Optar no es elegir

junio 6 /2011
Daniel Tort

A casi días de que la Presidenta de los argentinos anuncie su candidatura a la reelección del próximo mes de octubre, el tablero de la llamada oposición se ha movido rápidamente, urgido más por la necesidad de que el establishment económico cierre filas y acuerde sus planes de negocios, que por una real voluntad política de conformar un equipo sólido de gobierno o proponer algún cambio beneficioso para la población. Una prueba contundente de que ciertamente carecen de propuestas concretas es el escenario creado desde el comienzo del año, en el cual sólo y excluyentemente se han anunciado candidaturas y ningún plan de gobierno, ni siquiera de corto plazo.

El destino de la Argentina con las opciones que aquí se analizan seguirá siendo el mismo.

Fracasada la gestión del “viejo y glorioso partido radical” –cada más viejo que glorioso- por la ineptitud manifiesta de Ricardo Alfonsín de conformar un frente nacional por cuenta propia, el hijo del ex presidente, cuya casi única virtud es parecerse físicamente al padre, terminó cediendo groseramente a los grupos concentrados del poder económico que festejan sin tapujos la designación de uno de sus alfiles en la candidatura a vicepresidente, ya que Javier González Fraga seguramente los representará cabalmente y sin sobresaltos.

No es casual que el analista Rosendo Fraga afirmara desde La Nación, apenas conocida la decisión, que ese candidato era bien visto por los mercados y los empresarios. De los ciudadanos de nuestro país el analista no menciona una palabra. Son los viejos acuerdos de cúpulas a espaldas del total de votantes, quienes irán a convalidar en elecciones supuestamente libres las opciones que esos intrincados tejidos económicos ya han dispuesto previamente.

No hacer falta bucear muy profundo en la reciente historia de nuestro país para recordar que este favorito de la bolsa de valores fue nada menos que presidente del Banco Central durante la gestión presidencial de La Rata [1] y que merced a esas vinculaciones non sanctas se asoció con el inversor Ghaith Rashad Pharaon.

Este socio, además de instalarse en Argentina con una construcción de la cadena de hoteles Hyatt, había adquirido con la intervención del Bank Of Credit And Commerce International (BCCI) la operadora de cereales Tradigrain, de breve actuación en el país y que tuvo que retirarse rápidamente al no poder justificar sus considerables ingresos. Esa entidad bancaria, es necesario recordar, fue clausurada a pedido de los Estados Unidos en todo el mundo por operaciones de lavado de dinero. Este extraño inversor además había amasado parte de su fortuna adquiriendo Bonex (Bonos Externos Serie 1982) a un precio muy inferior al real y cuyo rescate posterior a valor nominal le permitió multiplicar los montos del negocio.

En otros términos, nos hizo la guita con la complicidad de la dictadura. De esta manera el integrante de la fórmula presidencial de la denominada centro derecha corre con el caballo del comisario de los grandes grupos empresarios, por ello vociferar abiertamente, como lo hace Ricardo Alfonsín, que con ese acuerdo se avecina un cambio en la Argentina es apenas un eslogan de campaña pero no una realidad.

Para que no queden dudas de que ese acuerdo le viene como anillo al dedo a los representantes de la derecha nacional, Eduardo Dhualde no tuvo reparos en afirmar –sabedor de que en las encuestas no mide ni para concejal- que en una eventual segunda vuelta apoyará esa fórmula. En el medio, lógicamente, estará Francisco De Narvaez, con quien los nombrados acuerdan y simpatizan, y mucho. Mientras, al límite de la desesperación por la segura pérdida de los votos conservadores merced a estos acuerdos de elite, la abogada Elisa Carrio volvió a castigar por enésima vez al gobernador de la provincia de Santa Fe, Hermes Binner, de no haber querido acordar con el ARI (Partido Afirmación Para Una República Igualitaria) pero esta vez lo hizo ninguneando al socialista al afirmar que no se presentará a nada. Repitió la palabra “nada” varias veces para que no queden dudas de cuál es el concepto que tiene de él.

De esta forma el panorama de la próxima elección queda claramente definido. La Unión Industrial Argentina de la mano de José Ignacio De Mendiguren -el reinventor de la alpargata y director del Banco de la Nación Argentina- ha formalizado acuerdos programáticos con la actual gestión de Cristina Fernández, todo bajo la atenta y siempre cómplice mirada del poderoso líder de la Confederación General del Trabajo (CGT), Hugo Moyano, mientras los mismos grupos dominantes y formadores de precios internos y beneficiarios de los commodities externos (beneficios de exportación de materias primas como granos y carnes) han colocado a sus soldados de avanzada en esta llamada oposición.

La vieja estrategia de no poner todos los huevos en la misma canasta. Por eso afirmamos, una vez más, sin dudar, que las llamadas elecciones no son tales: son meras estrategias del poder económico para que la población deba optar –que no es para nada igual que elegir- en el próximo mes de octubre quién será el capitán del barco de la economía concentrada que seguirá teniendo el mismo norte.

Las estadísticas dibujadas de la actual gestión gubernamental sobre la supuesta baja del índice de desempleo merced a la inclusión de quienes cobran planes de asistencia social como no desocupados; la marginalidad de la doble economía –formal e informal- en el cual gira el 30% de la fuerza de trabajo sin registro y por ende sin cobertura social; el inocultable índice del 35% de población bajo la línea de pobreza; los pagos groseros de deuda externa fraudulenta sin que el tan venerado Congreso de la Nación abra la boca; los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) a pesar de la tan cacareada independencia desde aquellos días del pago anticipado de intereses por diez mil millones de dólares a manos del ex presidente Néstor Kirchner; las concesiones de plataforma submarina a REPSOL YPF por dos décadas para la extracción sin límites de nuestros recursos naturales; el descontrol de la pesca en mar abierto por consorcios extranjeros; la extranjerización de tierras a manos de acaudalados empresarios en el segmento de la minería y los recientes acuerdos en Europa para facilitar la inversión de capitales golondrinas no parecen tener visos de un plan de soberanía o de liberación nacional de la globalización tardía.

Quienes han querido y quieren seguir viendo en la actual Presidenta de los argentinos una visionaria capaz de cambiar el rumbo de la economía dependiente para avanzar hacia un nacionalismo redistributivo y con justicia social, deberían antes de ilusionarse medir estas variables de la más elemental economía de Estado.

El destino de la Argentina con estas opciones seguirá siendo el mismo. Dependeremos de las divisas de la exportación de materia primas, seguiremos teniendo récord de fabricación de autos pero con autopartes importadas y el Banco Central de la República Argentina seguirá vendiendo todos y cada uno de los días hábiles cientos de millones de dólares para mantener un tipo de cambio ficticio.

Una vez que las reservas no sean suficientes para esta operatoria o se modifiquen los precios internacionales que sostienen este juego por el permanente y superavitario -por ahora- ingreso de divisas, la situación cambiará. No hay magia en la economía. Esta receta no es de largo plazo y se avizora un ajuste más temprano que tarde para poder sostenerlo. Y seguramente ese ajuste sobre los que menos tienen –todos los ajustes y los llamados enfriamientos de la economía tienen ese efecto- se verificará después del 23 de octubre.

  • Daniel Tort
    Abogado y periodista