Nueve años de una tragedia y ninguna Constitución

agosto 30 /2012
Andrés Gauffín

Urtubey y Cristina Kirchner

¿Puede el gobernador Juan Manuel Urtubey aspirar a una nueva reelección en 2015? Cabría preguntarse también qué porcentaje de respuestas acertadas y seguras obtendría una encuestadora fiable si realizara esa pregunta a los salteños. Un dirigente político medianamente informado resaltaba el fin de semana pasado que, para él, Urtubey puede ser reelecto. El argumento: “me lo dijo una diputada nacional”.

El propio Urtubey hace unos días mandó decir que está claro que puede presentarse a un tercer período.

Y es así. Si un gobernador en Salta puede o no aspirar a un tercer período consecutivo es algo que sólo saben algunos políticos que están al tanto, y al que los de abajo deben acudir para clarificar sus dudas al respecto.

Uno de esos políticos es el propio Urtubey, quien hace unos días mandó decir que está claro que puede presentarse a un tercer período.

Sin aclararlo demasiado, Urtubey hacía referencia a una modificación del artículo 140 de la Constitución provincial, introducida por la Convención Constituyente del 30 de agosto de 2003 –hace exactamente nueve años- con la que se allanó el camino para el tercer período de Juan Carlos Romero.

Desde esa fecha, ni el gobierno del propio Romero ni el de Urtubey se preocuparon por hacer una nueva edición de la Constitución Provincial con la reforma de 2003. La única que el salteño común puede obtener es la sancionada en 1986 y reformada en 1998.

El origen de la Convención Constituyente de 2003 de la que se cumplieron nueve años, fue el fracaso electoral de Juan Carlos Romero en las elecciones nacionales de ese año. Después de que su compañero de fórmula, Carlos Menem, renunciara a presentarse a la segunda vuelta porque los números no le daban, Romero activó a marcha forzada su plan para obtener su tercer período como gobernador.

Hasta ese momento estaba claro que los gobernadores sólo podían ser electos en dos períodos consecutivos. El mismo criterio se había utilizado en la reforma de la Constitución Nacional fruto del Pacto de Olivos, que permitió a Menem sólo una reelección, y le impidió aspirar a un tercer período.

Pero la necesidad de Romero de no quedar sin vicepresidencia, sin gobernación y sin senaduría –el poder crea adicción- tuvo efectos matemáticos sobre la Constitución. Un buen día, con Romero ya de nuevo en Salta, los justicialistas se levantaron convencidos de que si el artículo 140 ponía el límite de dos períodos consecutivos, un gobernador podía cumplir tres períodos seguidos.

Como, si intentaba presentarse, una segura impugnación le iba a dejar fuera de la carrera electoral, Romero forzó la más efímera Convención Constituyente de la historia salteña que, según el diario de sesiones, duró apenas cuatro horas. Los constituyentes peronistas –sólo ellos, pues los opositores se retiraron para no prestarse a una farsa- agregaron al artículo 140 la frase, “lo que significa tres períodos seguidos”.

Con la mitad de los votos sufragados –menos de un 30 % del padrón- , Romero había obtenido el domingo anterior los 38 convencionales sobre un total de sesenta.

Entre los romeristas figuraban, además del propio Urtubey, otros conspicuos antiromeristas de hoy: por caso Pablo Kosiner y Manuel Santiago Godoy. Guillermo Martinelli quedará en la historia constitucional salteña como el encargado de defender la “obviedad” de que si la Constitución hablaba de dos periodos consecutivos, entones el gobernador podía quedarse tres.

Por su intervención en 2003, el abogado podría reclamar la paternidad de los argumentos que circulan ahora a favor de la reelección de Cristina. Afirmó que las constituciones no pueden ser un manual de buenas intenciones, sino instrumentos para las necesidades de los pueblos. El pueblo salteño, estaba claro, estaba necesitado de Romero. Martinelli llegó incluso a sugerir que si Alberdi viviera y conociera a Romero, le escribiría una Constitución a su medida.

Urtubey fue uno de los últimos oradores, sugirió que la oposición tenía una actitud golpista y se declaró “decepcionado” de los conocimientos jurídicos de uno de ellos, un abogado de vasta trayectoria en la provincia.

Luego su entonces compañero Walter Wayar defendió la necesidad de que lo vuelvan a reelegir.“Nos hicimos responsables de este gobierno refiriéndose a la primera elección de Romero- el 10 de diciembre de 1995 cuando Salta estaba destruida, los salteños con los brazos bajos y el gobierno de entonces decía que esta provincia era inviable, cuando se incendiaba nos hicimos cargo.”

Mientras se difundían la información sobre la convencional constituyente, los diarios publicaban propagandas de un Urtubey, diputado nacional, que ya había iniciado el camino para candidatearse.

Efectivamente, cuatro años después, se aliaba con los que habían incendiado la provincia en 2003 y adoptaba un discurso anti romerista para obtener su primer mandato.

En 2012, tal vez Marx (¿Karl o Groucho?) compararía aquel Romero de 2003 con este Urtubey que, al ver limitada su ambición presidencial por los tambores cristinistas, sale a aclarar que puede aspirar a un tercer período como gobernador. Y concluiría, don Marx, diciendo: “¿Vieron muchachos? Tenía yo razón. La historia se repite a sí misma, primero como tragedia y luego como farsa”.

  • Andrés Gauffin, periodista
    afgauffin@hotmail.com