Razzia en la villa del padre Carlos Mugica

Andrés Gauffín
mayo 12 /2014

No sólo se cumplieron años del asesinato del padre Carlos Mugica. El primero de mayo también se cumplieron los 40 años desde que Perón llamó imberbes a los Montoneros. A falta de actos oficiales y documentales en la TV Pública, hay que hacer un esfuerzo individual para acordarse. En la Plaza, once días antes de que la Triple A asesinara al cura, Perón advirtió a los Montoneros que les iba a tronar el escarmiento por el asesinato de los dirigentes sindicales.

Hablando de memoria, ¿alguien puede recordar el dolor del general por el asesinato del cura que lo ensalzaba?

Los días venideros, llegó a decir Perón a la juventud maravillosa que se retiraba de la plaza, iban a ser los de la liberación del colonialismo y “de estos infiltrados que trabajan de adentro y que traidoramente son más peligrosos que los que trabajan desde afuera, sin contar que la mayoría de ellos son mercenarios al servicio del pueblo extranjero”.

En Salta, el discurso de Perón produjo de inmediato el llamado “olivazo” con el que se intentó echar por enésima vez al “traidor” , “infiltrado” , “marxista” y “anti argentino” gobernador Miguel Ragone, a quien se lo acusaba también de no haber mandado poner bandera a media asta cuando el ametrallamiento de Rucci, en septiembre de 1973.

Dolerse por la muerte de Mugica, pero no recordar la Plaza tiene algo de deshonesto. Porque no es posible entender la acción de la Triple A sin el soporte político del discurso del Perón de esos días. Como también es un poco estúpido pensar el accionar del ministro López Rega sin la designación y el respaldo del propio Perón.

Hablando de memoria, ¿alguien puede recordar el dolor del general por el asesinato del cura que lo ensalzaba?

Tal vez la medida del dolor presidencial podía medirse por el operativo, que tres días después, hicieron agentes de la Federal en la misma Villa en que habían sido velados los restos de Mugica.

Una pequeña crónica del miércoles 15 de mayo de 1974, hace ahora cuarenta años, apareció titulada como “Razzia en la Villa del Padre Carlos Mugica” en el diario “Noticias”. Y contaba que el día anterior, diez patrulleros y un carro de asalto con personal que vestía de fajina y que portaba armas largas habían rodeado la Villa Comunicaciones, de Retiro, justo cuando se había reunido la Junta Vecinal.

“Luego llegaron al local donde se encontraban 30 representantes vecinales, y apuntándoles les hicieron salir a todos con las manos en alto. Una vez en la calle se los puso contra la pared y se los palpó de armas uno por uno.

La operación se repitió a escasos metros, en la capilla Cristo Obrero, donde anteayer fueron velados los restos del padre Carlos Mugica”, informó el diario que dirigía Miguel Bonasso.

El mismo diario informaba que el jefe de la Federal, Alberto Villar, que acababa de ser confirmado por el propio Perón, había completado su plana mayor.

Es posible que Perón no hubiera tenido demasiado tiempo de dedicarse al caso Mugica esos días debido a sus ocupaciones en el plano internacional.

El jueves 16 de mayo, dos días después de la razzia en la villa del cura Mugica, el presidente iba a recibir en la base aérea de Morón, de uniforme y acompañado de su esposa y vicepresidenta, María Estela Martínez, al dictador chileno, Augusto Pinochet.

Y a falta de conmemoraciones oficiales, habrá que hacer estos días un esfuerzo individual para acordarse.

  • Andrés Gauffìn
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