Los que volvieron

abril 2 /2008
Lic. Carlos Liendro

(Especial para Salta Libre) Toronjo era el apodo que le había puesto Luis a uno de los chicos que miraba el partido cuando jugábamos a la pelota. Creo que lo bautizó así por la forma de la cabeza. En la canchita, al lado de la casa de Grillo, primero jugaban los grandes y los más chicos esperaban. Si no se completaban los equipos se llamaba a alguno de los que estaban ansiosos esperando.

Los datos que se tienen de la cantidad de veteranos de Malvinas que se han suicidado se va acercando a la cantidad de muertos que hubo en las Islas

Recuerdo que más tarde Toronjo había conseguido un trabajo de cadete en una
tintorería. Salía a repartir en una bicicleta que le quedaba inmensa con un canasto viejo. Recorría el barrio entregando ropa de la tintorería a domicilio. Por la tarde, en vez de continuar con sus tareas, dejaba la bicicleta al lado del arco y se prendía con nosotros al partido. Hasta que un día el dueño de la tintorería lo
descubrió.

El tipo le llevó la bicicleta cuando se distrajo después de un gol que su
equipo festejaba. Anduvo toda la tarde enojado porque decía que nosotros le habíamos escondido la bici, pero más que nada estaba preocupado: no sabía con qué cara iba a volver a contarle lo ocurrido a su patrón. ¿Qué iba a decirle?

Cuando nos enteramos de quien le había hecho la broma, cada vez que pasaba en la bici pedaleando a toda velocidad, le gritaban. ¡Toronjo! ¡Apuráte que te están siguiendo!

Pasó mucho tiempo, algunos nos fuimos del barrio, otros se casaron, varios volvían a vivir con sus viejos. En una de esas tardes me encuentro con Grillo, y hablamos de aquellos días. Nos acordábamos de la clase de apodos que les ponía Luis a los pibes:

‘Tranvía’, porque era lento; ‘el capitán miseria’, como un juego de palabras del
dibujo animado El capitán América, hasta que nos acordamos de Toronjo.
¿No sabes que le pasó, ni dónde estuvo? Me preguntaba como adelantándose a algo.

“Estuvo en Malvinas cuando le tocó la colimba. Fue con uno de los regimientos que combatió en el final de la Guerra”

Me venía a la memoria todo lo que había sucedido por aquellos años de 1982. A fines de marzo se había realizado una gran marcha y uno de los primeros paros a la dictadura militar, en ese momento controlada por el dictador Galtieri. La represión en esa marcha fue feroz. Perseguían no sólo a los trabajadores, los universitarios, sino hasta los fotógrafos, de los diarios, donde la policía montada los apaleaba. Unos días después esa misma Plaza de Mayo, se llenaba de gente cuando ese general emborrachado de poder, anunciaba que habían recuperado Malvinas.

Siempre me he preguntado hasta dónde la gente sabía qué estaba sucediendo con el país. Hasta dónde la gente quería saber que en este país había habido gente desaparecida y hasta dónde la gente podía pensar que esta movida (como en un tablero de ajedrez) era una jugada hacia delante -en recuperar las Islas- para encubrir otros crímenes.

Las emociones se pueden manejar, mucho más cuando se recurre al sentimiento
patriótico. En el siglo XX ya lo habían hecho otros dictadores como Mussolini,
cuando le gritaba a las masas: ¡Qué quieren panes o cañones!, y las masas gritaban afiebradas: ¡Cañones! Y fueron a la guerra, creyendo que iban de paseo.

Hitler junto al pueblo alemán hizo lo mismo, y produjo una de los Holocaustos más infernales de la historia. En 1979 Pinochet en Chile, utilizó el sentir patriótico
del pueblo chileno para querer llevarlos a una guerra por los límites con Argentina, mientras conseguía créditos millonarios para la compra de armas y aviones. Alimentando a los que viven del negocio de las guerras. [1]

Cada vez tengo más claro que hemos recuperado la democracia, gracias a la sangre de los jóvenes que murieron en Malvinas. ¿Qué hubiera sucedido si se seguía en las Islas con el control de la dictadura?

Por eso cuanto más sepa la gente de lo que sucedió, más va a poder entender y
diferenciar entre lo que siente (emociones profundas de nacionalismo, de
reivindicaciones) y el pensar en cuales eran los intereses reales de los militares.

La gran deuda hoy es con los que volvieron. Los datos que se tienen de la cantidad de veteranos de Malvinas que se han suicidado se va acercando a la cantidad de muertos que hubo en las Islas. ¿Por qué está sucediendo esto? Por muchos motivos.

Si bien el Estado ha generado algunos programas de salud, o los ha colocado bajo
algún plan Municpal, esto no alcanzó. Muchos no tienen trabajo, ni cobertura de
salud mental (psiquiatría, psicología), ni medicamentos. Los cuadros psiquiatricos
de ‘trauma de guerra’ no son seguidos o evaluados para poder darle la atención que necesitan.

Muchos caen en depresiones, alcoholismo, y sus ’fantasmas’ de la guerra vuelven y
vuelven, hasta que no soportan mas y se van...

  • Carlos Liendro, Licenciado en Psicología de la UBA
    Colaborador de Salta Libre
    Editor del períodico "Pulsación".
    www.cewr.galeon.com