Maggie, la malvada

abril 8 /2013
Reynaldo Sietecase

El periodista Reynaldo Sietecase analiza aquí algunos aspectos sobre los gobiernos de Margaret Thatcher sobre la muerte de la implacable "Dama de Hierro". "Si se tratara de un culebrón, este podría ser el título del último capítulo" señaló. Murió Margaret Thatcher a los 87 años y de un derrame cerebral. En Inglaterra los homenajes mediáticos a su memoria comenzaron y se espera se extienda a lo largo de un mes.

Maggie le gana en autenticidad a Cameron. Ejecutaba sus políticas sin maquillaje. “No hay piedad para nadie”. Es un epitafio posible. Trabajadores ingleses, militantes irlandeses y soldados argentinos, estarían de acuerdo.

La Dama de Hierro era una anciana senil que ya casi no salía de su apartamento. La recuerdan con admiración conservadores de todo pelaje. Desde el presidente de Chile, Sebastián Piñera, al mandamás de España, Mariano Rajoy. “Gran líder”, “Mujer imprescindible”, “Apóstol del liberalismo”, “Campeona de la libertad”, son algunos de los calificativos que adornan las crónicas laudatorias. Su velorio tendrá la pompa de una reina. Sus víctimas y los familiares de sus víctimas, argentinos e ingleses, la recordarán con desprecio.

Antes de decidir el hundimiento del Buque General Belgrano, fuera de la zona de exclusión en la guerra de Malvinas, matando a 323 soldados argentinos, ya había hundido a gran parte de los trabajadores ingleses con sus políticas económicas. Hay algo que no puede imputársele: la dictadura argentina hizo un gesto demencial y a su medida. La amiga del dictador chileno Augusto Pinochet, enfrentaba al dictador argentino Leopoldo Fortunato Galtieri.

Fue la única mujer en llegar al cargo de Primer Ministro en 1979. Lideró a los conservadores con inédito rigor. Antes había escalado una decena de puestos partidarios. Como Secretaria de Seguridad Social anticipó lo que sería su propuesta para enfrentar la crisis económica de los ochenta: el mercado es el que manda. “El mercado se corrige a sí mismo, se purifica expulsando de su seno a los débiles y a los holgazanes. El Estado no está para ayudar a los ciudadanos. Cada uno es responsable de sí mismo”, escribió el periodista Manuel Vicent al explicar el credo thatcherista. Privatizó empresas públicas, enfrentó huelgas y arrasó con la resistencia de los sindicatos. También fue implacable con la disidencia irlandesa. Su colega norteamericano Ronald Reagan la aplaudía del otro lado del Atlántico. Usaron las mismas recetas.

Tuvo apoyo popular: ganó tres elecciones. El actual premier, David Cameron, retomó aquellas banderas con sus ajustes sucesivos y el desmantelamiento del sistema hospitalario y de seguridad social. Con todo, Maggie le gana en autenticidad. Ejecutaba sus políticas sin maquillaje. “No hay piedad para nadie”. Es un epitafio posible. Trabajadores ingleses, militantes irlandeses y soldados argentinos, estarían de acuerdo.

  • Reynaldo Sietecase, periodista

THACHER HABLA SOBRE MALVINAS


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