Debate sobre lenguas y cultura clásica en el bachillerato

Liliana Bellone
noviembre 19 /2010

En una nota bastante amplia publicada hace poco en el semanario “El Cronista” de Salta, el Doctor Carlos Pagano, se expedía sobre la no conveniencia de la implementación de un plan piloto para concretar el funcionamiento de un bachillerato humanista en la Escuela Normal Manuel Belgrano de Salta. Esta nota no es una disputa con Pagano, sino la exposición de otro punto de vista del problema.

El estudio de las lenguas y culturas clásicas

El estudio de las lenguas y culturas grecolatinas no debe ser patrimonio de una élite, como ha sucedido hasta ahora.

Los lingüistas aseguran que el latín y el griego no son lenguas muertas. Los griegos actuales hablan el griego moderno que se reconoce en el griego clásico de Atenas y aún en los dialectos más arcaicos de Homero y Hesíodo. El latín vive plenamente en todas las lenguas romances: castellano, italiano, portugués, francés, rumano, catalán, gallego, provenzal, (todas ellas poseedoras de una rica literatura) y dialectos diversos de Italia, Francia y España.

El 70% del léxico español proviene del latín; decimos Dios( Deus, i), hombre(homo, hominis), tierra (terra, ae), cielo (coelum, i), pan( pan, is), agua( acqua, ae), cuerpo(corpus, i), mano(manus, i), boca( bucca, ae), hijo(filius, i), madre(mater, matris), padre(pater, patris), desde el latín vulgar que los soldados y caminantes de Roma llevaron a España y a toda la Romania y que fue evolucionando y cambiando, a veces tomando elementos de los germánicos y escandinavos que sustituyeron la latina bellum por guerra, por ejemplo, y poblaron el léxico de escudos, blasones, feudos y doncellas y de culturas orientales que hollaron el territorio como los árabes y su mundo de cifras, alazanes, alcázares y zafiros.

Pero también en el lenguaje de la ciencia y el arte están el griego y el latín: si se habla de analgésicos, pericardio, neumonía, vitaminas, antropología, humanidades, feminismo, imperialismo, política, economía, poesía, música, literatura, gramática, astronomía, matemática, lógica, física y metafísica…y en los neologismos recientes de la tecnología, astronauta, hidroavión, cosmonauta, autopista, autódromo, interplanetario, telediscado, o en los instrumentos de óptica, telescopio, microscopio y descubrimientos biológicos, atómicos y de toda índole como neutrones, protones, cuántica, electrones…

Lo grecolatino está cuando dialogamos, monologamos, hacemos diatribas, soñamos, deliramos…y también hipnotizamos… Constantemente estamos hablando, creando vocablos a partir de la matriz grecolatina. Negar esta realidad implica negar la evolución y cambio de las lenguas y culturas que no mueren sino que en constante devenir y movimiento toman, prestan, utilizan, los elementos que les son necesarios para sus fines prácticos.

De este modo, las lenguas indoeuropeas de un pasado neolítico de dólmenes y palafitos están vivas (latinas, germánicas, hindúes, eslavas y escandinavas) en un entramado de intensas relaciones que conllevan una cosmovisión y una estructura lógica del pensamiento a la que nuestra cultura latinoamericana y mestiza responde.

¿Por qué decimos que América Latina responde a esa cultura mestiza? En primer lugar, porque el mestizaje surge del sincretismo entre lo indígena propiamente dicho (lenguas y culturas amerindias) y la conquista europea. Mestizaje es el denominador común de nuestra América como lo señalan José Martí y Alejo Carpentier

Conquista y colonización son las instancias históricas de un proceso cruel y oprobioso que debe ser observado con la lente de una posición científica y dialéctica. Ya Marx había señalado el estudio dialéctico y científico de la historia sin negar la evolución de causas y efectos. Latinoamérica existe, es una realidad mestiza y sobre esa realidad hay que trabajar.

Y el castellano o español configuran gran parte de esa realidad, el español, lengua hija del latín, enriquecido por el aporte de las lenguas originarias: quichés, aymara, quechua, guaraní, pampa, araucano…Decimos huracán, y decimos el miedo, terror y reverencia de los pueblos del caribe ante la naturaleza, decimos pampa y evocamos el pasado de venados, pumas y guanacos en un tenorio indómito habitado por hombres de bronce vestidos con pieles y lanzas de piedra, decimos la noche, el día, el sol en esos vocablos con plumas de quetzal y maíz, con ponchos, vinchas y ojotas, navegantes en piraguas en aguas con yacarés en los dominios del yaguareté, la boa y la yarará…, vocablos que son ya parte indisoluble del castellano de América y España.

Con el instrumento comunicativo de esta lengua, y con el sistema de operaciones lógicas que provee, se analiza, se debate, se discute, se programa, se piensa. Sábato le había señalado a un indigenista, quien argumentaba con elementos tomados del marxismo, que su defensa de lo originario no se hacía sobre la base del idioma quechua o aymará, sino con los instrumentos del castellano y la lógica occidental. Evo Morales debe negociar no en aymara en los foros internacionales sino en castellano (y en inglés).

Negar esta realidad implica condenar a las culturas al ostracismo. Por supuesto, muchos indigenistas y criollistas, proponen el retorno a las lenguas originarias, la preservación de las culturas ancestrales, pero ellos viajan en aviones, hablan y escriben en lenguas modernas, leen traducciones científicas y razonan con las estructuras lógicas del viejo Aristóteles.

