Los salteños y la cultura

Victoria Quintana
junio 1ro /2008

Dr. Juan Pablo Wisznia

Los temas culturales, así como resultan indiscutiblemente obvios para el desarrollo de toda sociedad, son controvertidos y también reveladores, dejando su tratamiento un gusto a cosa inacabada, de algo que no se termina de decir o de entender del todo. Será que la cultura implica además mirarse para adentro y tratar de descubrir cual es el lugar que ocupamos en este mundo. Quiénes somos y porqué somos lo que somos.

En el interior castigado por la acumulación de bienes por parte de unos pocos, nos hemos acostumbrado a ser eternos “escuchas”, obedientes, receptores silenciosos.

Durante la gestión anterior en lo que a cultura se refiere, he sido una crítica implacable de la Secretaría de Cultura no tanto por lo que hacían, sino por lo que nunca hicieron. Fue una gestión lamentable que hizo uso y abuso del espacio que les fue dado para beneficiar a amigos y parientes y dejar de lado a los creadores locales.

Este año la nueva gestión parece que arrancó con todo. Se llevó a cabo un Foro de Cultura al que asistieron cerca de mil quinientas personas. Fue sorprendente y hasta conmovedor ver a tanta gente reclamar por un espacio de expresión, sobre todo a los que vinieron del interior. Nunca antes se invitó a la gente de esta provincia para preguntarles qué opinaban, qué necesitan, o qué les parece la situación. Al contrario, la gestión anterior se encargó expresamente de cerrar bien las puertas, y las voces, a los salteños. Por eso esta convocatoria es ya un paso importante, pese a lo que los pesimistas de siempre digan: “nada va a cambiar” o que “escoba nueva, barre bien”.

Meses antes ya habían venido a nuestra Provincia escritores y pensadores a disertar y en medio de este torbellino de actividades culturales arribó finalmente a Salta el renombrado Café Cultura, dependiente de la Secretaría de Cultura de la Nación, con la presencia del subsecretario de Cultura Pablo Wisznia. En esta ocasión se congregaron cerca de cincuenta personas en el Complejo de Bibliotecas, deseosas, imagino, de escuchar al Dr. Wisznia hablar sobre la federalización de la cultura.

Pablo Wisznia resultó ser un funcionario agradable que, además de exponer algunos de los objetivos de este programa, confesó estar asombrado por el silencio respetuoso que esta audiencia de salteños le ofrecía. Es más, dijo estar emocionado.

Reunion con Wisznia

Como la dinámica de este encuentro era el debate, poco a poco el público comenzó a opinar, a reclamar en la mayoría de los casos por todo lo que nunca se hizo, hasta que le tocó el turno a una señora que todo el tiempo asentía con la cabeza cada vez que Wisznia hablaba. En fin, ella, muy excitada, agradeció la presencia del funcionario y confesó seguidamente estar muy contenta porque por fin, ¡por fin! –remarcó eufórica- venía alguien de Buenos Aires y ella podía conocerlo y escucharlo porque nunca le había pasado…

Este extraño brote de cholulismo, hubiese estado más acorde si quién nos visitara fuese Luis Miguel o Alejandro Sanz, no un simple funcionario y si la señora en cuestión fuese una adolescente desbordada. Wisznia sonrió desorientado y no pronunció palabra alguna.

Esta situación entre graciosa y teñida de color local da muestra de una actitud común entre los salteños cuando se encuentran frente a quiénes llegan especialmente de Capital Federal y parecieran poseer atributos inalcanzables y diferentes a los nuestros. Si bien no todos reaccionan como esta mujer, hay una actitud de constante admiración frente a estos visitantes como si de ídolos se tratara.

Analizando la situación, la verdad es que sí poseen atributos inalcanzables para nosotros. Para ser sinceros. Poseen todos los atributos para ser quiénes son: oportunidades académicas infinitas, la infraestructura necesaria para tener una opulenta metrópolis y la concentración económica y de poder para sostener todo esto y para erigirse por sobre todas las otras provincias. Algo inalcanzable para nosotros desde todo punto de vista.

El centralismo de los bienes culturales es también parte de este “ser argentino” que nos toca vivir y que engordó a este monstruo que es la Capital Federal en donde el concepto de federalismo se redujo siempre a enviar unas migas para el interior y de ese modo calmar los reclamos y las conciencias. Wisznia, que no te sorprenda el “mangazo”.

