros de esos engendros planificados para la renta turística que queda en manos de pocos, se mueren los niños de hoy.

El gobierno y sus encargados del protocolo oficial, rápidos de reflejos para el disimulo, se encargaron de montar el velatorio de Ezequiel Cardozo en la zona céntrica en un lujoso inmueble y lejos del barrio al que pertenecía. De esa manera evitaron la concurrencia masiva de los vecinos en un ambiente ajeno en el que nadie supo explicar por qué había sido dispuesto ni quién corría con los inalcanzables costos para la familia.

La Cooperadora Asistencial de la Capital envió dos ómnibus para el traslado de los presentes, todos ellos carentes de vehículos propios para llegar al cementerio a dar el último adiós a su amigo.

Ningún funcionario importante del área de Educación tuvo el coraje de asistir al velorio, pero para que el desprecio por la situación y el ejercicio del falso paternalismo de quien se conduele con la situación fuera perfecto, al lado del cajoncito del menor fallecido se podía ver una gran corona de flores enviada por el ministerio. Los verdugos hasta se dieron el lujo de estar presentes con una grosera hipocresía, a sabiendas de la resignada mansedumbre de los deudos, acongojados por la pena.

Con perversa ironía el Estado estuvo presente para los rituales de la muerte, cuando no lo estuvo para la preservación de la vida.

  • Daniel Tort
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