La cibernética, la medicina, la física, la química, la genética, la biología, son avances incuestionables de la humanidad y su lenguaje universal debe ser compartido por todos los pueblos del mundo para su beneficio. No es que pensemos que las visiones que conllevan una lógica distinta, una sintaxis distinta de pensamiento deban reprimirse, por el contrario deben revalorarse y estar presentes en la cultura, incluidas, imbricadas, pues de lo contrario, negaríamos el valor de la literatura maya con libros como el Popol Vuh o las mismísimas novelas “en lenguaje vegetal” de Miguel Angel Asturias.

Se trata no de un universal platónico, sino de un universal históricamente posible y justo: el que todos los pueblos del mundo tengan acceso a la ciencia y la tecnología (con sus dramas y sus tragedias por supuesto) pero que aseguran una mejor estadía igualitaria de los seres humanos sobre la tierra.

Aquello de que el primitivo “vive mejor” sin luz eléctrica y sin medicamentos, aguardando el amanecer y el ocaso con sus rebaños en el devenir sereno de la existencia a la espera de lo irremediable mortal, es muy bello y virgiliano pero terriblemente inhumano puesto que ese pastor puede morirse de una simple infección porque no conoce los antibióticos o sus hijos sufrir enfermedades totalmente vencidas por las vacunas.

Más todavía, ¿por qué los habitantes de las ciudades nos sentimos con el derecho de abordar un boing y viajar por el mundo y señalarles a los campesinos y pueblos originarios que eso no es bueno para ellos? ¿Por qué decirles que la ciencia y la tecnología son nefastas cuando nosotros usamos y abusamos de esa ciencia y esa tecnología? ¿Acaso ocupamos el lugar de la omnisciencia y de este modo justificamos el atraso y al explotación? ¿Por qué no aguardar a que en tal caso, que ellos mismos se desilusionen del mundo tecnocrático y lo manden a paseo?

Si el proyecto de Evo Morales en Bolivia es interesante, es porque sacó al mundo indígena callado, sojuzgado, oculto en su atavismo secular, a la superficie de las luchas sociales.

Entonces, ¿por qué enseñar lenguas y cultura clásica en el bachillerato?

1. Porque con un criterio pragmático, la enseñanza del latín y el griego afianza las operaciones mentales de la lengua materna: el castellano. Los nominativos, acusativos, genitivos y dativos están en la configuración de la oración en castellano, como el sistema pronominal y verbal.

2. La vertiente etimológica de una lengua, en ese caso el castellano, configurada sobre el 70% de la herencia latina, se enriquece y brinda posibilidades ciertas de análisis y estudio de la lengua y la literatura

3. Las lenguas modernas, en especial, las lenguas romances, como el italiano, francés y portugués, se aprenden con más facilidad a partir del latín.

Por último y como un valor insoslayable, digamos que la cultura clásica está en el derecho, en las ciencias, en el arte y en nuestra literatura más representativa y entrañable, la de los nuevos narradores de América: mestizos, capaces del sincretismo americano: ¿no es acaso Pedro Páramo una Odisea latinoamericana, la peripecia y el viaje por un país polvoriento y seco, enclavado al fin del mundo, puerta de entrada al mundo de los muertos como en la aventura del griego?

No es también la búsqueda de Telémaco de su padre?¿Acaso en Pedro Páramo, no revive la tragedia griega y universal del hijo y el padre, en suma la tragedia de Edipo? ¿No es Cien años de soledad un viaje a la Arcadia de los tiempos primeros con sus dioses sin lógica y si razón?¿no es la genealogía de los Buendía tan grecolatina como el mundo de Ovidio y Virgilio, con sus Arcadios y sus Amarantas, sus Ursulas y Melquíades tan occidentales y bíblicos, entre guajiros, negros, mulatos, gitanos, árabes e italianos aventureros y exiliados, en un Caribe poblado de endriagos y dragones, que también fueron vistos por los ojos asombrados de los hombres con armaduras, afiebrados por el delirio y los sueños de caballería de una España remota?

El mismo García Márquez confiesa que el gran maestro de sus novelas, como Crónica de una muerte anunciada, es Sófocles, cuyo Edipo Rey constituye el modelo de toda la gran literatura de investigación psicológica y policial, poseedora de un gran suspenso.

El estudio de las lenguas y culturas grecolatinas no debe ser patrimonio de una élite, como ha sucedido hasta ahora. En Francia, como se señala en La tragedia educativa, se está retornando al estudio del latín en los colegios secundarios.

En la Argentina, hasta la primera mitad del siglo XX, se estudiaba latín en los colegios nacionales y no creemos que sus resultados hayan sido devastadores y sectarios, imperialistas y apátridas, por el contrario, la educación argentina, aun con todo su bagaje de ideología burguesa, pudo, desde sus mismas contradicciones contribuir al pensamiento revolucionario.

El buen manejo de un idioma asegura la participación y la movilidad social. Las ideologías colonialistas los saben muy bien, el sometimiento al otro, se lleva adelante desde el idioma, como lo señala T. Todorov en La conquista de América. En el momento actual de la historia, el idioma castellano o español es el presente social de un gran territorio cultural y sobre esa base se debe planificar la liberación.

El instrumento mejorado, el estudio de sus cimientos, el latín, brindará las herramientas necesarias para comprender la realidad y transformarla. No se puede negar la historia, la inclusión, el mestizaje en aras de una pureza platónica inexistente. Las clases dominantes lo saben bien, por eso en los mejores colegios privados se enseña latín y cultura clásica, mientras que los colegios del Estado, los colegios públicos han suprimido su enseñanza, tal vez por facilismo y prejuicios ideológicos.

El conocimiento y uso acertado de la lengua materna, sus reglas de funcionamiento (gramática), su léxico y fonética, en este caso estructurados sobre la base de la lengua latina, son reaseguro de libertad y autonomía.

  • Liliana Bellone
    Escritora
    Especial para Salta Libre