“Federalismo es el reconocimiento de la diversidad en la unidad, el respeto del sentido profundamente soberano de libertad y autodeterminación de la comunidad y desde esta perspectiva entonces, el federalismo como concepto incluye por supuesto el desarrollo de los niveles locales de gobierno.” (Federalismo y Desarrollo Dr. José Luis Gonzáles Iturria)

Los salteños, como parte de ese interior castigado por la acumulación de bienes por parte de unos pocos, nos hemos acostumbrado a ser eternos “escuchas”, público obediente, receptores silenciosos. Tal como lo definió Wisznia, que más allá de ser un halago, es una suerte de estigma que arrastramos por pertenecer a una provincia pobre, de rasgos feudales y autoritarios, dentro de un territorio nacional de dudoso federalismo y por nuestra cercanía con lo Latinoamericano y nuestras raíces con los pueblos originarios. Tan distintos a los dueños del puerto que jamás apartaron sus ojos de Europa y poco y nada miran hacia el interior.

Así como llega Café Cultura a instruirnos sobre gestión cultural, “derechos indígenas”, problemática de género y otros temas, llegaron escritores de Buenos Aires con todo los gastos pagos a promocionar sus libros con sala llena y gran venta de su obra, arribaron artistas, también con todo pago, para hacer “curadoría” de las obras de artistas locales, llegaron disertantes, pensadores, etc, etc, etc. Todos llegan buscando un público inmensamente dócil y receptor, al estilo de esta señora cholula. Ya ven que siempre lo encuentran…

Porque quien tiene el poder, impone el discurso, a costa de silenciamientos y tachaduras de la diferencia, creyendo tener para si el monopolio del saber, autoasignándose el privilegio de repartir los roles de “alumnos” y “maestros”. Hasta el piquetero D´elía vino a organizarnos la manifestación el 25 de mayo, con todo pago obviamente.

Me urge dejar sentado que no es intención de este artículo menospreciar a los que vienen de afuera, sino nivelar, conformar un piso común de debate en donde los salteños también seamos reconocidos como sujetos activos de la cultura mediante un proceso integrador.

¿Cuándo será que de público silencioso pasaremos a ser protagonistas? ¿Cuándo nos tocará a nosotros disertar y que los otros nos escuchen? ¿Cuándo algún funcionario salteño le pagará a uno de nuestros intelectuales para que exponga su pensamiento? ¿Cuándo se escuchará el discurso del interior para dejar de ser solo un reclamo? ¿Cuándo habrá una equidad en el reparto de los recursos?

Hay un descreimiento del pensamiento y de la cultura local. No solo de los que vienen de afuera y consideran, siguiendo la vieja tradición y respondiendo al concepto de centro-periferia, que en el interior está todo por hacerse y que lo más interesante que poseemos pasa por el turismo o por lo exótico de nuestras costumbres, folclorizándonos como meros objetos de estudio antropológico, volviéndonos invisibles a la hora de conformar el discurso nacional.

Existe además, y esto es lo más grave, una innegable desvalorización de algunos coterráneos frente el inmenso caudal cultural, no solo actual, sino histórico que tenemos. No supimos conseguir una justa valoración y defensa de lo nuestro que nos permita posicionarnos frente a los otros.

Me parece que si de hacer hincapié en el “federalismo” se trata, los organismos nacionales podrían revertir la situación invitando, con todos los gastos pagos, a los intelectuales salteños, a las organizaciones locales de mujeres, a los representantes de las distintas etnias, para disertar sobre las problemáticas planteadas por Café Cultura. Solo por dar un ejemplo.

Porque Salta está llena de pensadores, intelectuales y escritores acostumbrados a ser ninguneados, a no cobrar nunca un centavo, a no ser convocados por los funcionarios de turno para expresar su pensamiento, a ser relegados y condenados a costear su obra mientras los de afuera cobran fortunas por venir a darnos cátedra.

Así ha funcionado la gestión cultural en Salta. Así, en gobiernos anteriores, nuestros propios funcionarios nos han borrado del mapa. Por eso en el Foro de Cultura hubo tantos reclamos y tantas voces. A la que no se vio en el Foro fue a la ex Secretaria de Cultura. Dicen que ahora su nueva tarea es prender y apagar la luz, acomodar y desacomodar sillas, ir y venir sin destino por los pasillos de Pro Cultura Salta. Nada nuevo para ella.

  • Victoria Quintana, columnista invitada de Salta Libre.